Unas simples sugerencias para hacer el «camino del Pan» (Vía panis) meditando sobre la Eucaristía regalada por el Señor Jesús.

piedad

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Al comenzar esta procesión eucarística invoquemos a Dios con la oración que Jesús, pan vivo bajado del cielo, nos enseñó.

Todos juntos al caminar cantamos …

Primera Estación del Via Panis

Primera multiplicación de los panes
Leemos el Evangelio según San Mateo (15,29-39)

Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino».
Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?».
Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados».
El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas. Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Después que despidió a la multitud, Jesús subió a la barca y se dirigió al país de Magadán.

Repetimos a cada exclamación:

“Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar”

Bendito sea el sacramento del pan y del vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre.

Bendito sea el sacramento de la Pascua, inaugurado en la última cena..

Bendito sea el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Jesús entregado por nosotros.

Bendito sea el sacramento de su amor.

Bendito sea el sacramento del don de Dios que se convierte en nuestra ofrenda.

Bendito sea e sacramento de nuestra reconciliación y de nuestra unidad.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día: Padre nuestro…

Todos juntos al caminar cantamos …

Segunda Estación del Via Panis

El que viene a mí jamás tendrá hambre
Leemos el Evangelio según San Juan (6,24-35)

Desde allí, Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó.
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello».
Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?».
Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado».
Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo».
Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».
Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».
Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Repetimos a cada exclamación:

“Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar”

Bendito sea el sacramento de la Pascua, inaugurado en la última Cena.

Bendito sea el sacramento de la caridad.

Bendito sea el sacramento de la iglesia, una y santa.

Bendito sea el sacramento que une nuestros sufrimientos al sacrificio de Cristo.

Bendito sea el sacramento que da la vida, la fuerza y la alegría.

Bendito sea el sacramento que rescata y santifica al mundo.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día: Padre nuestro…

Todos juntos al caminar cantamos …

Tercera Estación del Via Panis

Yo soy el Pan vivo bajado del cielo
Leemos el Evangelio según San Juan (6, 51-58)

Jesús dijo: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Repetimos a cada oración:

Cristo, pan bajado del cielo, danos la vida eterna.

Cristo, Hijo de Dios vivo, que nos mandaste celebrar la Eucaristía como memorial tuyo, da vida a tu Iglesia con la celebración de tus misterios.

Cristo, Señor nuestro, sacerdote único del dios altísimo, que has querido que tus ministros te representaran en la cena eucarística, haz que los que presiden nuestras misas imiten en su manera de vivir lo que celebran en el sacramento.

Cristo, pan bajado del cielo, que haces un solo cuerpo de cuantos participan de un mismo pan, aumenta la unidad y la paz entre los que creen en ti.

Cristo, médico enviado por Dios Padre , que por el pan de la Eucaristía nos das el remedio de la inmortalidad y el germen de la resurrección, da salud a los enfermos y esperanza a los pecadores.

Cristo Señor, rey al que esperamos, tú que nos mandaste celebrar la misa para anunciar tu muerte y pedir tu retorno, haz participar en tu resurrección a los que han muerto estando en tu amor.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día: Padre nuestro…

Todos juntos al caminar cantamos …

Cuarta Estación del Via Panis

Segunda multiplicación de los panes
Leemos el Evangelio según San Mateo (15,32-38)

Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino».
Los discípulos le dijeron: «¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen?». Ellos respondieron: «Siete y unos pocos pescados».
El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo; después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas. Los que comieron eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

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Repetimos a cada exclamación:

Bendita sea la preciosísima Sangre de Jesús

Bendita sea la sangre de Jesús, nacido de la Virgen María.

Bendita sea la sangre que sudó en el monte Getsemaní.

Bendita sea la sangre que corrió en la flagelación.

Bendita sea la sangre que corrió de la cabeza coronada de espinas.

Bendita sea la sangre que corrió de las manos y los pies traspasados.

Bendita sea la sangre que corrió del costado abierto.

Bendita sea la sangre que nos lavó de nuestros pecados.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día: Padre nuestro…

Todos juntos al caminar cantamos …

Quinta Estación del Via Panis

Tomen: esto es mi cuerpo; esta es mi sangre.
Leemos el Evangelio según San Mateo (26,26-29)

Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo».
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».

Repetimos a cada exclamación:

Bendita sea la preciosísima Sangre de Jesús

Bendita sea la sangre que nos lavó de nuestros pecados.

Bendita sea la sangre del Cordero sin mancha que nos liberó.

Bendita sea la sangre de la Cruz que nos ha reconciliado con Dios.

Bendita sea la sangre del cáliz derramada para el perdón de los pecados.

Bendito sea el cáliz de bendición que nos hace comulgar con la sangre de Cristo.

Bendita sea la sangre de la nueva y eterna alianza.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día: Padre nuestro…

Todos juntos al caminar cantamos …

Sexta Estación del Via Panis

Lo reconocieron al partir el pan
Leemos el Evangelio según San Lucas (24,13-35)

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?».
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».
«¿Qué cosa?», les preguntó.
Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba».
El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan
.

Repetimos a cada oración:

Cristo, pan bajado del cielo, danos la vida eterna.

Cristo Jesús, sacerdote de la alianza nueva y eterna, que sobre el altar de la cruz presentaste al Padre el sacrificio perfecto, enséñanos a ofrecerlo con vos en el sacrificio de la misa.

Cristo, Señor nuestro, rey supremo de justicia y de paz, que consagraste el pan y el vino como símbolo de tu propia entrega, enséñanos a ofrecernos con vos en el sacrificio de la misa.

Cristo Jesús, verdadero adorador del padre, cuyo sacrificio ofrece tu Iglesia desde la salida del sol hasta su ocaso, reúne en tu cuerpo a los que alimentas de un mismo pan.

Cristo, Señor nuestro, pan bajado del cielo, que alimentas a tu Iglesia con tu cuerpo y con tu sangre, fortalécenos con este alimento en nuestro camino hacia el Padre.

Cristo Jesús, huésped invisible de nuestro banquete, que estás a la puerta y llamas, entra en nuestra casa y cena con nosotros.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día: Padre nuestro…

Todos juntos al caminar cantamos …

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!