Monseñor Romero, la voz de los que no tienen voz

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Fue asesinado un 24 de marzo. Así se transforma en una clave importante para entender la historia de los años setenta. Ni de la derecha ni de la izquierda, sino simplemente desde la mirada de quién fue fiel al evangelio y repudió la violencia, venga de donde venga. Nos puede ayudar muchísimo para entender nuestra propia historia argentina, los sectores en pugna y la falacia de la actual “historia oficial” sobre nuestro pasado setentista.

Desgraciadamente su figura fue apropiada por la izquierda. Y así se desvirtuó totalmente su verdadera identidad. En estos tiempos, en el cual el Papa Francisco ha dado un nuevo impulso a su canonización, es muy bueno volver a reencontrarnos con su figura, su verdadera figura, que es la de un hombre creyente que, en conciencia, quiso ser la voz de los que no tienen voz, de las “víctimas del sistema”.

Hay una película que se estrenó en mis años mozos. Hay también varios videos más cortos. Pero este documental sobre su vida, realizado por el Arzobispado de San Salvador, me ha parecido que es el que mejor rescata su vida, su pensamiento y su acción. El un poco largo, pero vale la pena prepararse unos mates y sentarse a verlo. Llena el corazón de ánimo para vivir el evangelio cada día con más intensidad.

Es muy bueno acercarse a sus escritos. En este link, creado por la oficina de la causa de beatificación, podrán encontrar datos sobre su biografía, proceso de canonización, su pensamiento y publicaciones sobre él. En este otro link podrán leer todas sus homilías.  Les comparto un trozo de una titulada “Cristo, centro y fin de toda la historia humana”, dada el 4 de diciembre de 1977. Luego de presentar la Palabra de San Pablo proclamada, dice:

Cada familia ha tenido sus problemas en esta semana. Más aún, cada uno de ustedes, yo mismo, hemos tenido nuestros problemas, nuestras dificultades personales, familiares, del barrio, del pueblo, de la nación, del mundo, y estas circunstancias actuales no las puede perder de vista el predicador a no ser que quiera predicar un evangelio que no diga nada a los hombres de hoy. Y eso es muy fácil. Por eso dicen muchas veces ¿por qué en tal iglesia, en tal parte, no hay problemas?. No puede haber problemas si estamos hablando de las estrellas, hablando de las cosas que no tocan los problemas que ejercitan nuestra paciencia, nuestra fortaleza, nuestro compromiso de hoy en la historia.

La Palabra de Dios, pues, según San Pablo en la lectura de hoy, tiene que ser una palabra que arranque de la eterna antigua palabra de Dios pero que toque la llaga presente, las injusticias de hoy, los atropellos de hoy y esto es lo que crea problemas. Esto es ya decir: “la Iglesia se está metiendo en política, la Iglesia se está metiendo a comunista”. Ya aburren con esa acusación. Ténganlo en cuenta de una vez, no se mete en política, sino que es la palabra como el rayo de sol que viene desde las alturas e ilumina, ¿qué culpa tiene el sol de encontrar su luz purísima charcos, estiércol, basura en esta tierra?. Tiene que iluminarlo, si no, no sería sol, no sería luz, no descubriría lo feo, lo horrible que existe en la tierra; así como también ilumina la belleza de las flores y le da el encanto a la naturaleza. La palabra de Dios, también, hermanos, por una parte ilumina lo horrible, lo feo, lo injusto de la tierra y alienta el corazón bueno, los corazones que gracias a Dios abundan que se iluminan con esta luz eterna de su palabra divina.

Esto es predicar hoy la palabra, predicación que, como en los tiempos de los profetas, tiene que crear problemas y tiene que despertar odios y tiene que sacudir resentimientos, hasta la forma más vulgar que hemos llegado a ser el objeto. Pero, hermanos, que la basura sienta odio de la luz es gloria de la luz. Ser calumniado por quienes se sienten tocados en su injusticia es un honor. Por eso les digo, hermanos, a mí no me aflige la calumnia. Yo les agradezco las innumerables manifestaciones de solidaridad que me llegan en estos días, pero les digo, tengan alegría y confianza, que no me afligen, al contrario, me honran.

¿Cómo no vamos a sentir hermanos, a la luz de la palabra de Dios los atropellos que se siguen dando en nuestra Patria? Alfonso Muñoz, capturado en Tacachico, no se sabe en dónde está. Inés Merino, golpeado cerca de Zacatecoluca, tampoco se sabe dónde lo llevaron. Treinta presos engañados en el Cantón San Carlos Lempa, en la Hacienda El Porvenir, llevados también a rumbos desaparecidos. Pedro Medina, capturado mientras salía a buscar trabajo. No se puede, hermanos, con una situación así. Los que fueron presos acusados de participación en la ocupación del Ministerio de Trabajo, ni en los mismos testigos del Ministerio han encontrado apoyo las acusaciones, no los han visto. No hay, pues, una razón jurídica para que sigan presos.

Ante estas cosas, hermanos, comprendemos y queremos que no haya terror. Pero ¿quiénes están sembrando el terror? Yo quiero recordar una palabra Pontifical para que no digan que es cosa mía. Al anunciar la Santa Sede el próximo día de la Paz el lº de enero, cuyo lema será: “No a la violencia, Sí a la Paz”, el comunicado de prensa autorizado, pues, por el Vaticano dice esto, fíjense bien: “La violencia puede proceder de personas o de grupos entregados a un frenesí de dominio -poder-, a un frenesí de consumo -tener-, que tiende indebidamente a limitar o suprimir la vida de otras personas o de sociedades humanas, racismos, genocidios, e incluso imposición o mantenimiento por la fuerza de una estructura política o económica, injusta y discriminatoria”. Son palabras de la Santa Sede, yo aquí no invento sino simplemente repito que existe un frenesí de poder, un frenesí de tener, una defensa de poder y de tener que si es necesario acaba con los que se oponen a ese poder y a ese tener. Con injusticias manifiestas.

Por otra parte, no lo olvidemos también, hay que ser justo. “La violencia -sigue diciendo el documento- puede caracterizar también la manera de reaccionar de aquellos que están o se creen oprimidos, y cuyo anhelo de vida o de justicia termina por explotar. Violencia de los débiles, de aquellos que están privados de ciertos derechos fundamentales.” Ellos también, sobre todo aquellos que no quieren comprender la línea de la historia, del Evangelio, en sus compromisos con esta vida, cedan un poco a sus fanatismos y no nos desprecien tanto a los católicos por vivir esta vida que no tiene nada de comunismo sino simplemente llevar a las dimensiones históricas, temporales, sociales, los postulados, las exigencias del Divino Redentor.

Continúa recordando varios hechos concretos que tienen que ver con la inmediata preparación de la Navidad, para seguir diciendo:

Yo no dudo, hermanos, que no soy más que el humilde instrumento del Señor, “dichosos aquellos, decía Cristo, que no se escandalizan de mí.” Porque ahora, hermanos, el mensaje de este domingo de Adviento es precioso. Para iniciarlo, yo tengo aquí unas palabras del Concilio que ponen la importancia de esta palabra ahora. Fíjense si no está reflejado aquí lo que está pasando en la conciencia de cada uno de nosotros. El Concilio, al hablarle al mundo de hoy, dice así: “Los desequilibrios que fatigan al mundo moderno, están conectados con ese otro desequilibrio fundamental, que hunde sus raíces en el corazón humano. Son muchísimos los que atados por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara perfección de este dramático estado. O bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo”. Ven los dos grandes males de hoy: el vivir tan cómodos, tan instalados, tan rico, que prácticamente son materialistas, no tienen tiempo, no les importa analizar la situación dramática del país y de su propia conciencia, están muy a gusto en sus jaulas de oro. Y por otra parte, la demasiada miseria no deja tiempo para ponerse a considerar. ¿Qué tiempo va a tener el pobrecito que está pensando hoy a ver si mañana encuentra trabajo y mañana muy de madrugada con su alforja sale a buscar trabajo y en vez de trabajo tal vez encuentra la prisión, el desaparecimiento. Los dos extremos estorban a esta hora de Navidad. Ninguno de los dos deja ver el Cristo que viene.

“Otros” dice el Concilio. Y fíjense bien, también en esto, para que no confundan a la Iglesia con el comunismo. “Otros esperan del sólo esfuerzo humano, la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro reino del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos”. Esta es la ilusión de unas liberaciones que no piensan en Dios, sino que todo lo hacen consistir en la revolución, en las fuerzas de la tierra, y es también el error de otro ateísmo práctico, porque el materialismo, el que encuentra su felicidad en las cosas de la tierra, tampoco tiene tiempo de ver a Dios y cree que aquí puede encontrar su paraíso en la tierra. Tampoco encontrarán paraíso ni lo podrán construir con leyes de represión. No se puede construir un mundo mejor sólo con los brazos humanos. La insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo a su vida. Esta es otra tentación de hoy. Hay muchos, entre los jóvenes, la filosofía del nihilismo: si no tiene razón de ser la existencia, ¿para qué vivimos? y se acaban por pegar un tiro, por meterse veneno. La vida no tiene sentido.

A todas estas respuestas falsas de la situación dramática del momento ¿qué dice la Iglesia? El Concilio resume así mi homilía: “Cree la Iglesia que Cristo muerto y resucitado por todos da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que se puede salvar, fuera del nombre de Jesús. Igualmente cree la Iglesia que Cristo es la clave, el centro y el fin de toda la historia humana.” Este es Adviento, esta es mi palabra de hoy. Es Isaías que vuelve a clamar, mientras veía que su reino de Judá, ante las amenazas de Asiria poderosa, trataba de aliarse con Siria y con Israel del Norte y después con Egipto. El profeta le dice: No ves que todo eso es traición, a la alianza del Señor. ¿Quieres tú poner tu confianza en los ejércitos? ¿Quieres tú decir que sin ejército no hay Judá, que sin ejército no hay república? ¿Quieres tú pensar que las fuerzas de los hombres son las que van a salvar la situación de Judá? ¿No te estás dando cuenta de que el mal está mucho más hondo? Los hombres comienzan a apostatar de su Dios, se está estableciendo la injusticia en tu pueblo, hay atropellos, todo eso es lo que estorba, conviértanse al Señor y verás entonces cómo brota un nuevo retoño de la casa de Jesé. ¿Saben quién era Jesé? Jesé era el papá de David, David, el rey escogido por Dios para formar de él una dinastía de la que nacerá el Rey eterno: Cristo.

La homilía siguie presentando la Buena Noticia de Jesús e iluminando la realidad concreta que le toca vivir a su país en ese momento. La pueden leer completa desde este link.

Hoy viernes les subo este video porque creo que es una figura que nos robaron y que debemos volver a rescatar los católicos de las garras ideologizadas de ciertos sectores. La misma suerte ha tenido Mons. Angelelli. Creo que estos dos obispos, si se levantaran hoy de sus tumbas, y se encontraran con sus apropiadores ideológicos, se pondrían colorados de vergüenza por las cosas que les hacen decir y, ambos, como Jesús se armarían de látigos para correrlos del negocio que han armado.

ACTUALIZACION: ha sido declarado martir. Pueden leer la noticia en este link de mi web.

1 Comentario

  1. Fantástico, hay que tener coraje y estar decidido a dar la vida. Cuanto de eso nos falta a nosotros hoy.

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