Un bochorno que no tiene nombre. Cuando uno va recibiendo detalles de lo ocurrido por parte de testigos presenciales… se escandaliza cada vez más. En verdad, no termino de entender que es lo que había en la cabeza del fiscal Uriburu que ordenó y condujo el proceso.

Carmelo

Los hechos

Un Convento de Carmelitas Descalzas… 18 mujeres consagradas a la oración… una nota periodística que tenía todavía la tinta fresca y que salía a los kioscos recién a las 6 de la mañana… un allanamiento por medio de Comandos de Operaciones Especiales de la Policía de Entre Ríos realizado a las 5.30 hs. con la excusa de que, si las monjas leían la revista, esconderían los “instrumentos de tortura”…

Una muchedumbre de policías lleva adelante el operativo, incluidos los encapuchados del COE. Ingresan rompiendo la puerta del Convento luego de que la monja le pidiera, simplemente, un minuto para pedir permiso para dejar entrar extraños a la clausura (si esto no es profanación, entonces pónganle la palabra más adecuada).

Según los datos que me dio un testigo presencial, las “fuerzas del orden” tienen tanto apremio con su tarea que, cuando todo estaba en marcha, recién se dan cuenta de que las monjas son mujeres y todos los efectivos son varones. Presurosos a buscar féminas policías. Es que… los habían convocado para llevar adelante un operativo sin dar más datos… y ellos pensaron que se trataba algo referido al narcotráfico… Y uno los entiende en ese pensamiento: ¿se justificaba tanto despliegue de fuerza policial?

Las hermanas colaboran entregando lo que le pedían… pero las arrinconan en el Coro y revisan, destrozando, todo el lugar. Lo más triste es que una hermana está enferma de cáncer y, por eso, estaba en cama. No solamente ingresan a su habitación (la pobre, horrorizada por los «hombres» que ingresaron a sus aposentos) sino que también es obligada a levantarse para ir con las demás. Sí, que quede claro… en nombre de los «derechos humanos» se sacó de la cama a una enferma de cáncer.

Me llamó la atención que el fiscal, a eso de las 10 de la mañana, pasara el parte de lo que estaba ocurriendo a una «radio amiga». Y que allí dijera lo que se había encontrado y lo que no (como escribí en su momento). Pero que también aclarara que se las estaba revisando “en la cara y en las manos” por parte del médico policía para ver si había rastros de torturas. Me causó gracia, sinceramente, esa “búsqueda”. Pero después me informaron que esa no fue la orden inicial. El primer pedido a las monjas fue que se desnudaran para ser revisadas. La Madre se opuso y pidió, en todo caso, que llamaran a su médico de cabecera para que hiciera el procedimiento. El que se opuso, también, fue el médico policial que simplemente hizo la “revisación” en cara y manos (¿como para dejar contento al fiscal?).

¿Nos damos cuenta de lo que esto significa? Monjas de clausura, mujeres, a las que se las pretende violar en su intimidad corporal sometiéndolas al escarnio de miradas masculinas. Si para cualquier mujer eso es muy, pero muy, vergonzante… imaginen cuanto será para una monja de clausura. Gracias a Dios que primó la racionalidad del médico de policía.

En el convento se hicieron varios destrozos. Pero también se destrozó el corazón de varios policías de Nogoyá que, obedeciendo órdenes, hicieron el allanamiento a un lugar que les es muy querido. Es digno de destacar que ellos lo hicieron con mucho respeto. Incluso, con vergüenza, le pedían perdón a las monjitas por lo que estaba ocurriendo.

¿Por qué cuento todo esto? Porque creo que se silenció y no hemos tomado plena conciencia del atropello a los derechos humanos y la violencia de género que se realizó. ¡Terrible!

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!