La comunión fraternal

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La Providencia hizo que me encontrara con un trabajo práctico que hice en el Seminario. La materia eran los Libros Sapienciales del Antiguo Testamento. El escrito fue sobre el Salmo 133, que dice:

“He aquí que bueno y que dulzura
habitar todos los hermanos como uno.

Como ungüento bueno sobre la cabeza, que baja por la barba,
que baja por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestiduras.

Como rocío del Hermón
que baja sobre las alturas de Sión.

Porque allí manda Yahveh la bendición,
la vida hasta la eternidad.”

Esta es una composición sapiencial que celebra la fraternidad comunitaria usando el estilo proverbial de la época en que fe escrito. Y de esta se desprende indirectamente una alabanza a Dios.
Pertenece a una colección que se llama “canciones de las subidas”. Esta es una serie que incluye los salmos que van del 120 al 134. Se cantaban en el marco de las peregrinaciones anuales que el Pueblo Judío hacía hacia Jerusalén. Estas fiestas eran una ocasión propicia para que crezcan los vínculos familiares y se intensifique la unión nacional.

En nuestro contexto actual, sería muy bueno que los creyentes lo recemos. Con dos intenciones: pedir la unidad y meditar dónde está la fuente de la misma.

Como las palabras, los personajes o la geografía nos pueden resultar un tanto extrañas, les iré dando el contenido a través de las próximas entregas. (De paso comparto con ustedes algo que tenía guardado en un rincón oscuro de mi biblioteca).

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