Todavía faltaban dos horas para la salida del sol, pero las monjitas ya estaban rezando en la capilla. Más… no eran las únicas despiertas en la bucólica Nogoyá. Cuando golpean la puerta del Convento la hermana encargada de atender, va. Desde el otro lado del torno le ordenan que abra, que quiere ingresar al recinto la policía. La hermanita le dice que es un convento de clausura y que, por eso, nadie puede entrar… que espere un momento que va a preguntar si está autorizada para dejarlos pasar. Entonces el custodio de la ley y el orden de la provincia de Entre Ríos, actuando “de oficio”, hace derribar la puerta con los efectivos policiales que lo acompañaban… Y sigue toda una mañana de allanamientos en los cuales se hacen “importantes” descubrimientos.

Monasterio

No es una joda. Es la noticia de ayer y hoy en la “apacible” Entre Ríos. Una noticia que me deja dos temas rondando en la cabeza. Dos temas que no me terminan de cerrar. Y es sobre eso que quiero hablar.

Desde una nota todavía no publicada

La justicia de la provincia de Entre Ríos provocó un hecho de antología en cuanto a actuar con celeridad. Es que se solicitó un allanamiento el miércoles a la noche por algo que estaba basado en las informaciones surgidas de una nota periodística que… ¡aparecería publicada recién el jueves por la mañana!

Si, se me puede objetar que el periódico Análisis tiene la costumbre de hacer un adelanto el día miércoles sobre lo que saldrá en papel al día siguiente. Concedido esto entonces supongo que la justicia habrá pedido la noticia completa antes de actuar “de oficio”… ¿no? O sólo se quedaron con un adelanto parcializado sin más datos que esos.

La celeridad con que se actúa para estos casos es de destacar. El fiscal que lleva adelante la pesquisa, Federico Uriburu, se puso al frente del allanamiento. Frente a la “negativa” de la hermanita de abrir de manera inmediata ante extraños un Convento de Clausura… no duda de romper la puerta para ingresar. Ojalá esa celeridad fuera tan eficiente cuando se trata de otros delitos… sobre todo los relacionados con quienes detentan el poder. Pero… bueno… esta celeridad es ya una luz de esperanza que nos hace ver a una justicia que está cambiando… ¿no?

Un periodista de Nogoyá contó que el operativo conmocionó a un pueblo “medianamente manso”. No dejaron nada librado al azar, hasta el punto de que todas las esquinas estaban custodiadas por efectivos policiales. Otro medio online de la localidad dijo que llevaron adelante el procedimiento efectivos policiales del “grupo de operaciones especiales”. No aclara cuales son, pero por la peligrosidad de las monjas (de las que se sospecha que son torturadoras) supongo que es el grupo conocido como COE y que aparece en este video institucional.

La cuota de racionalidad, que faltó al procedimiento, la puso ayer la declaración de Mons Puiggari:

 “Ante una denuncia de una revista ya se allana un convento como si fueran vendedores de droga. Hay instancias de diálogos que son mucho más fáciles. Podía ir el fiscal a tocar timbre y actuar de una manera más pacífica, tanto para las hermanas como la ciudad de Nogoyá… La vida de las carmelitas es muy exigente. Ellas van libremente y viven una vida austera y de oración. Además rezan por la Iglesia y por el mundo. Si hay que corregir algo, se corregirá. Pero no hacer eso de manera sensacionalista. No me termina de cerrar por que fue hecho esto así.”

El mismo fiscal (como para confirmar esto que dice nuestro Arzobispo), luego de violentar la puerta, se “sorprendió” porque la Madre Superiora les facilitó los elementos que estaba buscando. Es que esperaba, tal vez, la resistencia a capa y espada de una feroz torturadora.

El fiscal cuenta que le entregaron voluntariamente cilicios y disciplinas (sobre lo cual hablaré más adelante). Pero se encontró descorazonado porque no había rastro de mordazas. También dice que revisaron la biblioteca y se mostró sorprendido porque solamente tenían libros de teología y espiritualidad. La desilusión vino en este caso porque pensaba encontrar algunos manuales o tutoriales sobre como torturar con eficacia al prójimo.

Las cuento un secreto: una de las cosas que me preocupa es que la policía de Entre Ríos perdió por goleada con sus colegas de Buenos Aires. Es que la bonaerense allanó un monasterio y encontraron bolsos con nueve millones de dólares mientras que los locales solamente unas fustitas miserables. ¡Qué mal nos dejan, muchachos!!!

Seguramente que ustedes están pensando que me estoy tomando el asunto en broma. Pero no es así. En primer lugar, porque para cualquier católico es una cuestión muy seria que se irrumpa en un Convento de Clausura por las simples sospechas surgidas de una nota periodística. Para mí es muy doloroso porque considero a todo convento un lugar sagrado. En otras palabras, lo que ocurrió a mi me suena a profanación.

Sumemos a esto que el fiscal allanó un Convento en el cual se “torturaban” monjas. Luego de derrumbar la puerta, y de conseguir las “pruebas” que buscaban (y no encontrar otras… burdas) un médico examinó a cada religiosa buscando signos de torturas o de enfermedades que tengan como precedente la tortura sufrida. Y ocurrieron dos cosas. La primera es que no encontraron nada de eso. Si lo hubieran encontrado lo hubieran dicho a todos los medios… el silencio (y no hay secreto de sumario todavía) nos dice eso.

Lo otro es que en esa consulta privada con cada monja pudieron no solamente hablar con cada una de ellas. También ocurrió lo contrario: cada monja habló en privado con alguien ajeno al Monasterio. ¿Y? Y… simplemente que tenían la gran oportunidad de ventilar todo y huir de esa atmosfera asfixiante. Que yo sepa… ninguna quiere irse. Es más, por la tarde hablé con un familiar directo de una de esas monjas. Le pregunté cómo iba el asunto y me dijo que a la tarde se habían comunicado con la hermanita y que les había dicho que estaban bien, más unidas que nunca.

Sobre disciplinas y cilicios

Antes que nada, recordarles que un Convento Carmelita es de derecho pontificio. ¿Qué quiere decir esto? Que el pedazo de tierra que ellas habitan está, en lo religioso, bajo la jurisdicción inmediata del Papa. Por lo tanto el Obispo del lugar no puede tener injerencia inmediata sobre lo que allí ocurre.

En segundo lugar, que las monjas (estas si son “monjas” de verdad, es decir, mujeres que se consagran de por vida a Dios apartándose totalmente de la vida cotidiana) tienen una serie de leyes que las rigen. Los Carmelos están basados en las enseñanzas de Santa Teresa de Jesús. Me pueden o no me pueden gustar a mí esas reglas… pero ellas las aceptaron vivir libremente y por eso un día dejaron todo para vivir allí. Nadie las obligó a entrar y nadie las obliga a quedarse. Parece raro para muchos, pero nunca debemos olvidar que el consagrado sigue al Señor desde una ley de la libertad que nunca pierde. Este reglamento, que fue aprobado por el Papa San Juan Pablo II, rige para todas las mojas de todo el mundo y tiene algunos puntos dedicados a la ascesis desde el punto de vista de esta opción  de vida determinada en la Iglesia.

Digamos algo ahora sobre un tema que ignoramos bastante: la ascesis o mortificación.

Antes que nada… no es una práctica de sadomasoquismo. Esta enfermedad es el resultado de una enfermedad que busca el placer en el propio dolor (masoquista) o en el dolor provocado a otro (sádico). Lo que ocurre en el Convento es de otro orden.

La ascesis es el camino de dominio del propio yo para lograr la armonía interior que permita un encuentro cada vez más pleno y profundo con Dios. No hay que degradarlo diciendo que son prácticas medievales oscurantistas. Bueno… si le queremos echar la culpa a alguien por estas prácticas… que sea a Jesús que recomendó el ayuno, la oración y la solidaridad como medio de crecimiento en la fe. Lo podemos leer en los capítulos 5 al 7 del Evangelio de Mateo. Y es la práctica aconsejada, sobre todo, para vivir bien la cuaresma.

El Catecismo nos dice que la necesitamos para el crecimiento espiritual:

“El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas” (CIC 2015)

Claro… para una “mentalidad no cristiana”, como la que cada vez más tenemos los argentinos, esto suena una locura.

Ahora tengamos en cuenta que para la mortificación existen muchos caminos. El cilicio y la autoflagelación del cuerpo puede ser uno. Yo, particularmente, no creo que sea el más conveniente. Acepto que algunos lo puedan usar y, de hecho, hay santos actuales que lo han usado. Pero en esto me vienen las enseñanzas de mi director espiritual en el Seminario. Cuando le pregunté sobre estas prácticas me dijo eran posibles pero que él no las recomendaba. La razón que me dio venía de su experiencia: él había notado como esos métodos producían en muchos lo contrario a lo buscado. Es que en vez de crecer en la humildad y la entrega al Señor se le daba paso al orgullo: “yo hago estas prácticas porque soy fuerte y no un debilucho como los que me rodean”… decían sus practicantes. Por eso él me recomendó crecer en la mortificación de las pequeñas cosas: comer un poquito menos, ayudar a alguien que lo necesita… Mortificarse en lo cotidiano haciendo pequeñas cosas que son buenas pero que, de una, no me son agradables. Es lo que también recomiendo, y me recomiendo constantemente.

Es una paradoja que haya gente (católicos) que se escandalizan porque algunas mujeres consagradas hagan algunas mortificaciones para crecer en la armonía interior. Hoy he charlado con algunos que me lo han manifestado así. Pero lo raro es que no se escandalicen porque otras mujeres hagan mortificaciones para lucir un cuerpo bello en la playa. ¿Acaso la dieta, que ya están comenzando algunas en vista al veranito, no es una mortificación? O con algunos hombres que hacen horas de gimnasio semanal para lucir un esculpido dorsal…

Creo que fueron muy atinadas las palabras del Padre Miguel Guarascio:

“El sufrimiento en sí mismo no salva. Lo que salva es el amor que a veces hace sufrir.. y espero que la justicia aprenda a mirar realidades más graves que generan sufrimiento injusto en la sociedad.”

Sentado esto, simplemente comentarles que en el Convento se estaban dando algunas prácticas exageradas que motivaron visitas pastorales de mi Obispo. Estas visitas comenzaron en el mes de julio. Esto significa que se comenzó un proceso de discernimiento para crecer. Y se hace en la medida de las posibilidades del Obispo, ya que ellas dependen directamente del Papa. Hablar de prácticas exageradas, se los concedo… pero…  hablar de “torturas”… es bastante exagerado… ¿no?

Y… si les interesa el tema del origen de las persecusiones a la Iglesia les recomiendo este artículo que escribí el martes (no sabía que esto pasaría…).

Espacio de publicidad automática - No necesariamente estamos de acuerdo con el contenido
Artículo anteriorLas persecuciones a la Iglesia
Artículo siguienteLa pascua del Padre Silverio Cena
Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!