Jueves Santo, día del sacerdote

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En la Última Cena Jesús nos dejó el milagro de su Amor y Vida: su presencia en el Pan de Vida, en la Eucaristía. Y le dio un mandato a los apóstoles: “Hagan esto en memoria mía”. Nace así el sacerdocio cristiano. Por eso es un día en el cual es bueno rezar por todos los sacerdotes. Y nosotros agradecemos profundamente esa oración.

lavatorio pies Jesus

El Jueves Santo se reza lo que se conoce como Misa Crismal. Allí todos los sacerdotes nos reunimos con nuestro obispo y renovamos nuestros compromisos presbiterales. Además, se bendicen los aceites que se utilizarán para celebrar los sacramentos en el transcurso del año.

En mi Arquidiócesis, Paraná, a esta Misa la celebramos el Miércoles Santo. Catolicus compartió la predicación que nos hicieron para el retiro que tuvimos por la mañana. Yo, hoy, quisiera compartirles dos trozos de la homilía que hiciera el Arzobispo Juan Alberto Puiggari. Allí nos habla del recogimiento espiritual y de la esperanza. El texto completo lo pueden leer en la página del arzobispado.

Recogidos para no caer en el activismo

“Permítanme, queridos hermanos sacerdotes, pedir la gracia para todos nosotros: en primer lugar del recogimiento. Soy consciente de las múltiples tareas pastorales que a veces los agobian.”

“Quien vive zambullido en el activismo, quien vive superficialmente, está disperso en las muchas distracciones del quehacer diario; quien carece de unidad interior y se halla escindido por las muchas corrientes y afanes que nos arrastran no puede dar a nuestros hermanos lo que ellos buscan en el sacerdote. Sólo quien en sí mismo  tiene recogimiento puede proporcionar recogimiento a otros, puede irradiar esa paz, esa unidad interior,  que los lleva a Dios, que es lo que anhelan en su corazón.”

Recogimiento quiere decir salir de las dispersiones, quiere decir buscar el arduo camino hacia lo alto para poder descubrir el plan de Dios.”

“A partir de ahí, resulta que el hecho mismo de estar recogidos, es una elemento decisivo de nuestro servicio sacerdotal. Nosotros no podemos desempeñarlo correctamente si somos personas carentes de unidad, dispersos, divididos y superficiales. Yo creo que es un viejo peligro nuestro cuando, a la vista de las muchas ocupaciones que recaen so­bre nosotros, que son importantes para nosotros, que se nos imponen, empezamos descuidando nuestros momentos de profundo contacto con Dios.

Llegamos a creer que sólo estamos trabajando realmente como sacerdotes cuando hacemos cosas que se pueden listar, enumerar como trabajos realizados. Y, sin embargo, nuestro mundo está enfermo de ese activismo, que separa a los hombres en sus obras y que los hace tan pobres y vacíos en su interior, tan dispersos y, por eso, tan agresivos, tan belicosos unos contra otros. No se trata de rehuir el trabajo pastoral, todo lo contrario, sino del centro imprescindible mediante el cual aprendemos a ser personas de recogimiento. Se trata de que, a lo largo de las tareas de la jornada, busquemos siempre la hora para el recogimiento. Pues esto es lo que espera la gente de nosotros: encontrar a alguien que no esté agitado por la prisa, sino que irradie algo de recogimiento, de paz, del sosiego propio de lo permanente, que nos calma y libera internamente.”

Una esperanza a toda prueba

“En segundo lugar quiero invitarlos a levantar el corazón y centrarlo en la serena luz de la Esperanza Teologal.”

“El Espíritu Santo nos apremia a “vivir alegres en la esperanza” y nuestros hermanos y el mundo exige de nosotros un claro testimonio de esperanza sacerdotal, testimonio de esa esperanza que no defrauda. La esperanza supone de la fe y en ella se apoya. La crisis y falta de fe se proyectan y se traducen en una crisis de esperanza. Muchos de nuestros hermanos la han perdido y lo que es peor, no les desespera la falta de esperanza. Se aferran al presente visible, porque el futuro está vació de eternidad y la vida futura no cuenta.”

“Por una ósmosis ambiental, también este clima penetra en el corazón del sacerdote. Esperamos más de nuestras obras que de la misteriosa acción de la Iglesia. “el mundo nos ha contagiado un poco su desilusión y su amargura. Demasiado entregados a la acción… terminamos por agotarnos física y espiritualmente…” Hay un cierto desaliento que se origina en una impaciencia humana, existe una gran tentación de desesperar.”

Esperanza no quiere decir insensibilidad, indiferencia o pasividad. Tampoco es un ingenuo optimismo o la actitud derrotista de que no se puede, es tener la certeza de que Jesús es el Señor de la historia que permanece junto a Su Iglesia hasta el final y que va peregrinando con nosotros hacia el Padre: “ vayan anuncien el Evangelio a toda la Creación. Yo estaré siempre con ustedes hasta el final del mundo” (Mc 16,15). Y esto no es con ánimo de consolar o adormecer su conciencia, sino con la certeza de la fe y el deseo de despertar nuestra magnanimidad y la  audacia evangélica.”

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