El problema más grave de la Iglesia NO ES la comunión a los divorciados en nueva pareja

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Me explico, para que no me tomen para el lado de los tomates. Hay muchos temas muy delicados en la pastoral familiar. Algunos tienen una solución inmediata y otros son casi imposibles de resolver.

Una encuesta imaginaria

Con el simple conocimiento de pastor (si alguien opina lo contrario o tiene cifras distintas científicamente comprobadas me las hace saber) me dice que sobre 100 casos de parejas en una parroquia estándar, el promedio sería algo así como:

* 10 parejas con el sacramento del matrimonio. De esas:

* 5 pueden comulgar

* 5 usan métodos anticonceptivos no naturales por lo cual no pueden comulgar eucarísticamente.

* 1 pareja es fruto de un divorcio que está en segunda pareja por lo cual no puede comulgar.

* 89 parejas están juntadas (ya sea en simple convivencia o sólo con el matrimonio civil) y por eso tampoco no pueden comulgar.

El problema de los divorciados que están en segunda pareja y por eso no pueden comulgar es, en este contexto, un problema muy pequeño pastoralmente hablando. Es una situación muy dolorosa para quienes lo padecen y como tal merece misericordia y acompañamiento. Pero no podemos ubicarlo en el centro de nuestras preocupaciones de manera absoluta.

El gran drama de nuestro tiempo es la desvalorización de la unión sacramental del matrimonio. ¡La gente no se casa! Y eso ocurre a todo nivel social.

Una preocupación vaticana

Se está preparando la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos y por eso se ha largado un documento preparatorio. Esto no es una novedad en este tipo de eventos. Veamos cómo resume el documento vaticano la problemática a abordar a nivel mundial:

“Hoy se presentan problemáticas inéditas hasta hace unos pocos años, desde la difusión de parejas de hecho, que no acceden al matrimonio y a veces excluyen la idea del mismo, a las uniones entre personas del mismo sexo, a las cuales a menudo es consentida la adopción de hijos. Entre las numerosas nuevas situaciones, que exigen la atención y el compromiso pastoral de la Iglesia, bastará recordar: los matrimonios mixtos o inter-religiosos; la familia monoparental; la poligamia, difundida todavía en no pocas partes del mundo; los matrimonios concordados con la consiguiente problemática de la dote, a veces entendida como precio para adquirir la mujer; el sistema de las castas; la cultura de la falta de compromiso y de la presupuesta inestabilidad del vínculo; formas de feminismo hostil a la Iglesia; fenómenos migratorios y reformulación de la idea de familia; pluralismo relativista en la concepción del matrimonio; influencia de los medios de comunicación sobre la cultura popular en la comprensión de la celebración del casamiento y de la vida familiar; tendencias de pensamiento subyacentes en la propuestas legislativas que desprecian la estabilidad y la fidelidad del pacto matrimonial; la difusión del fenómeno de la maternidad subrogada (alquiler de úteros); nuevas interpretaciones de los derechos humanos. Pero, sobre todo, en ámbito más estrictamente eclesial, la debilitación o el abandono de fe en la sacramentalidad del matrimonio y en el poder terapéutico de la penitencia sacramental.”

Impresionante, ¿no? Lo bueno de saber esto es que nos sirve de experiencia para no reducir los problemas de la Iglesia a nuestros propios problemas o a nuestras expectativas de lo que debería ser la moral cristiana.

El documento, luego de presentar la realidad actual, hace una breve enseñanza sobre “el proyecto de Dios Creador y Redentor” y “la enseñanza de la Iglesia sobre la familia”. Los invito a leerlo completo en el link que les dejé antes.

La encuesta vaticana

El documento concluye con unas preguntas que “permiten a las Iglesias particulares participar activamente en la preparación del Sínodo Extraordinario, que tiene como objetivo anunciar el Evangelio en los actuales desafíos pastorales en relación a la familia”. Notemos que el sujeto que debe responder es la “Iglesia Particular”, es decir la diócesis o arquidiócesis. Por lo tanto cada Obispo verá como lo hace al interior de su Iglesia Local para hacer llegar una sola respuesta en nombre de la porción de Pueblo de Dios que pastorea.

1 – Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia en relación a la familia

a) ¿Cuál es el real conocimiento de las enseñanzas de la Biblia, de la Gaudium et spes, de la Familiaris consortio y de otros documentos del Magisterio post-conciliar sobre el valor de la familia según la Iglesia Católica? ¿Cómo nuestros fieles son formados en la vida familiar según las enseñanzas de la Iglesia?

b) Allí donde se conocen las enseñanzas de la Iglesia ¿son éstas integralmente aceptadas? ¿se verifican dificultades para ponerlas en práctica? ¿Cuáles?

c) ¿Cómo se difunden las enseñanzas de la Iglesia en el contexto de los programas pastorales a nivel nacional, diocesano y parroquial? ¿Qué catequesis se ofrece sobre la familia?

d) ¿En qué medida – y en particular en relación a qué aspectos – dichas enseñanzas son realmente conocidas, aceptadas, rechazadas y/o criticadas en ambientes extra eclesiales? ¿Cuáles son los factores culturales que obstaculizan la plena recepción de las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia?

2 – Sobre el matrimonio según la ley natural

a) ¿Qué lugar ocupa el concepto de ley natural en la cultura civil, tanto a nivel institucional, educativo y académico, como a nivel popular? ¿Qué visiones antropológicas se dan por sobrentendidas en el debate sobre el fundamento natural de la familia?

b) ¿Es comúnmente aceptado, en cuanto tal, el concepto de ley natural en relación a la unión entre el hombre y la mujer, de parte de los bautizados en general?

c) ¿Cómo es contestada, en la práctica y en la teoría, la ley natural en lo que respecta a la unión entre el hombre y la mujer en vista de la formación de una familia? ¿Cómo es propuesta y profundizada en los organismos civiles y eclesiales?

d) ¿Cómo se deberían afrontar los desafíos pastorales que surgen cuando bautizados, no practicantes o que se declaran no creyentes, piden la celebración del matrimonio?

3 – La pastoral de la familia en el contexto de la evangelización

a) ¿Qué experiencias han sido maduradas en las últimas décadas en orden a la preparación al matrimonio? ¿Cómo se ha tratado de estimular la tarea de evangelización de los esposos y de la familia? ¿En qué modo se puede promover la conciencia de la familia como “Iglesia doméstica”?

b) ¿Se ha logrado proponer estilos de oración en familia, que sean capaces de resistir ante la complejidad de la vida y de la cultura actual?

c) ¿En qué modo las familias cristianas han sabido realizar la propia vocación de trasmitir la fe en la actual situación de crisis entre las generaciones?

d) ¿De que manera las Iglesias locales y los movimientos de espiritualidad familiar ha sabido crear caminos ejemplares?

e) ¿Qué aporte específico han logrado dar los matrimonios y las familias, en orden a la difusión de una visión integral del matrimonio y de la familia cristiana, que sea creíble hoy?

f) ¿Qué atención pastoral ha demostrado la Iglesia para sostener el camino de los matrimonios en formación y de aquellos que atraviesan por una crisis?

4 – Sobre la pastoral para afrontar algunas situaciones matrimoniales difíciles

a) ¿Es una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular la convivencia ad experimentum? ¿Es posible estimar numéricamente un porcentaje?

b) ¿Existen uniones libres de hecho, sin reconocimiento religioso ni civil? ¿Hay datos estadísticos confiables?

c) ¿Son una realidad pastoral relevante en la Iglesia particular los que están separados y los divorciados casados de nuevo? ¿Cuál es el porcentaje numéricamente estimable? ¿Cómo se enfrenta esta realidad a través de programas pastorales adecuados?

d) En estos casos: ¿Cómo viven los bautizados su irregularidad? ¿Son conscientes de ella? ¿Manifiestan simplemente indiferencia? ¿Se sienten marginados y viven con sufrimiento la imposibilidad de recibir los sacramentos?

e) ¿Qué piden las personas divorciadas y casadas de nuevo a la Iglesia a propósito de los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación? Entre las personas que se encuentran en estas situaciones ¿cuántas piden dichos sacramentos?

f) ¿Podría ofrecer realmente un aporte positivo a la solución de las problemáticas de las personas implicadas la agilización de la praxis canónica en orden al reconocimiento de la declaración de nulidad del vínculo matrimonial? Si la respuesta es afirmativa ¿en qué forma?

g) ¿Existe una pastoral orientada a la atención de estos casos? ¿Cómo se desarrolla esa actividad pastoral? ¿Existen al respecto programas a nivel nacional y diocesano? ¿Cómo es anunciada a los separados y a los divorciados casados de nuevo la misericordia de Dios? ¿Cómo se pone en práctica el apoyo de la Iglesia en el camino de fe de estas personas?

5 – Sobre las uniones de personas del mismo sexo

a) ¿Existe en el país una ley civil de reconocimiento de las uniones de personas del mismo sexo equiparadas, de algún modo, al matrimonio?

b) ¿Qué actitud asumen las Iglesias particulares y locales ante el Estado civil, promotor de uniones civiles entre personas del mismo sexo, y también ante las mismas personas implicadas en este tipo de uniones?

c) ¿Qué atención pastoral es posible desarrollar en relación a las personas que han elegido vivir según este tipo de uniones?

d) ¿Cómo habría que comportarse pastoralmente, en el caso de uniones de personas del mismo sexo que hayan adoptado niños, en vista de la transmisión de la fe?

6 – Sobre la educación de los hijos en las situaciones matrimoniales irregulares

a) ¿Cuál es en estos casos la proporción estimada de niños y adolescentes, en relación a los niños nacidos y educados en familias regularmente constituidas?

b) ¿Con qué actitud los padres se dirigen a la Iglesia? ¿Qué piden? ¿Sólo los sacramentos o también la catequesis?

c) ¿Cómo las Iglesias particulares intentan responder a la necesidad de los padres de estos niños de ofrecer una educación cristiana para sus hijos?

d) ¿Cómo se desarrolla la praxis sacramental en estos casos: la preparación, la administración del sacramento y el acompañamiento?

7 – Sobre la apertura de los cónyuges a la vida

a) ¿Tienen los cristianos un real conocimiento de la doctrina de la Humanae vitae sobre la paternidad responsable? ¿Qué conciencia se tiene del valor moral de los diferentes métodos de control de los nacimientos? ¿Qué profundizaciones podrían ser sugeridas sobre esta materia desde el punto de vista pastoral?

b) ¿Es aceptada la mencionada doctrina moral? ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos que dificultan la aceptación en la gran mayoría de los matrimonios?

c) ¿Qué métodos naturales son promovidos de parte de las Iglesias particulares para ayudar a los cónyuges a aplicar la doctrina de la Humanae vitae?

d) ¿Cuál es la experiencia respecto a este tema en la praxis del sacramento de la Penitencia y en la participación en la Eucaristía?

e) ¿Qué contrastes se detectan entre la doctrina de la Iglesia y la educación civil en relación a esta temática?

f) ¿Cómo se puede promover una mentalidad más abierta a la natalidad? ¿Cómo se puede favorecerse el aumento de los nacimientos?

8 – Sobre la relación que existe entre la familia y la persona

a) Jesucristo revela el misterio y la vocación del ser humano ¿La familia es realmente un ambiente privilegiado para que esto tenga lugar?

b) ¿Qué situaciones críticas de la familia en el mundo actual pueden constituir un obstáculo para el encuentro de la persona con Cristo?

c) ¿En qué medida las crisis de fe que las personas pueden atravesar inciden en la vida familiar?

9 – Otros desafíos y propuestas

¿Existen otros desafíos y propuestas en relación a los temas tratados en este cuestionario que merezcan ser considerados como urgentes o útiles?

Esto puede desatar una linda conversación pastoral en la búsqueda de soluciones a los problemas. Sería muy bueno que lo podamos charlar en nuestras parroquias y grupos apostólicos, ¿no?

7 Comentarios

  1. venid y comed todos de el , no algunos y especialmente los que somos pecadores son los que mas nececitamos la comunion Cristo vino especialmente para los pecadores,la comunion es lo que puede ir mejorandonos , los sacramentos tienen en nosotros una accion yefecto que esta fuera de nuestra comprension. No miremos el dedo ,miremos las estrellas-

  2. Diego, lo que dices es correcto… pero es media verdad. La otra media verdad que necesitas para completar tu mirada la puedes encontrar en 1 Cor 11,27.
    Bendiciones.-

  3. Es probable que nadie o muy pocos sean dignos de recibir la comunion, tal vez la dignidad que se requiera sea la del ciego de Jerico, Jesus hijo de David ten piedad de mi, o del publicano que no se atrevia a levantar los ojos. El amense unos a otros como yo los he amado, en esto los reconoceran como discipulos.Si esto se hiciera realidad la tierra deberìa estar ardiendo Retacear el amor al projimo en el que Cristo se reconoce ya nos hace indignos.

  4. Con todo el debido respeto, soy creyente cristiano, y voy a misa. No estoy de acuerdo con esta posición ortodoxa conservadora, negar la comunión por que esta separado, juntado ó por que se cuida de manera no natural, le aviso que usted seguramente no va a colaborar con la educacion y la crianza del nuevo niño por nacer. por lo tanto usted no puede sugerir como hacer el amor y como cuidarse. Creo que un sacerdote no debe dar clases de familia dado que no sabe lo que es llevar una familia adelante y un hogar adelante.

  5. Estimado, Ortodoxo es una palabra griega que significa: orto (verdadera) doxa (doctrina, enseñanza). Así que me alegra que reconozcas en mis palabras la verdadera enseñanza de la Iglesia.
    Con respecto a los que están separados y en nueva pareja o simplemente juntados, es la enseñanza de Jesús en Mt 5 y 19. No me digas a mí, decíselo al Señor.
    Con respecto a la paternidad responsable, es algo que enseña muy bien Pablo VI en la Humane Vitae.
    Yo no te digo como llevar tu familia adelante: es cuestión personal tuya. Eso no quiere decir que todo está bien mientras se tengan buenos sentimientos. Hay cuestiones relacionadas a la fe que aceptamos por pertenencia. No estamos obligados a ser creyentes, pero no debemos olvidar que la fe es un combo: no puedo decir esto acepto y esto no. Esto no quiere decir que hoy pueda vivir en totalidad lo que la fe me pide. Ser creyente es un peregrinar hacia la Casa del Padre en conversión permanente (por lo menos esa es mi experiencia personal, no soy perfecto… simple tiendo a Dios).

  6. Alguna vez leí un artículo ,dónde varios sacerdotes pensaban como ud. Se llamaba ” los candados de la eucaristia” desde entonces pienso cómo ud.

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