Padrino o madrina de Confirmación

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¿Quién puede ser? ¿Qué debe hacer? Preguntas que te estás haciendo al llegar a esta página. Trataremos de responderlas de acuerdo a lo que enseña la Iglesia y no a la opinión personal de tal o cual cura o teólogo. Para eso sólo citaremos sus documentos oficiales.

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El Sacramento de la Confirmación

Antes que nada, para ser buenos padrinos o madrinas debemos saber exactamente qué es el Sacramento de la Confirmación. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

“Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los “sacramentos de la iniciación cristiana“, cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los bautizados “el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras”” (CIC 1285)

El signo principal que se utiliza para la Confirmación es la unción con el aceite. ¿Qué sentido tiene?

“En el rito de este sacramento conviene considerar el signo de la unción y lo que la unción designa e imprime: el sello espiritual.

La unción, en el simbolismo bíblico y antiguo, posee numerosas significaciones: el aceite es signo de abundancia (cf Dt 11,14, etc.) y de alegría (cf Sal 23,5; 104,15); purifica (unción antes y después del baño) y da agilidad (la unción de los atletas y de los luchadores); es signo de curación, pues suaviza las contusiones y las heridas (cf Is 1,6; Lc 10,34) y el ungido irradia belleza, santidad y fuerza.

Todas estas significaciones de la unción con aceite se encuentran en la vida sacramental. La unción antes del Bautismo con el óleo de los catecúmenos significa purificación y fortaleza; la unción de los enfermos expresa curación y consuelo. La unción del santo crisma después del Bautismo, en la Confirmación y en la Ordenación, es el signo de una consagración. Por la Confirmación, los cristianos, es decir, los que son ungidos, participan más plenamente en la misión de Jesucristo y en la plenitud del Espíritu Santo que éste posee, a fin de que toda su vida desprenda “el buen olor de Cristo” (cf 2 Co 2,15).

Por medio de esta unción, el confirmando recibe “la marca”, el sello del Espíritu Santo. El sello es el símbolo de la persona (cf Gn 38,18; Ct 8,9), signo de su autoridad (cf Gn 41,42), de su propiedad sobre un objeto (cf. Dt 32,34) -por eso se marcaba a los soldados con el sello de su jefe y a los esclavos con el de su señor-; autentifica un acto jurídico (cf 1 R 21,8) o un documento (cf Jr 32,10) y lo hace, si es preciso, secreto (cf Is 29,11).

Cristo mismo se declara marcado con el sello de su Padre (cf Jn 6,27). El cristiano también está marcado con un sello: “Y es Dios el que nos conforta juntamente con ustedes en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones” (2 Cor 1,22; cf Ef 1,13; 4,30). Este sello del Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo, la puesta a su servicio para siempre, pero indica también la promesa de la protección divina en la gran prueba escatológica (cf Ap 7,2-3; 9,4; Ez 9,4-6).” (CIC 1293/6)

El desarrollo de la ceremonia

¿Cómo es el rito de la Confirmación?

“Un momento importante que precede a la celebración de la Confirmación, pero que, en cierta manera forma parte de ella, es la consagración del santo crisma. Es el obispo quien, el Jueves Santo, en el transcurso de la misa crismal, consagra el santo crisma para toda su diócesis.

Cuando la Confirmación se celebra separadamente del Bautismo la liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo y la profesión de fe de los confirmandos. Así aparece claramente que la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo. Cuando es bautizado un adulto, recibe inmediatamente la Confirmación y participa en la Eucaristía.

En el rito romano, el obispo extiende las manos sobre todos los confirmandos, gesto que, desde el tiempo de los Apóstoles, es el signo del don del Espíritu. Y el obispo invoca así la efusión del Espíritu:

«Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo, a estos siervos tuyos y los libraste del pecado: escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad; y cólmalos del espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo nuestro Señor».

Sigue el rito esencial del sacramento. En el rito latino, “el sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo“.

El beso (saludo) de paz con el que concluye el rito del sacramento significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos los fieles.” (Cfr. CIC 1297-1301)

El padrino o madrina acompañará a su ahijado en el momento de la unción. Allí pondrá su mano derecha sobre el hombro de este, como una manera de decirle “yo te acompañaré en la vida de creyente, desde este momento y para siempre, con mi palabra mi cercanía y mi testimonio de vida católica”.

¿Para qué “sirve” un padrino o madrina?

Teniendo en claro que no es una ceremonia civil sino una celebración de los misterios de Dios que descienden a una persona concreta, entonces nos preguntamos sobre la función del padrino o la madrina en la confirmación. Las notas preliminares del Ritual de la Confirmación nos dicen:

“Habitualmente cada confirmando será asistido por un padrino que lo acompañará a recibir el Sacramento, y lo presentará al ministro de la Confirmación para la santa unción, y en el futuro lo ayudará a cumplir las promesas hechas fielmente en el Bautismo, en conformidad con el Espíritu Santo que ha recibido.”

Como podemos leer, la función del Padrino/Madrina no es solamente estar en la ceremonia. Comienza con la preocupación por la preparación previa del ahijado. Por eso la recomendación eclesial:

“Atendiendo a las circunstancias pastorales actuales conviene que el padrino del Bautismo, si está presente, sea también padrino de la Confirmación. De esta manera se significa con mayor claridad el nexo entre el Bautismo y la Confirmación, al mismo tiempo que la función y el oficio del padrino se torna más eficaz.”

Más allá de esta recomendación, cuyo fundamento tiene que ver con el compromiso que se adquirió al querer acompañar la vida de una persona desde el mismo bautismo, la costumbre en la Argentina es distinta. Es que fuimos la mayoría bautizados de bebés: es así que nos eligieron nuestros padres la madrina y el padrino. Por eso el padrino o la madrina de confirmación lo elige quién recibirá el sacramento, que ya es mayorcito para hacerlo. Así también lo preveen el mismo texto citado:

“Sin embargo, de ninguna manera se excluye la facultad de elegir el propio padrino de Confirmación. También puede suceder que los mismos padres presenten a sus niños. Corresponderá al Ordinario del lugar, teniendo en cuenta las circunstancias de cada lugar, determinar qué disposiciones se han de observar en su diócesis.”

Ahora bien, si bien el que será confirmado puede elegir a cualquiera, no cualquiera puede ser elegido para esta misión. Debe reunir ciertas características esenciales. Así dicen las prenotandas del Ritual:

“Los pastores de almas procurarán que el padrino elegido por el confirmando o por su familia, sea espiritualmente idóneo para el oficio que asume y que posea las siguientes cualidades:

a.- que sea bastante maduro para cumplir con sus obligaciones de padrino;

b.- que pertenezca a la Iglesia católica y que haya recibido los tres sacramentos de la iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía;

c.- que no esté impedido por el derecho para desempeñar esta función.”

 

El Código de Derecho Canónico dice que debe tener las mismas características que el padrino del bautismo. Y esta es la enumeración que hace:

“Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:

1.- haya sido elegido por quien va a bautizarse o por sus padres o por quienes ocupan su lugar o, faltando éstos, por el párroco o ministro; y que tenga capacidad para esta misión e intención de desempeñarla;

2.- haya cumplido dieciséis años, a no ser que el Obispo diocesano establezca otra edad, o que, por justa causa, el párroco o el ministro consideren admisible una excepción;

3.- sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;

4.- no esté afectado por una pena canónica, legítimamente impuesta o declarada;

5.- no sea el padre o la madre de quien se ha de bautizar.” (CDC 874)

Preparar el corazón…

De acuerdo a todo lo que hemos leído, debemos tener en claro que la preparación espiritual del padrino o la madrina de confirmación es muy importante. Para eso debe estar en Gracia por la previa confesión sacramental de los pecados. Y es muy importante que participe de la comunión eucarística si la ceremonia se hace dentro de la Misa: no sólo decirle a su ahijado que está presente sino, a imitación de San Pablo, enseñarle el camino: “Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo.” (1 Cor 11,1)

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