La pascua del Padre Silverio Cena

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Ha partido a la casa del Padre el Padre Silverio Cena. Quisiera compartirles las palabras que escribiera el Padre Raúl Molaro sobre este hermano sacerdote.

 

Cena

Cuando falleció Santa Teresita del Niño Jesús, las monjas del convento se preguntaban: ¿Qué podemos decir, en las crónicas del convento, de esta monjita? Así, en un primer momento, uno se pregunta, que podemos decir de Mons. Silverio Nicasio Cena?

Su vida humilde, silenciosa, sencilla pareciera que nada se puede decir. Pero, cuando uno piensa un poco, descubre facetas muy ricas de su vida sacerdotal, entregada totalmente a Dios y al servicio de la Iglesia.

Su Vocación data de su niñez, como Aspirante de la Acción Católica en su Parroquia de Feliciano y las conversaciones con el Párroco de entonces. “¿No podría yo ser como el Padre fulano?” Cuando las personas mayores se reunían con el párroco de noche, “yo iba al templo a rezar y a pedir al Señor que me iluminara sobre la vocación. Así nació mi amor a Jesús” “Siempre sentí seguridad en mi vocación y nunca pensé en otra cosa, sabía que Dios me quería Sacerdote”. Así lo testimoniaba el mismo en una entrevista que realizara el P. Leandro Bonin.

Desde aquella primera vez que se cantó el salmo 109: “tu eres sacerdote para siempre, mediador entre dios y los hombres”, en su ordenación sacerdotal, en Federación, aquel 13 de diciembre de 1959, cuando Mons. Zenobio Lorenzo Guilland le imponía su mano episcopal, hasta la hora de su muerte vivió una gran fidelidad al ministerio sacerdotal, entregándose totalmente al Señor, al servicio de la Iglesia.

Los compañeros del Seminario dan testimonio de su vida de piedad y de seriedad en la formación. Era inteligente, tenaz y perseverante ante las dificultades del estudio.

Su temperamento reservado, nunca hablaba de sí mismo. Pocas palabras, pero ello no quitaba que fuera amable, cortés, bondadoso en el trato con los fieles o sus hermanos sacerdotes. Cuando algo no estaba bien, lo hacía notar con una palabra o un gesto, pero con caridad fraterna.

El mismo curriculum vitae nos detalla las distintas funciones y trabajos pastorales que le fueran encomendados por los Sres. Obispos en el transcurso de los 57 años de Sacerdocio. Trabajos de mucha responsabilidad como el Seminario, confesiones de Religiosas, la Cancillería de la Diócesis, Párroco de varias Parroquias, Miembro del Colegio de Consultores.

En sus trabajos de Párroco siempre impulsó la responsabilidad de los laicos, a los Vicarios les respetó sus iniciativas, y alentó en el trabajo, y fue el fundador del Secundario de esta Parroquia de San José.

Además, desde aquí impulsó y trabajó en las misiones rurales junto con los fieles, y se partía a lugares muy distantes, como el Impenetrable del Chaco. Pero su tarea era silenciosa, sin hacer ruido ni alharacas, sino más bien de perfil bajo, pero era el “alma Mater” de la Misión.

Vivió el Sacerdocio con alegría, ofrendándose con Jesús al Padre. “Sacerdos oferre et oferri” (el Sacerdote, ofrece y se ofrece) realizando su misión pastoral.

Su humildad lo llevó, después de su renuncia como Párroco de Santa Rosa de Villaguay, por razones de edad, a vivir como residente en algunas Parroquias de nuestra Arquidiócesis. Pero luego, al notar el peso de los años, tuvo la suficiente humildad e inteligencia, de aceptar que necesitaba ser ayudado y atendido, y por ello fue, hace tres años, a la Residencia Sacerdotal de las hermanas Siervas de la Divina Providencia. (Dios quiera que todos los Sacerdotes nos demos cuenta cuándo necesitemos ser ayudados y atendidos). Es bueno, en esta oportunidad valorar y dar gracias al Señor que la Arquidiócesis cuenta con esta casa y el trabajo de las Hermanas de Don Uva, que con tanto amor y cariño atienden a los Sacerdotes ancianos o enfermos.

En la residencia Sacerdotal se notaba su amor a la Santísima Virgen. Se paseaba rezando el Rosario y nunca dejó la concelebración de la Santa Misa. Su preocupación por los hermanos sacerdotes era notable. Si alguno faltaba al comedor, preguntaba si estaba enfermo o que sucedía.

Entierro

 

El Padre Cena, que durante 12 años preparó y celebro la fiesta de Santa Rosa en Villaguay, ahora la está celebrando en el Cielo.

Nuestra Arquidiócesis tiene una gran deuda de gratitud para con el Padre Cena por sus trabajos pastorales realizados con tanto amor.

Rogamos a la Sma. Virgen que dirija sus “ojos misericordiosos” sobre este Sacerdote que se identificó con su Hijo Jesús en el Sacerdocio. Que en este año de la misericordia el Padre misericordioso lo lleve a su Reino. “Ven siervo bueno y fiel, a recibir la corona que se te tiene preparada”

Padre Cena, descansa en paz y te acompañamos con nuestras oraciones y la Santa Misa.

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