¿Cuántas veces escuchamos la queja (o excusa… siempre lo dudo) de cristianos alejados que dicen que no van a Misa porque los que concurren habitualmente son malas personas? De una u otra manera se nos echa en cara esta situación. Y, para colmo, tenemos la conciencia de que eso cierto: los que vamos nos mandamos pequeñas y grandes macanas a diario. ¿Entonces? ¿Bajamos la cortina y recomenzamos las celebraciones eucarísticas cuando todos seamos unas Madres Teresas de Calcuta o unos Padres Píos?

Para nada. La situación es otra. Y la misma celebración nos recuerda cómo debemos actuar, cuáles deben ser nuestras actitudes auténticas.

El Papa Francisco nos enseña

Es bueno que lo sigamos escuchando a Francisco… aunque ya no estén sus enseñanzas todos los días en la tele o la radio. Esto es lo que dijo en su catequesis de este miércoles:

“En realidad quien celebra la Eucaristía no lo hace porque cree que es mejor que los demás, sino porque siente la necesidad de ser siempre acogido y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. Si cada uno de nosotros no siente necesidad de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a misa. Vamos a misa porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Dios, participar en la redención de Jesús, en su perdón. El “Yo confieso” que decimos al principio, no es una fórmula, es un verdadero acto de penitencia…. En ese pan y ese vino que ofrecemos y alrededor de los que nos reunimos, se renueva cada vez el don del cuerpo y la sangre de Cristo por la remisión de los pecados…Tenemos que ir a misa humildemente, como pecadores y el Señor nos reconcilia”.

Las oraciones de la Misa nos sumergen en la misericordia

Dos gestos muy significativos. El primero es el acto penitencial. Está enseguida luego del saludo del sacerdote a la comunidad reunida. Ahí nomás, todos sin excepción, nos reconocemos pecadores y pedimos perdón a Dios: “por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”. Siempre me impresionó que decimos “mi” y no “nuestra”. Es que los pecados son personales y no se los puedo achacar a los demás, por más que pequemos juntos.

El segundo está al final. Nos preparamos a la Comunión Eucarística con un gesto de paz. Es bendecir al hermano de la manera como Jesús quiso que la hiciéramos (Lc 10, 5-6 y 24,36): deseando shalom, paz. Es un gesto, a la vez, de reconciliación con el hermano cuando no tenemos paz entre nosotros (Mt 5,23-24).

El sacerdote, por su parte, también tiene un gesto propio y dos oraciones secretas de petición de perdón. El gesto es el lavatorio de manos luego del ofertorio. Una oración secreta es en el momento en el cual besa la Biblia luego de leer el Evangelio y dice “la Palabra del Señor borre nuestros pecados”. La otra oración, más larga, la hace luego de partir la Hostia Consagrada, antes de la Comunión. Si nos fijamos veremos que luego de partir se inclina. Allí hace el rezo que termina con la genuflexión ante el Santísimo.

Así que con todo esto que hemos dicho, es muy cierto de que nos decía Francisco: “vamos a Misa porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Dios”. En otras palabras, quién pone como excusa que no va a la Misa porque quienes concurren son malas personas… no entendió nada… y está con una actitud de soberbia de creerse santo que no necesita de la Gracia, el perdón y la misericordia de Dios. ¿Qué opinan?

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!