El secretario de los dos primeros sínodos diocesanos

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En la presentación de los sinodales de 1915, hoy nos encontramos con el Pbro. Juan Bautista Bartolomé Cresta. Este sacerdote entrerriano que fue secretario de los dos Sínodos Diocesanos, secretario del Obispo y más tarde Administrador de la Curia durante el gobierno de tres de nuestros Obispos, Mons. De La Lastra, Mons. Martínez y Mons. Guilland.

Nacido en Victoria el 18 de junio de de 1879, hijo de Pablo Cresta y Luisa Robattini. A los tres años fue confirmado, el 6 de octubre de 1882 por Mons. Gelabert y Crespo en la Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu, como consta en la constancia de Confirmación del Libro 2 folio 92 de esa parroquia, obrante en su legajo.

Su vocación

Ingreso muy joven al seminario; existente entonces anexo al colegio La Inmaculada Concepción que dirigían los padres jesuitas en Santa Fe. Según el pedido que consta entre su documentación, tenía 18 años y estaba cursando 1ro. de Filosofía cuando solicita la Tonsura. De los testigos que figuran en este legajo, sabemos que los padres eran italianos y residentes de Victoria.

Recibió la Tonsura y las cuatro órdenes menores de manos del obispo Mons. José Gelabert y Crespo el 18 de septiembre de 1897, en la última ordenación que hizo este Obispo ese año en que falleció.

Las órdenes mayores las recibe de Mons. Rosendo de la Lastra y Gordillo, el subdiaconado el 24 de mayo de 1902, el diaconado el 8 de septiembre y el presbiterado el 24 de diciembre de ese año.

Sus primeros pasos

Familiar del Obispo, fue Maestro de Ceremonias de la Catedral y profesor del seminario en 1904, siendo estos los primeros puestos que ocupó. El 26 de abril de 1905 es nombrado secretario del Obispo, cargo que desempeña hasta el fallecimiento de Mons. De La Lastra y luego en la vacante hasta el 15 de mayo de 1910.

Desde el 1 de marzo de 1907, Capellán del Colegio y Asilo San Antonio. El 18 de mayo de 1909, entra al Cabildo Eclesiástico como Canónigo Sub Diacono, pasando a Diacono, el 15 de diciembre de 1910 y Canónigo de la Merced el 30 de julio de 1915, siendo también secretario del Cabildo. Participa en el tercer Congreso de los Católicos celebrado en Córdoba en 1908.

Su trabajo en los Sínodos

Decíamos que fue secretario del Primer y Segundo Sínodo Arquidiocesano. Encontramos de esos años, correspondencia del 21 de noviembre de 1914, en la que le pide permiso al Obispo para ausentarse a Buenos Aires:

“Nunca he pedido directa ni indirectamente, y puedo añadir sin que mi corazón me desmienta, que tampoco lo he anhelado o deseado puesto alguno, he estado donde me han puesto y he hecho lo que he podido, y nada más.”

Le ruega al Obispo que le conceda la licencia que está solicitando y sigue escribiendo

“al concedérmela pienso que V.S. no va a desprenderse de nada mayormente útil, y acaso podría ser que más bien saliera ganando, pues podría suceder que lo que aquí parece adverso o contradictorio o poco adicto a V. S. a mi Obispo resultare, apartado de aquí, un buen súbdito y servidor de su Obispo.”

Nuevo destino pastoral

En febrero de 1916 renuncia a los cargos que tenía en la Diócesis, yendo a Buenos Aires como Secretario de la liga Social Argentina que presidía el doctor Emilio Lamarca.

En 1919, vuelve a la Diócesis y va a ser nombrado Cura Vicario de La Paz hasta marzo de 1921. En este año ingresa nuevamente como Profesor del seminario hasta 1924 en que toma otra vez la Capellanía del Asilo San Antonio. En junio de ese año vuelve como Profesor al Seminario y toma la Capellanía del Colegio San Vicente que regenteaban los Hermanos de La Salle.

El 1 de abril de 1925 Mons. Abel Bazán y Bustos lo nombra Administrador de la Curia, siendo confirmado luego por Mons. Julián Martínez y después por Mons. Guilland, puesto que mantuvo hasta que se jubiló. Siempre interesado en las obras sociales trabajó mucho en Centro Católico Obrero y orientó con su consejo a muchas instituciones.

Elogio al final de su vida

El 1 de enero de 1963 celebra las Bodas de Diamante de su ordenación sacerdotal,

”prestigioso sacerdote de prolongada actuación en esta capital, pertenece a una prestigiosa y vinculada familia entrerriana”,

dice un recorte del diario La Calle de C. del Uruguay.

“Jubilado y cargado de años, no descuido el ministerio y hasta hace muy poco seguía celebrando la misa en San Miguel y atendiendo enfermos. Poco descanso, una pequeña molestia lo retuvo en su casa impidiéndole la celebración de la misa. Sacerdote celoso se ocupo siempre del bien de las almas, dedicándose con esmero a los trabajos apostólicos y muy especialmente a la atención de los enfermos que atendía con gran espíritu de caridad y abnegación “

dice el artículo sobre su fallecimiento del boletín Eclesiástico.

Su ultima enfermedad, contra la que nada pudo hacer la ciencia, fue corta y entregó su alma a Dios serenamente, y recibiendo en plena lucidez los sacramentos. Falleció el 8 de noviembre de 1964.

“Con solemne misa de cuerpo presente celebrada en la Parroquia San Miguel, fueron sepultados sus restos en el Cementerio Municipal de Paraná con gran asistencia de público tanto a la misa como al sepelio. Mons. Juan Vilar con oportunas palabras hizo en la Necropolis el elogio del digno sacerdote”.

Profesora Celia Godoy
Archivo Arquidiocesano

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