Cofradías y Procesiones de Semana Santa en la antigua Paraná

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Por la historia sabemos que las procesiones exclusivas de la Semana Santa surgieron con la aparición de las Cofradías de ámbito penitencial a finales del siglo XIII.

Origen tridentino

Fue a partir del Concilio de Trento (1545-1563) y, especialmente del  siglo XVII, que surge la imaginería en torno a las procesiones tal y como las vemos hoy en día. Antes, tan sólo se trataba únicamente de los Cofrades flagelándose mientras paseaban por la calle.

Y como el origen de las procesiones nació de las cofradías, hoy les compartimos lo que tenemos en nuestro archivo.

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Qué son las Cofradías

¿Pero de que estamos hablando? Las cofradías o hermandades eran asociaciones de fieles que perseguían finalidades variadas. Entre ellas, las de carácter devocional como la veneración de una advocación de la Virgen María o de un santo, las prestaciones de servicios litúrgicos o caritativos, como el alumbrado del Sagrario de una iglesia o la sepultura de difuntos pobres  y la intercesión espiritual por determinadas necesidades por ejemplo, la redención de las almas del purgatorio o la más tangible de los cautivos de los indios.

A esa finalidad principal se agregaban casi siempre otras relacionadas con el bienestar espiritual y material de sus miembros, como la participación en pláticas y ejercicios espirituales y algunas formas de ayuda mutua previstas en los reglamentos, como la asistencia de los hermanos enfermos.

Si bien algunos autores consideran que las hermandades se diferenciaban de las cofradías por una más frecuente orientación a la atención hospitalaria y por su composición predominantemente clerical, en el Río de la Plata los dos términos aparecen en los documentos como intercambiables.

Cómo se fundaba una Cofradía

Para fundar una cofradía era necesario contar con la aprobación de la corona  que en el caso de América, por delegación papal, ejercía el derecho de patronato sobre la Iglesia, de las autoridades religiosas locales el obispo o el cabildo eclesiástico en sede vacante  y a veces con la del Papa.

El permiso se otorgaba en base a consideraciones referidas a la utilidad espiritual de la entidad, y consistía esencialmente en la aprobación de las llamadas constituciones, es decir, los reglamentos que regían la vida interna y determinaban las finalidades de la asociación.

Las constituciones son uno de los documentos más importantes con que cuentan los historiadores para reconstruir el funcionamiento de las cofradías y hermandades, amén de los libros en que se registraban los ingresos y defunciones de sus miembros, y las entradas y salidas de dinero.

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La vida de los cófrades

Organizaban las actividades de los hermanos a partir de un calendario que fijaba con minucia las estrictas obligaciones culturales y sociales de la comunidad.

Los escenarios en que se desarrollaba la vida de las cofradías eran también plurales: misas y oraciones en altares, capillas e iglesias preestablecidas, procesiones por las calles y las plazas, pláticas espirituales en dependencias de la iglesia a que estaban adscriptas.

Los reglamentos de las cofradías preveían además ciertos mecanismos de ayuda mutua, en general relacionados con la enfermedad y la muerte. En algunos casos se establecía que durante la enfermedad los cofrades tenían derecho a la asistencia de un médico o enfermero que sería pagado con fondos de la entidad, mientras los demás miembros eran instados a acompañar al enfermo durante la convalecencia, por medio de oraciones o con visitas a su lecho.

Las ordenes Terceras y Hermandades

Junto a estas organizaciones, las órdenes terceras y hermandades incluían a una porción significativa de los habitantes de las ciudades coloniales, en sus diferentes categorías.

Para tener una idea aproximada: en el siglo XVIII Córdoba poseía un número de asociaciones piadosas laicales que superaba la veintena, mientras en Buenos Aires se registraban unas 35, la mayoría con sede en la ciudad, y en Jujuy funcionaban unas quince.

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Las Cofradías de Paraná

Y volviendo a nuestra iglesia de la Baxada, encontramos la cofradía de la Santísima Virgen de los Dolores y Ánimas del purgatorio, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora del Rosario.

Fundada el 26 de abril de 1788, sus estatutos fueron aprobados por Carlos IV el 9 de octubre de 1804.  El 6 de noviembre de ese año, el Papa Pio VII concedió al altar de la cofradía el privilegio de indulgencia plenaria por los difuntos.

 

Los estatutos de la Cofradía de la Santísima Virgen de los Dolores y Ánimas del purgatorio

En este interesante documento de varias hojas encontramos sus estatutos en 25 capítulos, de los roles de cada uno de los miembros de la hermandad, así como las reglas que debían cumplir.

En el inicio de este documento encontrados las condiciones que deben reunir para ser aceptados: que sean de buena vida y costumbres sin nota de escándalo y el que no tuviere dichas cualidades no podrá ser aceptado…

El padre capellán los examinará de los principales misterios de nuestra religión católica que deberán saber para salvarse y el fin con que quieren entrar.

En otra parte del texto encontramos como debían ser las celebraciones de la Virgen Dolorosa, con vísperas, misa cantada y sermón, y el estipendio de diez pesos.

En la procesión de Ánimas, partía de la iglesia y hacia el cementerio, para lo que deberán tener el estandarte negro con la imagen de la Santísima Virgen y Ánimas. En el caso de enfermos debían visitarlos tres veces por semana hasta su recuperación y ayudar a su sostenimiento.

Acompañando este artículos podemos ver la copia de algunas hojas de este documento iniciado en 1788 y que finaliza en 1806.

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