Sobre cilicios, disciplinas y mortificaciones

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En mi primer nota sobre el “asunto carmelitano” dije que dos cosas me daban vueltas en la cabeza. Una era el desopilante y mediático allanamiento de un Convento. La otra era la práctica concreta de mortificaciones. Sobre ese tema dije algunas pocas cosas en ese artículo, pero quiero hablar ahora con un poco más de detalle. O, más bien, dejar hablar a otros que conocen mucho más que yo sobre el tema.

Cardo

Antes que nada… este es un tema complejo. Si nos queremos aproximar a su tratamiento desde la postura binaria blanco-negro nunca entenderemos nada. Este tema es el “reino de los grises”… y por eso hay muchas opiniones distintas. Y está bien que así sea.

Por eso creo que tengo que hacer algunas consideraciones previas.

Lo primero, recordar que una práctica penitencial como el ayuno está recomendada por el mismo Jesús: el la practicó durante cuarenta días en un desierto y luego la enseñó. Simplemente, les recuerdo lo que dice, porque hay gente que ha comentado que esto no tiene nada que ver con la Biblia:

“Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mt 6,16-18)

Lo segundo, que esto no es una práctica medieval. A quienes han dejado comentarios al respecto, simplemente les enseño que es de la edad antigua. Los monjes del desierto (época patrística) fueron los que inventaron el cilicio. Y, para colmo de males de algunos comentaristas, Santa Teresa de Jesús, la reformadora del Carmelo a la cual se hace referencia, es de la edad moderna y no medieval. ¿Por qué esto? Para que dejen de adjetivar con el dichoso “oscura edad media” cuando no tienen argumentos y quieren rebajar la discusión. Simplemente tengan en cuenta que se algo está bien o está mal no es porque nació o se practicó en una determinada era histórica.

Lo tercero, es imprescindible recordar que estamos hablando de actos humanos. Que si se hacen en su justo medio son virtuosos pero que si se exageran son viciosos. Y esto de virtud o vicio tiene que ver con cada persona en su situación concreta: lo que es un vicio para alguien puede ser una virtud para otro. Concretamente, por dar un ejemplo: pasar cinco horas todos los días rezando es una virtud para una monja de clausura y un vicio para una mujer que es madre de familia. ¿Por qué digo esto? No por relativizar las cosas sino, simplemente, porque queremos medir al otro desde nuestra propia medida… y así caemos en discriminaciones o injusticias: es difícil entender al otro desde lo que a mí me parece que está bien. Entonces… ¿no hay verdad absoluta y todo es postura y relato? Humanamente podríamos decir que es así: cuestión de perspectiva y dificultad para la inteligencia media de conocer toda la realidad tal cual es. Pero para los creyentes tenemos una buena noticia ya que  la fuente de la verdad está en Jesús, Hijo de Dios hecho hombre: desde ahí miramos la realidad los cristianos. Desde ahí tambien queremos mirar toda mortificación a nuestro cuerpo (que es lo que hacemos en cuaresma… ¿no?).

Tendría varias cosas más para decirles, pero quisiera dejar hablar a tres personas distintas. Primero, les compartiré un video con el testimonio de unas carmelitas de Nogoyá dónde nos cuentan su vida y sus opciones.

Luego les comparto las respuestas que dieron desde la Asociación Luján de las Carmelitas Descalzas. Una paranaense que está, hace varios años en el monasterio carmelita de Córdoba, me lo hizo llegar y me consiguió la autorización para pegarlo en mi web.

Por último, para los valientes que quieren leer mucho y conocer razones de las cosas que pasan, les transcribo el texto que diera a conocer la Oficina de Prensa del Arzobispado de La Plata. No les pedí autorización, pero supongo que no tendrán problemas en que se los comparta desde este sitio. Como es un texto largo, para hacer más fácil su lectura me permití ponerles unos subtítulos: en el original no está así.

Somos completamente felices

Así hablan estas monjas sobre su elección de vida y su permanencia en el monasterio de Nogoyá. Una de estas hermanitas, a la que no conozco personalmente, es hija de un MEC de mi parroquia. En otro de los videos que difundieron dijeron que no pretenden que las comprendan en su estilo de vida, simplemente que las respeten. Y como no respetamos si no conocemos… esto es para que las conozcan:

Pensar que este monasterio fue allanado, entre otros “motivos”, porque las hermanitas estaban padeciendo de desnutrición. Asusta el rostro de  tristes famélicas que tienen… ¿no?

En este contexto, creo que también hay que recordar que algunas hermanas salieron del Monasterio en no muy buenas condiciones físicas y psicológicas. El Arzobispo de Paraná desde julio que está haciendo algunas visitas pastorales por este motivo. Pero corresponde a la Santa Sede (a través del Nuncio) avanzar sobre la cuestión, ya que estos monasterios son de derecho pontificio. Espero que, si existieron en verdad los hechos denunciados, sea resuelta la cuestión en el ámbito que correspondiere (judicial si hay algún delito o canónico si hay una práctica no evangélica). El potencial que acabo de usar es por aquello de que nadie es culpable hasta que se demuestre,,, presunción de inocencia que también corre para las carmelitas que son ciudadanas argentinas. De todos modos, sigo insisiteiendo que no hay que confundir posibles prácticas exageradas con carisma carmelitano torturador y opresivo… como parecía ser el tono de lo que se dijo en algunos de los medios paranaenses en estos días… ¿no?

Por esto último, ahora se vienen los dos textos compartidos. Todo lo que seguirán leyendo no me pertenece (salvo los subtítulos de la segunda nota), pero los transcribo porque estoy de acuerdo con su contenido. Espero que se animen a llegar hasta el final del texto. Vale la pena.

De paso, les digo que no autorizaré comentarios que no hagan referencia exclusiva, por estar a favor o en contra, a este artículo. Para que no se me enojen los que ponen links a otras publicaciones o comentan aquí cosas que salen en otros medios.

Nos preguntan cómo vivimos

(con ocasión de las noticias de nuestras hermanas de Nogoyá)

Carmelitas Descalzas Asociación Luján

¿Quiénes somos las carmelitas? ¿cómo vivimos?

Desde la promulgación de la “Constitución apostólica sobre la vida contemplativa femenina” del Papa Francisco, la Iglesia no nos llama ya “monjas de clausura” sino “monjas contemplativas”. Este cambio de lenguaje es algo muy lindo, porque el Papa no nos identifica con los muros del edificio sino que pone en el centro a quienes allí vivimos.

Somos comunidades contemplativas:

– Que vivimos del encuentro con Jesús. Por eso dedicamos mucho tiempo a la oración, al trabajo silencioso y al servicio fraterno dentro del monasterio.

– En comunidad. Entre las hermanas nos apoyamos, nos alentamos, buscamos juntas lo que Dios quiere de nosotras.

– Con una misión peculiar: estar profundamente unidas a todos ustedes, no sólo rezando por todos, sino viviendo en nuestra carne los gozos y esperanzas, las fatigas y fracasos del mundo de hoy. Siendo testigos de que somos amados incondicionalmente por Dios y de que esto nos compromete.

¿Cómo piensa Santa Teresa, nuestra fundadora, que hay que formar a las hermanas?

“Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardáremos estos dos mandamientos, seremos más perfectas. Toda nuestra Regla y Constituciones no sirven de otra cosa sino de medios para guardar esto con más perfección.”

Como saben los que aman de veras, no hay amor que no conlleve renuncia, salida de sí, don de sí mismo. Jesús, el “capitán del amor” como lo llamaba Teresa, es la referencia por excelencia de la primacía del amor y sus consecuencias.

Santa Teresa concentra la formación de las hermanas en estos tres ejes: la verdad, la libertad, el amor.

– el amor, como ley primera de toda la vida y opciones;

– la verdad como camino;

– la libertad como dignidad de hijos.

La verdad las hará libres para amar. Aquí concentra la formación de las monjas, que pretenden vivir -“dándose del todo al Todo”- para Dios y para los hermanos.

Sin rigorismos, pero con radicalidad y con atención a los procesos de cada una. Desde estos cauces hay que discernir la ascética teresiana.

Sin duda algunos aspectos prácticos fueron también motivo de intercambio de Teresa con sus hermanas. Pero son aterrizajes en su tiempo y su lugar que nos invitan a la tarea de hacer esos aterrizajes en nuestros respectivos tiempos y lugares.

Es lo que nos ayudó a hacer el Concilio Vaticano II. Formas y costumbres que respondían a la sensibilidad del siglo XVI no dicen nada o son incomprensibles a la sensibilidad del tiempo en que vivimos. Es más, hoy el Papa nos pide que esos signos sean proféticos y creíbles.

El uso de “cilicio” y “disciplina” formó parte de un estilo penitencial que hoy nos resulta chocante por la autoagresión que parece manifestar. Las más sabias tradiciones espirituales han visto siempre con recelo estas prácticas por otras razones, mucho más profundas y difíciles de captar en nuestra sociedad: el peligro de la soberbia que entrañaban. Lo cierto es que nunca fueron instrumento de tortura, ni fue vivido así por quienes los usaron..

Hace años que ha caído en desuso en la mayoría de las formas de vida consagrada porque ya no nos dice lo que quiso decir en su tiempo.

“La verdad padece mas no perece” -decía Santa Teresa.

Estamos ciertas de que nuestras hermanas pondrán a disposición de la justicia los elementos necesarios para la investigación que se ha emprendido por las serias denuncias presentadas. Rezamos para que se esclarezcan y salga a la luz la verdad que nos hace libres para amar.

 

El Carmelo de Nogoyá y la penitencia

(Oficina de Prensa Arquidiócesis de La Plata)

Desde que el Verbo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, tomó carne humana y vivió entre los hombres, compartiendo nuestra condición, debilidades e incluso la misma muerte, el cuerpo ha sido considerado por los cristianos “templo de Dios”, digno de respeto, con el cual llegaremos a la Vida Eterna. Con este cuerpo, hemos de ver un día a Dios cara a cara. Después de la inevitable disolución que producirá la muerte en el mismo, cuando se efectúe  la resurrección final, nuestro cuerpo irá a gozar de la delicia y alegría inefables de ver a Dios, con nuestros propios ojos. Sabemos que nuestros cuerpos resucitarán, esa es nuestra fe, y por eso cuidamos nuestro cuerpo, lo alimentamos, lo higienizamos, es nuestro compañero de viaje hasta el último día de nuestra peregrinación terrena.

Con su encarnación el Hijo de Dios dio al cuerpo humano la dignidad más grande al hacerlo instrumento de salvación con su muerte en la cruz y su resurrección gloriosa. Pero leemos en los evangelios que este cuerpo humano asumido por el Verbo sufrió indecibles tormentos y dolores, una cruelísima  y sangrienta flagelación, coronación de espinas, caídas, bofetones, torturas y finalmente los dolorosos clavos que perforaron sus manos y sus pies en la cruz… Durante siglos ha habido cristianos fervorosos, enamorados realmente de la pasión de Cristo, que  deseaban imitarlo y reproducir de algún modo lo que Él había sufrido. De este modo, e impulsados por un ardiente amor, se entregaron a grandes penitencias, por ejemplo San Francisco, San Benito, Santa Catalina, Santa Hildegarda…, e incluso en nuestros días la Madre Teresa de Calcuta…, así como otros tantos santos de antiguas épocas que sin duda no tenían nuestros conocimientos actuales sobre enfermedades, infecciones, gérmenes que penetran a través de las heridas, etc. etc…

Las prácticas penitenciales del mundo de hoy

Nuestros conceptos son distintos en esta materia, pero sorprendentemente no pocos hombres y mujeres hoy pasan alegremente por encima de los mismos para someterse en nombre de una pretendida belleza o de simple gusto personal, a todas clase de heridas corporales con el objeto de tatuarse, desde unas flores o un paisaje completo hasta las figuras más inverosímiles…, sin contar los populares piercing tan difundidos entre los jóvenes (no importa a partir de qué edad), que agujerean brutalmente cualquier parte del cuerpo aún las más sensibles del rostro y la lengua… Y si continuamos con las agresiones que padece hoy en día el cuerpo humano “con todo derecho”, podríamos agregar las aberrantes torturas que algunos sadomasoquistas se infligen mutuamente con pretensiones de placer erótico…

El cuerpo no es ni dios ni basura

Los cristianos amamos nuestros cuerpos, los defendemos y cuidamos. Pero una cosa es amar el cuerpo y otra idolatrarlo. Nuestro cuerpo es un bien preciado que Dios nos ha concedido: “Dios creó al hombre y vio que era muy bueno”. No podemos hacer de nuestro cuerpo un dios, pero tampoco una basura. En estos tiempos hay no pocos y tristes ejemplos de seres humanos considerados “basura”…, cuya dignidad inviolable no es respetada, cuya voluntad es avasallada, cuya libertad es descalificada, cuyo modo de vida es desacreditado… Sin contar con las innumerables muestras de desprecio infligidas al cuerpo humano de la mano de la eugenesia, el aborto, la eutanasia y toda clase de discriminaciones, incluso irrazonables como la obesidad, el color de la piel, el tamaño de la nariz o de las orejas, y un largo etcétera que muchos tratan de evitar recurriendo a todo tipo de cirugías…

El sentido de la penitencia cristiana

Nosotros los cristianos de hoy estamos plenamente de acuerdo en manifestar que nuestro cuerpo no ha sido hecho para la tortura física, que este no es el fin  para el cual fue creado este cuerpo maravillosamente constituido, y formado de manera tan admirable por el Creador con sus propias leyes y también con su belleza natural… Pero no podemos negar que pueda existir en alguien el deseo de acompañar a Cristo en sus dolores, en su pasión, en sus sufrimientos, como lo hubo en la antigüedad cristiana… Hoy, después de tantos siglos, los medios y las formas serán diferentes, sin duda,  pero el espíritu que anima estos deseos es el mismo: imponer algún límite al cuerpo con el fin de hacer una entrega al Creador de algo lícito y bueno, como un modo de acercarnos a Él a través del sacrificio… Y nadie se extrañe que los cristianos hablemos de sacrificio para acercarnos a Dios cuando cualquier atleta o modelo tiene que someterse a tantos sacrificios en dietas, entrenamientos, privaciones…, aún de cosas buenas y lícitas para lograr un estado apropiado para la competición o un cuerpo que se luzca sin un kilogramo de más en la pasarela…

No a la tortura física

Cabe aclarar que la recta penitencia cristiana no consiste en lastimar el cuerpo, ni en hacerle heridas, sino simplemente en provocarle una incomodidad, ya sea a través de algún pequeño instrumento o pequeñas cosas que pueden hacer que nuestro cuerpo sea simplemente colocado en su lugar, que es el de servidor de Aquel que es el único Señor, y a través del cual nos expresamos como lo que somos: criaturas salidas de sus manos, y que por lo tanto reconocemos su soberanía y su paternidad sobre nosotros…

La Iglesia Católica nunca aprobará que en nombre de la fe se inflija una tortura física ni se flagele brutalmente a nadie, precisamente a causa de la dignidad de cada persona humana, de cada cuerpo humano, templo del Creador. Si esto es algo que sucedió en lejanas épocas, la Iglesia misma a través de sus autoridades lo ha revisado y  revertido de conducta, lamentando hechos pasados y ofreciendo el correspondiente pedido de perdón. Esto debe quedar claro, y si algún miembro o comunidad de la misma Iglesia cayere aun en esto será corregido y sancionado como corresponde. Estamos asistiendo diariamente a lo que puede llevar el fundamentalismo en cualquier religión, por eso no debemos asombrarnos si ocurriera el caso…

El caso concreto de Nogoyá

Hoy más que nunca,  hay fundamentalistas islámicos que se suicidan y asesinan a otros en nombre de Alá, pero la prensa no se dedica a raíz de eso a defenestrar a todos los demás musulmanes o al Islam en su conjunto… Puede ser, y habrá que ver en este caso concreto de las monjas de Nogoyá si se pasaron las reglas de prudencia o no se trata más que del sensacionalismo al cual los medios de comunicación nunca terminan de acostumbrarnos… Habrá que ver si  existen realmente los excesos de los cuales nos da cuenta la prensa, en cuyo caso la Iglesia como madre solícita se encargará de moderar y de llevar a su recto cauce. Podemos pensar que tal vez  haya habido una buena intención, se hace difícil creer en torturas físicas infligidas a alguien hoy por manos de algunas monjitas encerradas. Esperamos que una sana justicia, no viciada por prejuicios y preconceptos, nos ayude a ver la realidad. De todos modos, el daño y la confusión ya han sido  sembrados entre nosotros.

La vida carmelita de hoy

En cuanto a la vida de las Carmelitas Descalzas, quien la conoce un poco de cerca puede saber que es mucho más que unas penitencias aisladas. Como decía santa Teresa: “Ya sabéis que en muchas penitencias os voy a la mano…” La Santa Fundadora prefería las virtudes sólidas de humildad, caridad fraterna, pobreza, oración, entrega generosa por la Iglesia en favor de los hombres… Lo que se diga ahora habrá que tamizarlo con los inevitables prejuicios de un mundo que no entiende de renuncias, de generosidad en su máxima expresión, de virginidad vivida alegremente por el Reino de los Cielos, de oración y amor a Dios, de fraternidad compartida sin la competitividad de nuestra sociedad, sin las ambiciones mezquinas de tantos que solo buscan su propio bien por encima o a costa de los demás.

Hace poco inundaba las redes la fotografía de una Carmelita muerta en el Hospital Austral de un doloroso cáncer de lengua que la llevó a la tumba – o mejor, a la eternidad-, a los 42 años. La sonrisa, la paz inefable, la alegría y la entrega de ese rostro, no necesitan comentarios… No parece que haya vivido torturada ni manipulada ni destrozada psicológicamente para llegar a morir así… Ojalá que los que hoy  gastan palabras y razones para juzgar y condenar un estilo de vida que no conocen puedan llegar a la hora de la muerte con la misma serenidad y entereza. Pero, sobre todo, con la misma fe en otra vida mejor…  Si asistimos y nos sentimos involucrados de algún modo con este doloroso caso de las Carmelitas de Nogoyá será mejor que recemos…, y esperemos para ver realmente dónde está la verdad… Pero mientras tanto no generalicemos sobre la vida de aquellas que hoy ruegan por los mismos que las descalifican.

El escándalo de poner límites a nuestro cuerpo

Finalmente, si la penitencia es lo que constituye el máximo escándalo para nuestra sociedad comodona y consumista, valga como ejemplo el de los pastorcitos de Fátima, tres pequeños portugueses que en 1917 vieron a la Virgen mientras cuidaban sus ovejitas. Eran tres niños humildes e ignorantes. Nadie en la Iglesia ni en su parroquia ni en sus hogares les había enseñado este tipo de prácticas. Sin embargo, ellos sintieron que debían hacer sacrificios, y se ceñían una soguita a la cintura, buscando con ello ofrecer algo a Jesús y a María, al mismo tiempo que se privaban del postre o la comida que sus madres les habían dado para compartirla con los pobres del lugar… Repetimos: nadie les había enseñado esto, no era el fruto de la idea de algún Sacerdote o de sus madres, la Santísima Virgen era quien se los inspiraba, y por eso estos pequeños sentían la necesidad de poner una incomodidad en su propio cuerpo para ofrecerla por los pecadores. La misma Señora les indicó entonces que no durmieran con esta cuerda, puesto que podría hacerles mal. Acá tenemos la clave de lo que la Iglesia de hoy  nos pide a los cristianos, a la hora de hacer penitencia.  Es cierto que a veces esta nos cuesta mucho por la vida de comodidad que llevamos, que nos duele privarnos de alguna cosa; hoy en día es fácil prescindir de alguna comida o de algún postre porque se hace por razones estéticas o de salud corporal, entonces se entiende un poco más que hagamos esto por la religión…  Pero el hecho de hacer algo que nos incomode, que nos duela, que ponga un límite a nuestro cuerpo por deseo de reparar los propios pecados o los  ajenos, constituye un escándalo y parece que dentro de poco hasta un delito…

Hoy asistimos al fenómeno de que hechos que en el pasado eran considerados delictivos,  ya no son tales… Entonces, ¿qué estamos haciendo? ¿Creando nuevos tipos de delitos para suplir los que faltan? Pobre sociedad la nuestra… Cualquiera puede hacer cualquier cosa en nombre de su derecho a la autodeterminación… Pero a nadie se le ocurra aspirar a santo…, porque indefectiblemente será descalificado y lo que es peor, condenado como un criminal…

En fin, “el que pueda entender, que entienda…” “…Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿creen que hallará fe sobre la tierra?”

3 Comentarios

  1. Tuve que buscar mucho para encontrar que era el cilicio, lamentablemente los videos que Ud. puso ya no están disponibles. Debo decir que el Opus y otras ordenes lo siguen utilizando de manera voluntaria, aunque el mismo San José María habla dice que la mejor penitencia es sonreir aunque no quieras, hablarle al que menos te gustaría y otros. Por mi parte no entraría, o me saldría de una orden que me pide esa clase de mortificaciones, pero no condenaría a mi ex grupo. El comienzo primigenio del Cilicio es la piel de camello de San Juan Bautista. La espiritualidad se vive de distintas maneras, pero el entrar al claustro, o al sacerdocio son pasos re difíciles que no todos pueden ni deben hacer, si tienen una mala decisión y no son responsables de ella luego saldrán a decir que hay cosas que se tienen que cambiar, que es inhumano el encierro, o las penitencias, o que hay que dejar que los sacerdotes se casen y no es así. Simplemente digamos hidalgamente los respeto, pero yo vivo mi espiritualidad de otra manera y no podría hacer lo que ellos hacen.

  2. Arlene, no se que puede haber dicho tu comentario anterior. Pero existe la moderación de comentarios y normalmente borro los que tienen incoherencias, hablan de temas ajenos al texto del artículo o contienen palabras o actitudes agresivas (es decir que ofenden). No sé en cual de estas condiciones habrá entrado tu comentario para que haya merecido ser eliminado.

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