Es costumbre en la Argentina que el séptimo hijo varón sea ahijado de bautismo del Presidente de la República. Infobae nos trae la noticia de que la Sra. Cristina Fernández de Kirchner amadrinará al niño de la familia Oviedo de La Plata. Será su primera experiencia al respecto.

 

entrada iglesia

Como esto la tomó desprevenida, entonces consultó los alcances del decreto 848 (del año 1973). Sus asesores en la materia le informaron que un representante suyo se presentará en la ceremonia. Al ahijado se le regalará una medalla de oro, un diploma conmemorativo y una beca de estudios. Se deja expresamente aclarado que «el padrinazgo presidencial no crea derechos ni beneficios de naturaleza alguna a favor del ahijado o de sus parientes». Sin embargo, el diario consigna que la mamá del niño aseguró que la Presidente Kirchner siente que se podría hacer más por el séptimo hijo varón de las familias argentinas. Por este motivo, «va a pedir que se revea el decreto».

 

El sentido del padrinazgo

De todo esto, me surge una pregunta: ¿para que «sirve» un padrino o una madrina de bautismo? La función está en el interrogatorio que el sacerdote realiza al comienzo de la ceremonia.

Primero se le da la bienvenida a todos los presentes. Luego se les hace a los padres tres preguntas:

¿Qué nombre pusieron a su hijo? (digamos) Juan Pablo

¿Qué piden a la Iglesia de Dios para Juan Pablo? Se responde el bautismo, o la fe, o la gracia de Cristo, o la entrada a la Iglesia o la vida eterna.

A continuación el sacerdote dice:

Ustedes que han pedido el bautismo para su hijo, ¿saben que contraen el compromiso de educarlo en la fe, para que cumpla los mandamientos de Dios, amando al Señor y a su prójimo, como Cristo nos enseñó? Y los padres responden que sí, lo saben.

 

Interrogatorio a los padrinos

Aquí viene la primera intervención de los padrinos, a los cuales se les dice:

Ustedes, los padrinos, ¿están dispuestos a ayudar a los padres en esta tarea? Y ellos, responden que sí, estamos dispuestos.

Como verán, el padrinazgo es algo más que regalarle a un niño (o joven o adulto) un certificado o una beca. El madrinazgo es regalarle el compromiso de acompañarlo con la palabra y el ejemplo para que esa fe, depositada como semilla, de frutos de vida eterna.

La segunda intervención de los padrinos en la ceremonia está precedida de estas palabras de exhortación del sacerdote:

«Estimados padres y padrinos: este niño que han presentado a la Iglesia va a recibir en el bautismo, por medio del agua y del Espíritu Santo, una nueva Vida que procede del amor de Dios. Traten de educarlos en la fe, para que esa Vida divina sea preservada del pecado y crezca en ellos día tras día.
Si están dispuestos a aceptar esta responsabilidad, renueven el compromiso bautismal de ustedes, renunciando al pecado y profesando la fe de ustedes en Jesucristo, esa misma fe de la Iglesia, por la que estos niños serán bautizados.»

Y entonces se les interroga sobre una triple renuncia y sobre la triple aceptación de la fe en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo (el credo dividido en tres partes).

Para las renuncias hay tres formularios. Les tipeo el tercero:

¿Renuncian a Satanás, esto es:
al pecado, como negación de Dios;
al mal, como signo del pecado en el mundo;
al error, como negación de la verdad;
a la violencia, como contraria a la caridad;
al egoísmo, como falta de testimonio del amor?
Sí, renuncio

¿Renuncian a sus obras, que son:
la envidia y el odio;
la pereza y la indiferencia;
la cobardía y las omisiones;
el materialismo y la sensualidad;
la injusticia y el favoritismo;
el negociado y el soborno?
Sí, renuncio.

Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
el dinero como la aspiración suprema de la vida;
el placer ante todo;
el propio interés por encima del bien común?
Sí, renuncio.

Dejo constancia que podría haber subrayado algunas partes de estas preguntas. Pero no lo hice.

Además, espero que la modificación del decreto que quiere hacer la Presidente sea exigir que los padrinos cumplan a rajatabla el compromiso de educar en la fe y, sobre todo, cumplan esas renuncias a las actitudes teñidas con el mal… Pucha, ¿seré yo tan iluso?

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