El mártir Monseñor Oscar Romero

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Se sabía que estaba al caer, como ya lo informáramos hace un tiempo en estas páginas virtuales. Y hoy nos llegó, en el mismo día que recordamos al médico y obispo mártir que intercede por nuestros males de garganta: San Blas. Pero este es otro mártir más cercano, en tiempo y lugar, a nosotros.

La noticia aparece hoy casi desapercibida en los decretos que presenta el Servicio Informativo Vaticano. Dice así:

“Ciudad del Vaticano, 3 de febrero 2015 (VIS).- El Santo Padre ha recibido esta mañana en audiencia al cardenal Ángelo Amato S.D.B, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y ha autorizado a ese Dicasterio a promulgar los decretos relativos a:
MARTIRIO
-Siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, (El Salvador, 1917-1980) arzobispo de San Salvador (El Salvador) asesinado por odio a la fe el 24 de marzo de 1980.”

¿Quién fue?

Hicimos ya una reseña de Monseñor Romero en el blog que pueden leer aquí. Allí presentamos brevemente su persona y dimos algunos links en los cuales se consiguen sus escritos y homilías. También en esa página le dejé un documental que me parece muy valioso para redescubrirlo. Los invito a que se den una visita por ese sitio.

Ahora simplemente recordemos que fue un pastor que quiso ser fiel a Jesucristo en todo. Y, por eso, quiso ser aquel que se ponía al frente de su rebaño para protegerlo, sobre todo a las ovejas más débiles: las víctimas inocentes de una guerra ideológica entre dos bandos. Eso le valió el odio de quienes se decían católicos, pero que sólo tenían un barniz del Evangelio en sus vidas. Ese odio los llevó a decidir quitarle la vida en el momento mismo en el cual celebraba al Dios que con su Vida nos rescata de la muerte: durante la Misa.

El culto a los mártires

En este artículo pueden enterarse de que se trata dicho culto y su historia dentro de la Iglesia católica. No es un culto de “adoración” (“latría”) ya que este sólo está reservado a Dios y a nadie más. Es un culto de “veneración” (“dulía”) en el cual reconocemos el paso y la obra del Señor en la vida de su siervo (dulía en griego significa siervo o esclavo) y por eso glorificamos al Dios Vivo en la docilidad de quién le fue fiel. En el caso de los mártires, esa fidelidad de vida fue hasta el extremo de permitir que sea derramada su sangre por aquellos que actuaban “por odio a la fe”.

La celebración de los mártires se distingue de la celebración a los fieles difuntos porque esta última esta acotada al círculo intimo, familiar, de sus “deudos”. El culto a los mártires, en cambio, entra dentro del culto oficial de la Iglesia, es decir, es un “homenaje” que toda la Comunidad Católica le realiza pidiéndole su intercesión porque se reconoce su cercanía con Dios.

Lo interesante, para nosotros los argentinos, es que no se hacen las celebraciones el día de su nacimiento sino el día de su muerte. Esto es “interesante” porque es el momento en el cual nace hacia la Vida Eterna: este mártir fue asesinado un 24 de marzo. Tal vez la Providencia quiere que ese día volvamos a centrar nuestra mirada en los más importantes: los que dan la vida y no quienes la quitan (sean de la bandería política o ideológica que sean). El próximo año nos encontraremos celebrando la memoria del Mártir Mons. Oscar Romero, quien dio su vida por fidelidad a Cristo. Tal vez es un momento precioso a partir del cual rescatemos a nuestros mártires de los trapos rojos con los cuales algunos sectores quisieron envolverlos y los cubramos del “trapo” que los hacer ser ejemplo de vida para nosotros: el mensaje de Jesús vivido con fidelidad.

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