Primer Sínodo Diocesano de Paraná

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Para que participen todos los que deben participar

En el texto de la última entrada hubo una frase del acta que es típica de la conducta de los curas en las reuniones de todo tipo:

“… del Pbro. Doctor José Finocchi, que poco antes se había retirado a celebrar la Misa de once.”

Los sacerdotes somos eximios expertos para encontrar excusas ya sea para no ir o ausentarnos de determinadas reuniones en las cuales no deseamos estar. Y esto no es propio de estos tiempos. Hace un siglo parece que el problema era el mismo. Por este motivo es curioso constatar como solucionó el Obispo dicho problema.

La primera es con anterioridad al hecho. Para eso, en el edicto de convocación al Sínodo se deja constancia expresa de:

“Los que por derecho o costumbre deban de asistir al Sínodo no podrán faltar sin causa debidamente justificada, ni podrán ausentarse durante su celebración, sin alegar motivo suficiente para ello ante los jueces de excusas que en oportunidad nombraremos.”

Jueces de excusas: simpático, ¿no? No basta con que avisés que vas a faltar. No. Además de eso, alguien recibirá tu excusa para la ausencia y juzgará si tiene el suficiente mérito para que tu ausencia pueda realizarse.

Uno supondría que con esto sería suficiente… pero los curas le sabemos encontrar la vuelta (como el Padre Finocchi. Por eso el obispo Abel, junto a los decretos que daba apertura a las sesiones, promulga también éste, mandando asistir a las sesiones:

“A todos aquellos que tienen la obligación de asistir a este Sínodo prohibimos el ausentarse de la Ciudad de Paraná hasta tanto haya terminado, según costumbre, a no ser con permiso de nuestro Vicario General; debiendo todos y cada uno asistir, como lo mandamos y ordenamos, a este Sínodo, y a todos los actos sinodales, reuniones y sesiones que se anuncien; imponiendo a los que violaren estas nuestras disposiciones la pena de excomunión.”

Sí, leyó bien: la pena de excomunión. Estoy seguro que el padre Finocchi se aseguró muy bien de estar permitida su ausencia antes de partir a “celebrar la misa de once”.

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