Me impresionó lo que decía Josue Fonseca en su blog, hace un tiempo:

Uno de los padres le dijo a mi amigo: “Mire, Don J… ¿Para qué vamos a venir a la iglesia, si ni entendemos lo que hacen, ni lo que dicen, ni nos sirve, finalmente, para nada en nuestras vidas? El pobre cura se quedó helado, y no es para menos. Yo le entiendo perfectamente… pero también entiendo a esos padres. ¿Ustedes no?

Hace ya tiempo que lo que ofrecen el 99% de las parroquias ha dejado de ser interesante para nadie, fuera de sus feligreses habituales, que lo son, en su inmensa mayoría, desde su niñez. Hace ya tiempo, mucho tiempo, que el 99% de las parroquias no evangelizan a nadie, que lo que en ellas se presenta ha perdido toda significación para la sociedad que las rodea. Y también hace mucho tiempo que el 99% de las parroquias dejó de ser un lugar en el que la mayoría de los cristianos podía alimentarse, crecer y llegar a ser discípulos de Jesús, nuestro Señor

Es la realidad de España… que no está tan lejos de la nuestra. ¿Entonces? ¿desparramar pesimismo a diestra y siniestra y tirarse a dormir la siesta?

Viene en nuestra ayuda el obispo de Toulon, Dominique Rey, que sintetizó este verano las claves para discernir sobre el funcionamiento correcto de las parroquias o comunidades católicas. Como el calor del verano hace que estos temas se nos pasen de largo, se los comparto ahora que el frío otoñal está entre nosotros.

Los 7 criterios de la comunidad que «funciona bien»:

1) El pastor tiene capacidad de delegar: cuenta con colaboradores formados y recurre a ellos… No intenta ser un hombre-orquesta que lo realiza todo en persona. Eso significa que dedica esfuerzo y recursos a formar a sus colaboradores.

2) El pastor discierne los dones de los demás y les hace dar fruto. En vez de buscar cómo rellenar tal o cual puesto, se pregunta «¿qué dones y carismas tiene mi gente?» y reorganiza la comunidad (grupo, parroquia, diócesis) de acuerdo a esos dones, es decir, de acuerdo a la gente y sus capacidades.

3) La comunidad es gozosa y se nota. El grupo mantiene el entusiasmo. Tiene capacidad de expresión alegre y huye de una estética moralizante. El gozo y la celebración van primero.

4) La comunidad cambia sus estructuras para adaptarlas al régimen de «Nueva Evangelización». El régimen de «Cristiandad» ya pasó y no tiene sentido mantener estructuras organizativas de esa época que no funcionan en la actual.

5) La comunidad cuida la belleza y dignidad de las celebraciones, sobre todo de la eucarística. La Iglesia no puede ganar al mundo en el terreno del mero espectáculo o la diversión, pero puede ofrecer sacralidad, y mucha gente está buscando sacralidad, reverencia y misterio. «Estuve en Estados Unidos estudiando las mega-iglesias protestantes, enormes locales que reunen 30.000 personas cada domingo, con grandes coros… pero hace unos años que van a la baja, porque con el tiempo sus feligreses se aburren. La gente joven hoy busca más sacralidad. Por eso, la belleza y reverencia en la Eucaristía es importantísima».

6) La comunidad se organiza en grupos pequeños, células y grupos de «iglesia en casas». «Son la clave del crecimiento», dijo. A un recién convertido no le puedes invitar directamente a la Misa del domingo, donde será un número anónimo, no entenderá aún la liturgia y le aburrirá. Le has de invitar al grupo pequeño que se reúne en tu casa para rezar, empezar a recibir enseñanzas, charlar, y escuchar sus inquietudes. Alabó el sistema de células de evangelización parroquial iniciadas en la parroquia italiana de San Eustorgio, Milán, hoy extendidas por varios países. También Sentinelle del Mattino utiliza este sistema de células.

7) La comunidad irradia caridad hacia fuera y entre sus miembros. No basta con el servicio de Cáritas, anónimo. Debe ser una relación entre los miembros de la comunidad que se conocen y ayudan mutuamente, y eso se ve desde fuera. Los feligreses no van a la iglesia (o a su ropero, Cáritas o comedor social) como consumidores de servicios, sino como un miembro con lazos afectivos.

Está tomado de la página Religión en Libertad (de allí también la foto). ¿Alejado de la realidad o una gran pista para nuestras comunidades en este tiempo de conversión pastoral que debemos afrontar? Ustedes dirán.

 

 

 

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!