Lázaro Blanco

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Mi experiencia en esta parroquia rural me ha permitido que encuentre una realidad, leída en los libros, en lo auténtico de lo concreto cotidiano. San José de Feliciano, en el norte de la Provincia de Entre Ríos, de la República Argentina, es llamado “rincón de tradiciones”. Y sus vivencias son un continuo confirmar de este su lema festivalero.

 

Lazaro

 

En busca del dato histórico

 

Su historia es muy particular. Distante 90 kilómetros de las grandes ciudades, con caminos intransitables hasta 20 años atrás, con una población eminentemente rural. Todo esto llevó a que se conservaran muchas tradiciones y modos de ser ancestrales. Estas no tienen origen cierto. En esto se parecen al pueblo que hoy les sirve de soporte. Feliciano no tiene fecha de fundación. Se dice que fue el casco de una estancia de la Misión Jesuítica del Yapeyú, distante a unos 400 km. del lugar. Se sabe que hacia el año 1.818 hay pobladores porque se pide al gobierno provincial que se les consiga un cura que los “apaciente”. En 1.851 es erigida la Parroquia. Si bien es la cuarta en orden de fundación de mi provincia, recién en 1.919 tendrá cura párroco. El motivo es muy simple: poca gente, muy pobre, no hay como mantener un cura. Incluso el primero, el Padre Villón, es famoso por todas las necesidades materiales que tuvo que padecer.

En este contexto la formación religiosa del pueblo fue muy esporádica. De vez en cuando un cura de La Paz se venía a caballo (90 km.), recorría el poblado y las estancias. Bautizaba, casaba, celebraba misa por los difuntos y partía. La religión que se transmitió fue sobre todo la que se aprendió de los abuelos: con una teoría muy rudimentaria (incluso a veces equivocada en la idea de Dios, y una práctica ritual muy concreta para la realidad. Como era difícil reunirse en comunidad para celebrar la fe., todo había que hacerlo personalmente o en familia.

Cuando hemos misionado la campaña de la parroquia, encontramos infinidad de vestigios de la religiosidad popular. “Oraciones de las de antes”(como el bendito), transmitidas por la abuela y que se fueron perdiendo cuando los chicos comenzaron a ir al catecismo y aprender las de “ahora” (el Padrenuestro, el Ave María). Un altar en cada casa, con infinidad de imágenes y estampas de santos, ennegrecidas por el tiempo y el humo de las velas que se les enciende como ofrenda u oración. El “velar la mesa” nueve días, mesa sobre la cual estuvo el muerto antes de ser enterrado; por supuesto que acompañado de asado, vino y acordeón. La cruz del camino, las cintas, las flores, el colocar la cruz del finado a los nueve días, las leyendas populares, las fiestas a los santos patronales de la familia o a milagreros del lugar, la quema de nidos en San Juan y los ritos de la fertilidad en este mismo día…

Habría tanto para contar y detenerse. Pero es imposible abarcar todo. Por esto quisiera acotar este trabajo a algo muy concreto: relatar la historia de uno de los tantos personajes que componen el ideario popular. Entre el Gaucho Gil, Ramoncito Muñoz, o la Cruz de Francisco López, elegí a Lázaro Blanco como prototipo. Creo que si hubiera presentado alguno de los otros tres, el trasfondo a detectar no hubiera variado. Luego intentaré comprender cómo estos relatos en apariencia paganos tienen una raíz profundamente cristiana, y la idea que subyace en la base y que es el desafío para una nueva evangelización.

 

El gaucho Lázaro Blanco

 

Uno se pregunta siempre dónde comienza la historia y dónde el mito popular en la historia de Lázaro Blanco. Hay unos hechos que no se pueden discutir: una capillita colmada de recuerdos en el campo, al costado del antiguo camino de tierra que unía Feliciano con La Paz; una tumba, llena de plaquetas con agradecimientos, en el cementerio local. Pero la historia ya está rodeada de romanticismo.

Cuenta la historia que, a fines del siglo pasado, cuando las comunicaciones entre los pueblos tenían al caballo y al chasque como el medio más rápido y eficaz, el correo de Feliciano se llamaba Lázaro Blanco. Hombre joven, había demostrado su pericia unos años atrás, cuando el dueño de una estancia quería una diligencia en Paraná, la capital de la provincia, distante a 300 kilómetros. El no conocer la ruta y no haber buenos caminos no desanimó a este joven para ofrecerse. Su coraje y determina¬ción hizo que llevara a buen término la misión. “Hacéte la fama y hecháte a dormir” dice uno de nuestros dichos popula¬res. Y en este caso se hizo realidad. A partir de ese momento Lázaro fue el “correo oficial” de las estancias del pago.

Un día el comisario del pueblo necesitaba enviar un recado urgente hacia la comisaría de La Paz. Como era importante le pidió al Chasque Lázaro Blanco que le hiciera la gauchada. Había un sólo problema: se estaba armando una tormenta. Pero esta dificultad es sólo para los cobardes. Lázaro aceptó el mandado. El comisario, como para amenguar los riesgos, le ofreció al mensajero que llevara su caballo, un tordillo. Era de sabiduría popular que este pelaje no atraía los rayos. Desgraciadamente, tres días después, una partida policial encuentra el cadáver del gaucho y de su caballo. Como arreciaba la tormenta se bajó del caballo y se refugió en un gran algarrobo. Gran error, porque el árbol atrajo un rayo que lo mató junto a su montado. La partida lo entierra en ese lugar y, cómo es costumbre nuestra, clavan una cruz de palo con su nombre inscripto.

Hasta aquí la historia. De aquí en más la leyenda se divide un tanto. He podido recoger dos narraciones, que en el fondo cuentan lo mismo, pero con dos situaciones distintas.

Una dice que había una gran sequía en Feliciano. Un criollo del lugar tenía puestas vacas en arriendo en el campo de una señora. Como las aguadas se secaban le pidieron al paisano que saque sus animales del campo. Triste iba el hombre con su tropa, condenada a la muerte o a la malaventa para salvar algo. En eso pasa por delante de la cruz que marca el lugar de la muerte de Lázaro Blanco. Desde lo profundo de su corazón le hace una oración: “Lazarito Blanco, si hacés llover te hago un monolito en el cementerio”. A la noche cayó un “aguacero madre”, de esos que hay que pedir que pare para que no haya inundación. El hombre cumplió su palabra y comenzó así la fama de milagrero de nuestro amigo chasque.

La otra historia es un poco más fantasiosa, a mi modesto entender. También nos sitúa en una gran sequía. Pero el personaje es el dueño del campo. También ve como los trabajos de toda una vida se le están yendo con el pasto amarillo de los campos y el agua ya barrosa de los arroyos. Una noche sueña con un hombre que lo lleva hacia un lugar y, allí, le dice que pida la gracia de la lluvia. Cuando se despierta, eleva una oración. El agua también llega en abundancia, como en el otro caso. El paisano reconoce el lugar de su sueño. Va allí, descubre el nombre del personaje que se le apareció en la noche de sequía. Como agradecimiento, lo traslada al cementerio y le hace un monolito sobre su tumba.

La Leyenda del “gaucho milagrero” gana lentamente los corazones de los lugareños. Se van multiplican los ruegos y las ofrendas votivas por las gracias concedidas. Cuando uno visita la capilla que se ha construido en el lugar de su muerte, puede encontrar desde coronas de flores, cintas votivas y restos de velas encendidas, hasta manubrios de autos y trofeos deportivos. Hace ya mucho tiempo se puede escuchar decir a la gente sencilla que ha conseguido algo “gracias a Dios y a Lazarito Blanco”.

 

Conclusiones

 

Octavio Paz dice que “lo que dice el mito NO es lo que dicen las palabras del mito“. En este relato de Lázaro blanco, al igual que en los otros que no he relatado, se puede encontrar ciertas ideas subyacentes:

 

1- Raíz cristiana de este culto.

Esto seguramente escandalizaría a más de uno. Pero es la realidad. Nuestro pueblo, cuando fue evangelizado por primera vez, recibió una impronta muy particular. Los guaraníes tenían muchos dioses tutelares para los distintos acontecimientos de su vida diaria. Los Jesuitas les mostraron el rostro del Dios verdadero. Pero asumieron el universo religioso de este pueblo, lo purificaron de su paganismo y lo transformaron. ¿De qué manera? Difundiendo la devoción a los santos patronales. Cada santo tenía la función de ser un intercesor para una gracia particular. Y esto perdura hasta hoy. En las intenciones de las misas, diariamente, en mi parroquia hay no menos de diez santos distintos. Hasta un día vinieron a comprar una estampita de “San Sansón”: patrono de los hombres que hacen trabajos de fuerza. Cuando los cristianos quedan en la orfandad del S XIX, paulatinamente esta doctrina queda de lado, pero no su intuición fundamental. Surgen así las devociones populares a “San Lamuerte”, esqueleto al cual se le pide la protección frente a este hecho vital que tanta angustia desata en todos los hombres de cualquier cultura.

Es también es en este contexto que aparecen los hombres que son elevados a los altares por la gente. Cuando no se conoce la historia de ningún santo, por más que se lo nombre e invoque, se va haciendo lejano de la vida diaria. Si aparece alguien con una historia especial, demarcada en ciertos parámetros que (inconscientemente) se exigen, automáticamente se provoca la devoción. ¿Cuáles son estos parámetros? Presento dos a continuación.

 

a- La muerte trágica redime al hombre.

Todos estos personajes coinciden con Lázaro Blanco en haber tenido una muerte trágica, ya a manos de la naturaleza como en el que relatamos y el de Ramoncito Muñoz, o a manos de los hombres como el Gaucho Gil y Francisco López.

El ser humano quiere salvarse. Por los rudimentos de la doctrina que hay se sabe que salvarse significa librarse del infierno, ir al cielo. También se escuchó decir que un hombre que murió trágicamente en una cruz logró llegar allí el primero. Si esto lo logró ese tal Jesús, lo mismo le puede pasar a cualquier cristiano en esta tierra.

b- El que llegó es solidario con los que todavía están aquí.

Si está con Dios, puede interceder. Por lo menos eso enseñaron los padres jesuitas en el catecismo. Lázaro es sobre todo un milagrero. Se le piden “gracias” y él las concede. Por esto se le hacen placas, se le entregan ofrendas votivas, se le encienden velas, se le regalan cintas y flores, se va al campito de su muerte, en familia o con amigos y se arma una bailanta en honor del “santo”.

 

2- Cuando falta el anuncio de un contenido cristiano

La fe no se pierde, sino que se transforma y adopta un contenido pagano. Frente a esto es necesario un anuncio “nuevo” en su ardor, en sus métodos y en su expresión. Un anuncio de Aquel que es el Hijo de Dios hecho hombre; que me amó y se entregó en la cruz; que murió y resucitó por mí y que es el único mediador entre Dios y los hombres: JESÚS DE NAZARETH

1 Comentario

  1. Muy bueno el artículo.
    Es la primera vez que un sacerdote no condena este tipo de cultos.
    Yo no soy devota de Lázaro Blanco ni Gauchito Gil, etc. Pero estuve en Mercedes en la fiesta de este último y realmente lo que se vive allí es extraordinario. El Gaucho Gil no será santo pero los milagros son reales; suceden por la gran fe que los devotos depositan en él. Y Jesús dijo: “La fe, mueve montañas…” Es así, aunque uno deposite la fe en un culto “pagano”.
    Lázaro Blanco, por otra parte, es un “Santo popular” que me intriga desde hace mucho tiempo. Muy informativo y completo su artículo.
    Felicitaciones!!!
    NANCY.

  2. Padre los verdaderos santos son los Canonizados por la Iglesia. No confunda a los fieles con advocaciones satánicas!, tenemos mas de 5000 santos para estar inventando santos falsos. Rezare por usted para que no siga en la apostasía.
    Un cordial saludo en Cristo
    Luis

  3. Luis: o sos cortito de entendedera o no leíste el párrafo final (que está acorde con el espíritu del análisis).
    Como no quiero ofenderte, prefiero pensar que no leíste hasta el final.
    Bendiciones.

  4. no puedo fustigar la creencia popular. lo que si puedo decir es que cuando las personas se aferran a algo para poder estar en armonia con la vida, es bueno que se respete su devoción. padre metale nomás que as´también se evangeliza.

  5. Me gusto el artìculo, no soy devota de Lázaro Blanco,pero me pareció muy interesante,además me aclaró bastantes dudas que tenía sobre la devoción de algunas personas (no las comparto pero las respeto).Un saludo afectuoso, que Dios lo bendiga

  6. La verdad puedo dar entender lo que es una manifestacion religiosa es tener fe en algo, en este caso puede ser a una imagen cualquiera que sea, para entender hay que tener la mente muy clara de que una cosa es ser fanatico una cosa es tener fe en una imagen, quiere decir yo creo donde nace de lo profundo del ser uso es una manifestacion personal, fanatismo es algo como el partido Peu con Ecuador yo quiero que gane Peru eso es fanatismo es el momento de furor que lo vives en cambio cuando es algo espiritual no es furor si no es vivir meditar tu vida en que estado se encuentra.

  7. soy devota de Lazaro Blanco ,desde que 8 o 9 años escuchaba que la gente de mi pueblo se preparaba para ir a una fiesta ,yo no entendia muy bien ,pero a mis 35 años quieria tener auto y dije si queres que vaya ase que pueda comprar mi auto ,asi fue ,en un auto era 8 persona y un cordero para comer ahi ,siembre que cambio mi auto voy a visitarle,que dios le bendiga,gracias por publicar la historia de un grande

  8. Me pregunto: Acaso esos santos, ¿no fueron hombres como tu o yo con una vida terraenal? ¿que los hace diferentes de los santos no canonizados? Desde ya digo que en lo unico que yo creo es en Dios – Cristo. Me parece mal que mas de 500 santos para intervenir ante Dios ¿Porque simplemente no nos dirigimos ante Dios?

  9. Dos cosas:

    La primera, no es santo canonizado. No se si está en el cielo o no. No puedo ni afirmarlo ni negarlo.

    Lo segundo, tenés razón en algo: no necesitamos de mediadores para orar al Señor luego del puente que tendió el Verbo Encarnado con su muerte y resurrección. Pero… cuando alguien conocido está en problemas y te pide una oración: ¿acaso vos no rezás intercediendo por tu amigo?

    Si no lo hacés… sos un egoísta que solo piensa en vos.

    Si lo hacés… ¿porque te escandalizas que alguien le pida una oración de interseción a un amigo (santo)? ¿O creés que la capacidad de interceder por otro se termina aquí en la tierra?

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