Un tipo recorre un camino cargando una cruz. Al final muere sobre ella y es sepultado.

Esta sería una de las tantas vidas trágicas del mundo si no fuera por dos cosas.

Primero, este tipo resucitó al tercer día y está vivo. Segundo, en este hombre llamado Jesús de Nazaret, “habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Col 2,9).

Esto hace que nos encontremos frente a un hecho inaudito de la historia humana. Podés creerlo o no… es tu decisión hacerlo. Sos libre y él murió para que seas totalmente libre.

Hoy te quiero dar varios tips para que puedas meditar sobre sus últimos momentos. Son las 14 paradas del camino de la cruz.

Este video no es para que lo veas de un solo saque. Después de cada parada tecleá la pausa y medítalo un ratito.

Lo podés meditar en el silencio de tu habitación… en el transporte cerrando los ojos… o delante de las imágenes del Vía Crucis que tienen todas las iglesias católicas. Dónde puedas y quieras.

Te hago una promesa. Si ese silencio es orante y lo hacés con el corazón abierto… te aseguro que vas a culminar lleno de gracia y bendiciones.

Te dejo también el guión, por si lo quieres directamente leer o seguirlo mientras lo digo.

Parada 1: Jesús es condenado a muerte

“No todo el que me dice 'Señor, Señor' entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21)

Lo condenó con su ambición Judas. Lo condenaron los apóstoles huyendo. Lo condenó con su negación Pedro.

Lo condenaron con su envidia los sacerdotes. Lo condenó con su burla Herodes. Lo condenó con su exitismo el pueblo. Lo condenó con su flojedad Pilatos.

Un inocente que también fue condenado por vos y tus maldades.

Parada 2: Jesús con la cruz a cuestas

“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.” (Lc 9,23)

No era responsable. No tenía que meterse en la vida de los demás. No tenía por qué hacerlo. Nadie lo obligaba. No fue la fatalidad o las circunstancias: esa cruz era su destino de amor. Del amor a Dios Padre y a toda la humanidad. De su amor por vos.

La carga no porque lo “siente”... o le gusta... o sea fácil. La abraza porque te ama.

Parada 3: Jesús cae por primera vez

“Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencia, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado.” (Is 53,4)

A la cruz la lleva un hombre… no un superhéroe de películas. La cruz es real, no una fantasía producto de la imaginación. La realidad pesa y te tira al piso cuando las fuerzas te faltan.

Jesús cae aplastado por la cruz. Le duele… sufre… pero su convicción es tan profunda que se levanta. Porque hay que seguir caminando… sin bajar los brazos… hasta la meta final a la que el amor te impulsa. Hasta dar la vida… toda la vida… sin límites ni excusas.

Parada 4: Jesús encuentra a su Madre

“Una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.” (Lc 2,35)

Otra mujer le hubiera dicho: “te lo dije… sos demasiado bueno… ibas a terminar mal”. Pero esta mujer tenía la mirada llena del Espíritu de Dios. Sufre con su hijo, inocente maltratado. Pero sus ojos ven lo que otros no ven… el misterio que comenzó con el Anuncio del Ángel… la hora que se está cumpliendo.

El hijo mira a la Madre y le dice: “esto también es por vos”…

Y la comunión del amor en el dolor se hace plena.

Parada 5: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz

“Ayúdense mutuamente a llevar las cargas y así cumplirán la Ley de Cristo.” (Ga 6,2)

Simplemente pasó por ahí. Ni siquiera se ofreció. Simplemente los soldados lo obligaron a colaborar. El se enojó… protestó… pero lo tuvo que hacer. Y siguió hasta el final. Y su corazón se fue ablandando… y pasó de ser espectador a participar activamente. Pasados los días… cuando comprendió… entonces se hizo discípulo del que ayudó obligado. Pero entonces fue por amor, agradecido y engrandecido por ese misterio.

Jesús simplemente se deja ayudar. No lo necesita. Es el que lo ayuda el que lo necesita… aunque todavía no lo sepa.

Parada 6: La Verónica le seca la cara a Jesús

“Cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25,40)

No vale la pena que lo hagas. No transformarás el mundo con esas pavadas. Tenés que hacer la revolución para haya justicia y no simplemente sensibleros actos de caridad aislados… Podrían ser esos los prejuicios de esta mujer. Pero da el paso.

Un gesto sencillo. Pequeño. Una mujer que se acerca y le seca la cara ensangrentada. La realidad del condenado no va a ser menos dramática. Pero es un gesto de compasión que alienta el ánimo de quien lo recibe.

Jesús, el Amor que está amando sin límites, se deja amar por este gesto pequeño. Reconfortado lo agradece con su mirada.

Parada 7: Jesús cae por segunda vez

“Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente.” (1 Pe 2,23)

La situación general es humillante. El cuerpo ya no lo soporta todo…Pero también el camino está lleno de burlas y reproches de los que antes te seguían. Y eso duele más que las heridas de la carne.

Y Jesús cae por el peso del ambiente. Nunca buscó aplausos o seguidores de la fantasía del milagrero. Fue maestro de la Vida eterna y se abrió a tener discípulos. Pero los reproches falsos también desmoronan a las personas con buenas intenciones y conciencia recta.

Jesús cae… pero se levanta porque tiene claro lo que debe hacer. Su camino no termina en el camino sino en la cruz.

Parada 8: Jesús encuentra a las mujeres

“Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos” (Lc 23,28)

El hijo de la vecina causa pena. Ese muchachito que parecía bueno y terminó mal. Ese muchachito que nos produce dolor porque lo conocimos desde pequeño… lo vimos crecer… tenía tanta potencialidad.

Y ese dolor transformado en llanto que parece decir: “algo habrá hecho para terminar así”…

Y Jesús las mira con amor. Simplemente les recomienda que miren a sus hijos… a todos los hijos de este mundo. Porque Él, que no tiene sombra de mal en su vida, está sufriendo para que los malos puedan ser buenos… para que los buenos puedan ser santos… y está llegando el día del juicio.

Parada 9: Jesús cae por tercera vez

"Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin." (Jn 13,1)

Ya no pesa la cruz material… le pesa la vida. La existencia que se muestra corta y llena de sufrimiento. Y el desaliento que te tira al piso. Te destroza las ilusiones. Y está bien que sea así. Porque no hay que afirmarse en ilusiones sino en la realidad.

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Hay caídas que purifican intenciones, que permiten la mirada clara de lo que se busca conseguir.

En esta humana caída de Jesús todo queda claro: o das hasta la última gota o nada tiene sentido. Y amar duele. Pero es la fuerza invencible que te ayuda a levantarte y no aflojarle a tu misión. Porque vale la pena amar hasta el fin.

Parada 10: Jesús es despojado de sus ropas

"Jesús decía: 'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen'. Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos." (Lc 23,34)

Darlo todo es… darlo todo. Jesús se dejó despojar de todas sus pertenencias. Quedó desnudo frente al mundo para dejar en evidencia que no son las cosas las que nos hacen plenamente humanos. No son las cosas las que nos dan armonía interior. No son las cosas las que dan nivel, status, o nos hacen superiores a los demás.

Porque llega el momento en que las cosas te serán despojadas y quedarás materialmente desnudo frente a todos. En la desgracia o en el tiempo final.

Pero nunca serás despojado de tus verdaderas vestiduras. Las que te hacen verdaderamente humano y están hechas con la tela del dar y darse. Siempre conservarás tus valores y tus buenas obras.

Jesús despojado de sus vestiduras humanas resplandece con la vestidura del amor infinito que se entrega. Lo valioso se pone de manifiesto.

Parada 11: Jesús es clavado en la cruz

“Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero... él no abría su boca.” (Is 53,7)

No es amarrado. Es clavado. Sujeto por dientes de metal que entran por la fuerza bruta del martillo. Desgarrando, rompiendo… fijando al madero.

Clavos que destrozan al que se regala como cordero inocente. Frío hierro que está fundido en la forja de las maldades del mundo. Frío hierro forjado con odios, envidias, ambiciones, violencias, robos, adulterios, chusmeríos. Frío hierro que martilla con la fuerza del pecado humano para destrozar la carne redentora.

Frío hierro que clama su victoria… para ser derrotado. Frío hierro que es convertido en acero por la sangre que lo hace nuevo… pecado redimido.

Parada 12: Jesús muere en la cruz

"Dijo Jesús: 'Todo se ha cumplido'. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu." (Jn 19,30)

Elevado a lo alto, Jesús contempla el mundo. Hasta el árbol de la cruz llega todo lo feo, todo lo inmundo, todo lo podrido. Y el hijo del Hombre lo hace suyo. Su cuerpo sin pecado se hace pecado por nosotros.

Su sangre derramada trae vida nueva. Es el Amor encarnado que se entrega en lugar de nosotros.

Y en la plenitud de la Hora, inclinando su cabeza frente a Dios Padre, nos entrega su Santo Espíritu. La nueva creación ha comenzado… sangre y agua se ha derramado.

Parada 13: Jesús es bajado de la cruz

"Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo." (Mt 25,40)

El hombre ha muerto. Los soldados romanos… miran sorprendidos.

La compasión de un amigo le ahorra el tiempo de su exposición pública. Sus brazos y piernas son desprendidos de sus clavos.

Su cuerpo inerme es recibido por la Madre. María está llena del dolor de toda madre que abraza a un hijo sin vida. El dolor de todo vientre que ha gestado y experimenta la ausencia definitiva. Es la hora del la espada que le atraviesa el corazón.

Pero su llanto no es de desesperación ante la fatalidad. No sabe todavía como… pero si sabe que no todo ha terminado.

Parada 14: Jesús es sepultado

“Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24)

Nicodemo, algún otro discípulo y las fieles mujeres que siempre siguieron a Jesús, amortajan el cuerpo. Breve velorio y raudo sepelio.

Y Jesús desciende a los infiernos. Recorre las oscuras tierras de los muertos… porque en su derrota la victoria está surgiendo.

Si el grano de semilla no muere… al tercer día no resucita. Muerte… ¿dónde está tu victoria?

Recomendación final

Estas han sido las 14 paradas del camino de la cruz de Jesús. No te olvides: un hombre que es Dios ha muerto… por mí, por vos… porque te ama.

Y si en tu libertad querés creer, que la vida nueva no se quede encerrada. Hay una buena noticia que debe ser compartida… ¿te animás? Meditalo.