– Depende. Sí, leyó bien: depende.

– ¡Discriminación!

– No. No discrimino a nadie. Simplemente depende de que quién la pide sepa lo que está pidiendo.

Palabras más, palabras menos… este fue el dialogo entre el Padre Diego Kessler con una mamá. Leamos la noticia que nos llega a través del diario Uno:

“El cura párroco de Coronel Suárez se opuso a que una nena de 11 años que padece de Síndrome de Down recibiera la comunión, lo cual provocó el rechazo de gran parte de los vecinos de esa ciudad bonaerense.

Se trata del sacerdote Diego Kessler, quien puso en duda que Catalina Recuna, quien cursa la escuela primaria en el colegio José Manuel Estrada, cumpliera con las condiciones para recibir ese sacramento.

Ante la negativa del cura, la familia de la niña está indignada por la decisión del Kessler y a raíz de la polémica que generó el caso, el párroco de Santa María se comprometió a brindarle el sacramento.

En diálogo con Cadena 3, Fernanda, la mamá de Catalina contó: “Me presenté como la mamá de Catalina y le pregunté si le iba a dar la comunión, y me responde: Todo aquel que diferencie el pan de la hostia lo puede recibir, pero la nena no es tarada. Agregó: Habría que verla y evaluarla”.

“Como no sabía qué decirme me dijo que habría que confesarla. La reunión se fue al diablo y quedó todo así. Hace 11 años que peleo con las obras sociales y pelear con el sacerdote es lo máximo. El Arzobispado de Bahía Blanca nos llamó para pedir perdón por el moco de este sacerdote. Esperemos que él nos pida perdón”, culminó.»

Notemos la respuesta del sacerdote: “Todo aquel que diferencia el pan de la Hostia lo puede recibir… habría que verla y evaluarla”. ¿Esto es discriminar a alguien? No es discriminar en el sentido de hacer acepción de personas por algún motivo (en este caso de enfermedad). Si es discriminar en el otro sentido que tiene la palabra española (quién dude de esto… consulte el diccionario): es hacer un discernimiento sobre las condiciones que tiene la persona para hacer algo. Se discrimina en este sentido cuando a cualquiera se le toma un examen de manejo antes de darle el carnet de conductor… ¿o no?

Por lo tanto el sacerdote no se mandó un “moco” si todo se dio como cuenta el medio periodístico. Simplemente aplicó lo que dijera el Papa San Pío X en el decreto “Quam Singulari” el 8 de agosto de 1910. Allí exhortaba a la comunión frecuente y a permitir el acceso a la misma a más temprana edad. ¿Cuándo? Pues las palabras del Papa son claras:

“De todo esto se desprende que la edad de la discreción para la Comunión es aquella, en la cual el niño sepa distinguir el Pan Eucarístico del pan común y material, de suerte que pueda acercarse devotamente al altar. Así, pues, no se requiere un perfecto conocimiento de las verdades de la Fe, sino que bastan algunos elementos, esto es, algún conocimiento de ellas; ni tampoco se requiere el pleno uso de la razón, pues basta cierto uso incipiente, esto es, cierto uso de razón. Por lo cual, la costumbre de diferir por más tiempo la Comunión y exigir, para recibirla, una edad ya más reflexiva, ha de reprobarse por completo -y la Sede Apostólica la ha condenado muchas veces-.”

Para determinar si un niño está preparado hay que hacer un discernimiento de si sabe que no es el pan de la panadería sino la presencia de Jesús Sacramentado la que recibirá en su alma. Y esto se logra después de un proceso de catequesis.

Dentro de la Iglesia Católica se lleva a cabo lo que se conoce como “Catequesis Especial”. Se da a aquellos que tienen algún problema de discapacidad, ya sea física o mental. Como seminarista pude conocer este método cuando participé de las tareas pastorales en la parroquia de Luján. Como sacerdote acompañé la catequesis especial que ya había en Santa Rafaela. Se hace a través de gestos, signos y celebraciones. No se puede hacer en un día o dos, como tampoco se puede preparar en la catequesis tradicional a nadie en dos o tres días. Es impresionante como los niños especiales saben captar lo que es la confirmación y la comunión y con la intensidad que la viven. Ahora bien, los catequistas no se apuran por suministrarles los sacramentos: es la enseñanza más personalizada que he visto en mi vida. Respetan procesos y tiempos personales. Y los padres, que son muy cercanos a este proceso, también respetan el tiempo que corresponde para sus hijos.

En este contexto… relean la noticia que les copié y díganme en que el Padre Diego se mandó un “moco” tan grande que debe pedir perdón.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!