El Domingo de la Samaritana

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Podemos llamar a los Domingos III, IV y V de Cuaresma (Ciclo A) por el nombre del hecho evangélico narrado en la proclamación del Evangelio, hecho oración luego en el Prefacio de la Eucaristía: Domingo de la samaritana.

Jesus y samaritanaLa imagen central es el don del agua al sediento (primera lectura y evangelio) y las realidades significadas son la Palabra de Dios que conduce a la fe (salmo y evangelio) y el Espíritu derramado en el corazón de los hombres (segunda lectura y evangelio).

Desde el punto de vista del corazón humano, se hace una descripción de sus tinieblas:

  • falta del sentido de Dios (1° lectura),
  • endurecimiento del corazón (salmo),
  • enemistad, amor descarriado; pero también de su capacidad de apertura y de deseo de verdad (evangelio).

Una posibilidad abierta

La Samaritana, ante la persona de Jesús que ha salido a su encuentro, cae en la cuenta de su situación existencial y de su posibilidad de cambio de vida, de nuevas perspectivas para su existencia.

Sólo la presencia de Jesús descubre a esta mujer (que nos representa a todos) la posibilidad de algo nuevo: la salvación.

Ante la Samaritana Jesús aparece en una progresiva revelación de su persona y de su misión.

Jesús es:

  • el hombre, cansado y sediento,
  • el judío,
  • el profeta y el maestro, el Mesías,
  • proclamado finalmente como Salvador del mundo.

Pero en el juego de la conversación con la Samaritana acerca del agua viva, Cristo aparece como fuente de esa agua que llega hasta la vida eterna, manantial del Espíritu y, dentro de la tipología bíblica alusiva, nuevo Moisés que toca con la fuerza de su palabra la roca del corazón de la mujer y la convierte en manantial de agua viva. Jesús perdona el pecado, da sentido a la existencia, cambia la vida de esta mujer que se convierte en apóstol. El pecado no es la realidad final e inmutable, si Cristo se presenta como Salvador y es acogido por medio de la fe.

La Samaritana es la cabal presentación en el Evangelio de Juan del proceso dinámico y positivo de conversión evangélica, de transformación de la persona: de pecadora en apóstol (como cualquier cristiano que se deja “escrutar” por la mirada “convertidora” de Jesús).

Según el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA), durante este domingo se celebra el primer escrutinio de los catecúmenos.

Prepararnos a las renuncias pascuales

Nosotros como comunidad cristiana, nos preparamos para renovar el Bautismo durante la Vigilia pascual. He aquí el texto para la mencionada renovación. Puede ser útil meditar en lo que vamos a hacer, es decir meditar a qué vamos a renunciar para confesar con mayor lucidez y firmeza nuestra fe.

En efecto, durante la vigilia pascual se nos preguntará:

¿Renuncian a Satanás, esto es:

  • al pecado, como negación de Dios;
  • al mal, como signo del pecado en el mundo;
  • al error, como ofuscación de la verdad;
  • a la violencia, como contraria a la caridad;
  • al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

¿Renuncian a sus obras, que son:

  • sus envidias y odios;
  • sus perezas e indiferencias;
  • sus cobardías y complejos;
  • sus tristezas y desconfianzas;
  • sus materialismos y sensualidades;
  • sus injusticias y favoritismos;
  • sus faltas de fe, de esperanza y de caridad?

¿Renuncian a todas sus seducciones, como pueden ser:

  • el creerse superiores;
  • el estar muy seguros de ustedes mismos;
  • el creer que ya están convertidos del todo?

¿Renuncian a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:

  • el dinero como la aspiración suprema de la vida;
  • el placer ante todo;
  • el negocio como valor absoluto;
  • el propio bien por encima del bien común?

R/. Sí, renuncio.

Estas renuncias nos ofrecen la posibilidad de hacer un buen examen de conciencia, pedir perdón al Señor de los pecados cometidos, recibir su perdón a través del Sacramento de la Reconciliación y de ese modo disponernos a la renovación del Bautismo durante la Vigilia pascual.

Estamos invitados a vivir permanentemente la transformación que ha vivido la samaritana luego del encuentro con Jesús, es decir a vivir una existencia transfigurada, superando las tentaciones que nos asedian en el camino de la vida.

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