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Kayros L√°zaro Blanco

L√°zaro Blanco

Mi experiencia en esta parroquia rural me permiti√≥ encontrarme con una realidad, le√≠da en los libros, en lo aut√©ntico de lo concreto cotidiano. San Jos√© de Feliciano, en el norte de la Provincia de Entre R√≠os, de la Rep√ļblica Argentina, es llamado "rinc√≥n de tradiciones". Y sus vivencias es un continuo confirmar de este su lema festivalero.

La historia del pueblo

Su historia es muy particular. Distante 90 kil√≥metros de los grandes poblados de la zona‚Ķ con caminos intransitables hasta los a√Īos setenta del siglo pasado‚Ķ con una poblaci√≥n eminentemente rural... Todo esto llev√≥ a que se conservaran muchas tradiciones y modos de ser ancestrales cuyos or√≠genes se pierden de mera an√≥nima en la noche de los tiempos.

En esto se parecen al pueblo que hoy les sirve de soporte. Feliciano no tiene fecha de fundaci√≥n. Se dice que fue el casco de una estancia de la Misi√≥n Jesu√≠tica del Yapey√ļ, distante a unos 400 km. del lugar. Se sabe que hacia el a√Īo 1.818 hay pobladores porque se pide al gobierno provincial que se les consiga un cura que los "apaciente".

En 1851 es erigida la Parroquia. Si bien es la cuarta en orden de fundaci√≥n de mi provincia, reci√©n en 1919 tendr√° cura p√°rroco ‚Äúpresencial‚ÄĚ. El motivo es muy simple: poca gente, muy pobre, no hay como mantener un cura. Incluso el primero, el Padre Vill√≥n, es famoso por todas las necesidades materiales que tuvo que padecer.

En este contexto la formación religiosa del pueblo fue muy esporádica. De vez en cuando un cura de La Paz se venía a caballo (90 km.), recorría el poblado y las estancias. Bautizaba, casaba, celebraba misa por los difuntos y partía. La religión que se transmitió fue sobre todo la que se aprendió de los abuelos: con una teoría muy rudimentaria (incluso a veces equivocada en la idea de Dios) y una práctica ritual muy concreta para la realidad. Como era difícil reunirse en comunidad para celebrar la fe., todo había que hacerlo personalmente o en familia.

Recuerdos de las misiones

Cuando misionamos la campa√Īa de la parroquia con los grupos Shekinah y Pompeya (en esos tiempos los de Emanuel eran muy p√ļberes para salir), encontramos infinidad de vestigios de esa religiosidad popular. Hoy hago un simple repaso mental sin detenerme en explicarlas.

"Oraciones de las de antes" (como el bendito), transmitidas por la abuela y que se fueron perdiendo cuando los chicos comenzaron a ir al catecismo y aprender las de "ahora" (el Padrenuestro, el Ave María). Un altar en cada casa, con infinidad de imágenes y estampas de santos, ennegrecidas por el tiempo y el humo de las velas que se les enciende como ofrenda u oración.

El "velar la mesa" nueve d√≠as, mesa sobre la cual estuvo el muerto antes de ser enterrado; por supuesto que acompa√Īado de asado, vino y acorde√≥n.

La cruz del camino, las cintas, las flores, el colocar la cruz del finado a los nueve días, las leyendas populares, las fiestas a los santos patronales de la familia o a milagreros del lugar, la quema de nidos en San Juan y los ritos de la fertilidad en este mismo día...

Habr√≠a tanto para contar y detenerse. Pero es imposible abarcar todo. Quisiera simplemente relatar la historia de uno de los tantos personajes que componen el ideario popular. Entre el Gaucho Gil, Ramoncito Mu√Īoz, o la Cruz de Francisco L√≥pez‚Ķ eleg√≠ a L√°zaro Blanco como prototipo. Creo que si hubiera presentado alguno de los otros tres, el trasfondo a detectar no hubiera variado.

Luego de rescatar su historia intentar√© comprender c√≥mo estos relatos, en apariencia paganos, tienen una ra√≠z profundamente cristiana. Creo que podremos vislumbrar la idea que subyace en la base y que nos permite descubrir (como dir√≠a el Padre Juli√°n Zini) ‚Äúel catecismo que no supimos dar‚ÄĚ.

La historia del gaucho L√°zaro Blanco

Uno se pregunta siempre dónde comienza la historia y dónde el mito popular en la historia de Lázaro Blanco. Hay unos hechos puntuales que no se pueden discutir: una capillita colmada de recuerdos en el campo, al costado del antiguo camino de tierra que unía Feliciano con La Paz; una tumba, llena de plaquetas con agradecimientos, en el cementerio local. Junto a esto, una historia que ya está rodeada de romanticismo.

Cuenta el relato que, a fines del siglo XIX, cuando las comunicaciones entre los pueblos tenían al caballo y al chasque como el medio más rápido y eficaz, el correo de Feliciano se llamaba Lázaro Blanco.

Hombre joven, hab√≠a demostrado su pericia unos a√Īos antes, cuando el due√Īo de una estancia quer√≠a una diligencia en Paran√°, la capital de la provincia, distante a 300 kil√≥metros. El no conocer la ruta y no haber buenos caminos no desanim√≥ a este joven para ofrecerse. Su coraje y determinaci√≥n hizo que llevara a buen t√©rmino la misi√≥n.

"Hacéte la fama y echáte a dormir" dice uno de nuestros dichos populares. Y en este caso se hizo realidad. A partir de ese momento Lázaro fue el "correo oficial" de las estancias del pago.

Un día el comisario del pueblo necesitaba enviar un recado urgente hacia la comisaría de La Paz, ciudad distante a unos 90 kilómetros. Como era importante le pidió al Chasque Lázaro Blanco que le hiciera la gauchada. Había un sólo problema: se estaba armando una tormenta. Pero esta dificultad es sólo para los cobardes. Lázaro aceptó el mandado.

El comisario, como para amenguar los riesgos, le ofreció al mensajero que llevara su caballo, un tordillo. Era de sabiduría popular que este pelaje no atraía los rayos. Se pone en camino y se desata la tormenta. Como arreciaba el aguacero se bajó del caballo y se refugió en un gran algarrobo. Gran error, porque el árbol sí atrajo un rayo que lo mató junto a su montado.

Tres días después, una partida policial encuentra el cadáver del gaucho y de su caballo. Los milicos lo entierran en ese mismo lugar y, cómo es costumbre nuestra, clavan una cruz de palo con su nombre inscripto.

El encuentro de la tumba de L√°zaro Blanco

Hasta aquí la historia. De aquí en más la leyenda se divide un tanto. He podido recoger dos narraciones, que en el fondo cuentan lo mismo, pero con dos situaciones distintas.

Una dice que hab√≠a una gran sequ√≠a en Feliciano. Un criollo del lugar ten√≠a puestas vacas en arriendo en el campo de una se√Īora. Como las aguadas se secaban le pidieron al paisano que saque sus animales del campo. Triste iba el hombre con su tropa, condenada a la muerte o a la malaventa para salvar algo.

En eso pasa por delante de la cruz que marca el lugar de la muerte de Lázaro Blanco. Desde lo profundo de su corazón le hace una oración: "Lazarito Blanco, si hacés llover te hago un monolito en el cementerio". A la noche cayó un "aguacero madre", de esos que hay que pedir que pare para que no haya inundación. El hombre cumplió su palabra y comenzó así la fama de milagrero de nuestro amigo chasque.

La otra historia tiene que ver con sue√Īos. Tambi√©n nos sit√ļa en una gran sequ√≠a. Pero el personaje es el due√Īo del campo. Tambi√©n ve como los trabajos de toda una vida se le est√°n yendo con el pasto amarillo de los campos y el agua ya barrosa de los arroyos. Una noche sue√Īa con un hombre que lo lleva hacia un lugar y, all√≠, le dice que pida la gracia de la lluvia. Cuando se despierta, eleva una oraci√≥n. El agua tambi√©n llega en abundancia, como en el otro caso. El paisano reconoce el lugar de su sue√Īo. Va all√≠, descubre el nombre del personaje que se le apareci√≥ en la noche de sequ√≠a. Como agradecimiento, lo traslada al cementerio y le hace un monolito sobre su tumba.

En este cortometraje realizado por alumnos de 6¬į Comunicaciones (2019) del Instituto San Jos√© de Feliciano, para la materia Practicas Educativas del Profesor Conrado Ar√©valo, vemos plasmado el segundo de estos relatos.

Desde entonces la leyenda del "gaucho milagrero" gana lentamente los corazones de los lugare√Īos. Se van multiplican los ruegos y las ofrendas votivas por las gracias concedidas. Cuando uno visita la capilla que se ha construido en el lugar de su muerte, puede encontrar desde coronas de flores, cintas votivas y restos de velas encendidas, hasta manubrios de autos y trofeos deportivos. Hace ya mucho tiempo se puede escuchar decir a la gente sencilla que ha conseguido algo "gracias a Dios y a Lazarito Blanco".

La interpretación de lo subyacente del mito

Octavio Paz decía que "lo que dice el mito NO es lo que dicen las palabras del mito". En este relato de Lázaro blanco, al igual que en los otros que no he relatado, se puede encontrar ciertas ideas subyacentes que son interesantes.

1- Raíz cristiana de este culto

Esto seguramente escandalizaría a más de uno. Pero es la realidad. Nuestro pueblo, cuando fue evangelizado por primera vez, recibió una impronta muy particular. Los guaraníes tenían muchos dioses tutelares para los distintos acontecimientos de su vida diaria. Los Jesuitas les mostraron el rostro del Dios verdadero. Pero asumieron el universo religioso de este pueblo, lo purificaron de su paganismo y lo transformaron.

¬ŅDe qu√© manera inculturaron el Evangelio? Difundiendo la devoci√≥n a los santos patronales. Cada santo ten√≠a la funci√≥n de ser un intercesor para una gracia particular. Y esto perdura hasta hoy.

Recuerdo que en las intenciones de las misas de Feliciano (estuve all√≠ desde el ‚Äė94 al ‚Äė98), diariamente, hab√≠a no menos peticiones a diez santos distintos. Hasta un d√≠a vinieron a comprar una estampita de "San Sans√≥n": patrono de los hombres que hacen trabajos de fuerza.

Cuando los cristianos quedan en la orfandad del S XIX, paulatinamente esta doctrina queda de lado, pero no su intuición fundamental. Surgen así las devociones populares a "San Lamuerte", esqueleto al cual se le pide la protección frente a este hecho vital que tanta angustia desata en todos los hombres de cualquier cultura.

Es tambi√©n es en este contexto que aparecen los hombres que son elevados a los altares por la gente. Cuando no se conoce la historia de ning√ļn santo, por m√°s que se lo nombre e invoque, se va haciendo lejano de la vida diaria. Si aparece alguien con una historia especial, demarcada en ciertos par√°metros que (inconscientemente) se exigen, autom√°ticamente se provoca la devoci√≥n. ¬ŅCu√°les son estos par√°metros? Presento dos a continuaci√≥n.

2- La muerte tr√°gica redime al hombre

Muchos personajes locales de la religiosidad popular coinciden con L√°zaro Blanco en haber tenido una muerte tr√°gica. Pudo haber sido a manos de la naturaleza como en el que relatamos y el de Ramoncito Mu√Īoz. O a manos de los hombres como el Gaucho Gil y Francisco L√≥pez.

El ser humano quiere salvarse. Por los rudimentos de la doctrina que hay se sabe que salvarse significa librarse del infierno, ir al cielo. Tambi√©n se escuch√≥ decir que un hombre que muri√≥ tr√°gicamente en una cruz logr√≥ llegar all√≠ el primero. Si esto lo logr√≥ ese tal Jes√ļs, lo mismo le puede pasar a cualquier cristiano en esta tierra.

3- El que llegó es solidario con los que todavía están aquí

Si est√° con Dios, puede interceder. Por lo menos eso ense√Īaron los padres jesuitas en el catecismo. Porque qui√©n ‚Äúest√° bien‚ÄĚ no se olvida de los amigos que est√°n mal y no tiene drama en hacerle una gauchada (concederle un favor, darle una mano).

L√°zaro es sobre todo un ‚Äúmilagrero‚ÄĚ. Se le piden "gracias" y √©l las concede. Por esto se le hacen placas, se le entregan ofrendas votivas, se le encienden velas, se le regalan cintas y flores, se va al campito de su muerte, en familia o con amigos y se arma una bailanta en honor del "santo".

Cuando falta el anuncio de un contenido cristiano

As√≠ la fe no se pierde, sino que se transforma y adopta un contenido pagano. Es como si se conoci√≥ una linda m√ļsica. Pero con el correr de los a√Īos quedaron solamente los sonidos instrumentales y se perdi√≥ la letra. Como el ritmo era muy bueno y se consideraba valioso‚Ķ se lo ‚Äúrescat√≥‚ÄĚ poniendo otra letra basada en los recuerdos vagos que se ten√≠a de la primera.

‚ÄúLa catequesis que no supimos dar‚ÄĚ borr√≥ el nombre y la Palabra de Jes√ļs. Su lugar lo ocuparon estas tradiciones. Pero, en el fondo, contin√ļa la a√Īoranza de plenitud, de salvaci√≥n, que no la puede dar hombre alguno.

En el fondo, est√° la melancol√≠a por Jes√ļs. Y es este el desaf√≠o: un anuncio de Aquel que es el Hijo de Dios hecho hombre; que me am√≥ y se entreg√≥ en la cruz; que¬† muri√≥ y resucit√≥ por m√≠ y que es el √ļnico mediador entre Dios y los hombres: JES√öS DE NAZARETH.

(Este art√≠culo fue escrito para una materia sobre Religiosidad Popular en Chile, en el a√Īo 1997. Lo retoqu√© un tanto y le sum√© el cortometraje para compartirlo con ustedes en esta web.)

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