Presbítero Ramón Elgart

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En este encuentro sobre la vida de los padres sinodales de 1915 conocemos un poco más de la vida del Padre Ramón.

Nació en Urepel, Cantón de Baigorri, Bajos pirineos, Diócesis de Bayona en Francia el 30 de abril de 1878.

Historia de una vocación

Hizo sus estudios de humanidades y retórica en el pequeño seminario de Mauleón y Filosofía y Teología en Buenos Aires en la casa de los Padres Bayonenses. Vino a Paraná como Clérigo minorista y se incardino el 20 de abril de 1903. Recibió la Tonsura y las cuatro órdenes menores de manos de Mons. Espinosa, Obispo de La Plata en Caseros, Buenos Aires. Las otras órdenes de Mons. Rosendo de la Lastra y Gordillo, Obispo de Paraná el 5 de junio y el presbiterado el 6 de junio de 1903.

Fue Teniente de Cura de Mercedes, Corrientes el 11 de abril de 1904, cargo que ejerció hasta febrero de 1907.  En esa fecha fue nombrado cura y vicario interino de Concordia el día 4 de febrero. Al frente de esa parroquia desarrollo una gran actividad apostólica, distinguiéndose en la dirección de las almas y la formación de la juventud.

El 12 de abril de 1916 Mons. Abel Bazán y Bustos lo nombra Vicario foráneo del Distrito Concordia, a raíz de la creación de los Vicariatos realizada por el Primer Sínodo.

Actividades sociales

Siendo Párroco de la Iglesia San Antonio se lo recuerda como promotor de constituir el Centro Comercial.

“En el acta de la reunión fundacional, que se realizó en los salones de la Sociedad Rural, el 10 de noviembre de 1920, según algunas versiones, el promotor de la convocatoria habría sido el R. P. Ramón Elgart, entonces párroco de la Iglesia de San Antonio. Y no estaría muy errada la presunción, porque, de lo contrario, no habría razón para que fuera él quien explicara los motivos de esa asamblea. Especialmente, porque entre los asistentes se destacaban muchos propietarios de empresas locales que seguramente tenían más experiencia en esas cuestiones y en la situación que se vivía”.

Según el acta mencionada, los participantes se reunían con la intención

“de constituir un Centro Comercial, donde los comerciantes, industriales y todos los interesados que por sus negocios o vinculaciones quisieran adherirse, pudieran congregarse para propiciar y debatir cuestiones de capital importancia, como son la libertad de comercio y de trabajo, sus modalidades, subvertidas actualmente, sus propósitos, y todas aquellas cuestiones que produjeran el bienestar entre sus asociados, fijando y estableciendo normas tendientes, no sólo a propiciar el desarrollo de las industrias sino también a regularizar y definir las relaciones entre el capital y el trabajo, protegiendo al obrero y protegiéndose a su vez contra las ideas y hechos subversivos que son de actualidad, que se propagan cada día más, atentando contra la tranquilidad del mundo entero”.

El padre Elgart “a quien se había invitado especialmente” fue quien expuso “los móviles para que se habían congregado”. El sacerdote, entonces, manifestó que eran tres los puntos principales que debían de tenerse en cuenta al poner en práctica la iniciativa que había motivado la reunión, sin perjuicio que más adelante, una vez organizados definitivamente, se ampliara el radio de acción que desarrollara el Centro.

Agregó que, en primer término, debía estudiarse lo relativo a los intereses, tanto de los patrones como de los obreros.

Había que hallar la forma —dijo— de que el trabajo fuera equitativa y justicieramente remunerado, “sujeto al horario que rige en todos los países civilizados, por considerárselo racional y humano”, señalando que de esta manera “la clase obrera no tendrá motivos para extremar sus exigencias, desde que si con su labor contribuye al acrecentamiento del capital, recibe en cambio la remuneración que a ella corresponde”.

Expresó, además, que

“el patrón no debería explotar el trabajo del obrero, así como tampoco éste extremar sus exigencias de compensación”, porque eso podría llevar al patrón a cerrar su negocio o a no comerciar honestamente pues no podría resistir la competencia y se vería obligado a adulterar los artículos, a expenderlos de inferior calidad y hasta a no dar el peso justo. Y una vez establecida la unión entre el comerciante y el industrial, y fijada la remuneración “al elemento obrero”, se habría logrado la armonía entre el capital y el trabajo.”

El segundo punto a resolver, según el padre Elgart, era la defensa de los respectivos intereses,

“empleando para ello medios conciliatorios y persuasivos, encuadrándolos a lo justo y equitativo, eludiendo en lo posible la coerción y violencia”.

El tercer punto era el de “promover los intereses del comercio”, con lo que se afianzaría su prosperidad —“que puede ser ilimitada”—, lográndose en consecuencia el bienestar del capitalista y del proletariado.

El acta deja constancia del asentimiento general con las ideas expuestas, designándose a continuación los señores Benito Legerén y Jorge Robinson, y al padre Elgart, para que entre los presentes se integrara una Comisión Organizadora que corriera con los trabajos previos y redactara los estatutos del Centro, y que en caso necesario podría asumir la defensa de los intereses del comercio. Cumplidas estas tareas, presentarían los trabajos ante una nueva asamblea, la que habría de analizar esos trabajos y elegiría la Comisión Directiva definitiva.

En el párrafo dedicado a la exposición del padre Elgart está la razón por la que la entidad que nacía adoptó la denominación que aunaba el comercio, la industria y el trabajo. Era una noble intención, por supuesto, pero la mediación —o la “armonía”, como se expresa—, era un objetivo que estimamos inalcanzable, más aún en aquellos tiempos. Tres años antes había estallado la revolución rusa y Lenín había proclamado “la dictadura del proletariado”, cuyos ecos se difundieron por todo el mundo. Las reivindicaciones sociales estaban en boca de los obreros, y muchos inmigrantes engrosaban las filas de estos en nuestro país.

Como el líder soviético había confiscado las propiedades y nacionalizado la tierra, la banca, el transporte y la industria, el padre Elgart, nos imaginamos, pretendía proteger al capitalismo local de las turbulencias de la época.

Un nuevo destino

El 2 de marzo de 1925 en ocasión del segundo Sínodo el mismo prelado los nombra Canónigo honorario de la Catedral de Paraná.

Fue amigo y condiscípulo del Padre Agustín Bonney Elizalde, fundador de los Oblatos Diocesanos de Ciudadela. En la historia de su vida este joven sacerdote proveniente también de los Pirineos que llega a la Argentina precisamente por la invitación del Padre Ramón con quien mantenía correspondencia encontramos la siguiente referencia:

“entre los miles de inmigrantes se contaba un gran número de jóvenes vascos armados de coraje, esperanza y espíritu de aventura, se lanzaron a través del Atlántico en procura de nuevos horizontes…algunos de ellos mantenían correspondencia con Agustín a quien le trasmitían no solo la nostalgia por la distancia sino también lo informaban de la falta de asistencia espiritual, es decir: de la ausencia de sacerdotes. Entre ellos y con preponderancia el Padre Ramón Elgart, quien insistía en la necesidad de misionar… misionar… en la Argentina”.

Así es como se embarca desde Bilbao con destino a Buenos Aires. Allí se reencuentran con viejos amigos que habían ido a esperarlo y el padre Ramón lo lleva inmediatamente a Concordia, a la Parroquia de San Antonio.

Estando en Concordia, la Diócesis es visitada por Monseñor Francisco Alberti, Obispo de La Plata, quien establece inmediatamente amistad con los dos sacerdotes, a tal punto que les ofrece radicarse en la Ciudad de las Diagonales y servir, el padre Elgart, en el recientemente creado Seminario San José y al Padre Agustín como secretario particular de Mons. Chimento, quien por entonces era su Obispo Auxiliar.

En 1925 siendo Párroco de San Antonio, se cambian las campanas de la iglesia por las actuales. Como vemos a lo largo de este articulo, si bien es poca la documentación de su legajo, su trabajo fue arduo y variado, misionero en primer lugar, defensor de los trabajadores en el tema del Centro Comercial, párroco de San Antonio, Párroco Consultor durante el Sínodo de 1915, Canónigo Horario de la Catedral durante el segundo Sínodo de 1925, Rector del Seminario de San José de La Plata.

Su nombre quedó ligado con la historia en nuestra Diócesis y en otras. Además todos los meses escribía en el Boletín Parroquial de Concordia, por lo menos en los que tenemos en nuestro archivo de 1914 a 1919.

Sus últimos días

Renunció a los cargos de Cura y Vicario foráneo de Concordia el 25 de abril de 1929 y se ausentó a la Diócesis de la Plata. Fue nombrado Director Espiritual del Seminario poco antes fundado y cuyo Rectorado ejercía el entonces Presbítero Zenobio Guilland. Al mismo tiempo era el canónigo Elgart, Director de la Asociación de San Francisco de Sales divulgada en toda la República.

En la última documentación de su legajo del 31 de octubre de 1951, le escribe desde la Plata al Mons. Zenobio Guilland.

“Es el caso de repetir: no hay plazo que no se cumpla”. Después de 22 años de ruegos y suplicas las Hijas de San Francisco de Sales, de Concordia han conseguido que vaya a predicarles una tanda de ejercicios espirituales del 20 al 25 de noviembre próximo…”

Pide permiso para predicar, confesar y demás. De ahí en más, solo encontramos la noticia de su fallecimiento en el Boletín Eclesiástico de Paraná de 1963, “falleció en enero de 1963 en la Ciudad de La Plata el Canónigo Honorario Ramón Elgart…”

Profesora Celia Godoy
Archivo Arquidiocesano

2 Comentarios

  1. Hola Padre, lo conoci al Padre Ramón. Era familiar de mi abuela que era de apellido Elgart. Lo visitamos en Tandil en Ramón Santamarina. Soy de Tres Arroyos y tengo familiares en Concordia. Un saludo.

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