El Domingo de la Transfiguración

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Existe una estrecha relación entre lo que la Iglesia cree, celebra, reza y vive. En consecuencia, la oración de la Iglesia supone la fe cristiana. Por eso, en este domingo de la  Transfiguración (Mateo 17, 1-9), en el prefacio de la Eucaristía se reza así:

“[Cristo] quien,
después de anunciar su muerte a los discípulos,
les mostró en el monte santo
el esplendor de su gloria,
para testimoniar,
de acuerdo con la ley y los profetas,
que la pasión es el camino de la resurrección”.

Domingo Transfiguración

En efecto, la transfiguración de Jesús es una glorificación anticipada de la resurrección.  Es una señal para los discípulos atemorizados por la idea de la muerte de Jesús, confirmándolos en la fe y señalándoles la meta última. El mismo Jesús anticipa algo de lo que será la gloria de la Resurrección, descubriendo su divinidad escondida bajo los velos de su carne humana.  Asimismo, sintetizados en Moisés y Elías, todo apunta a que está llegando el cumplimiento de lo anunciado en el Antiguo Testamento.

El camino de los cristianos

El relato de la transfiguración de Jesús, después del episodio de las tentaciones (evangelios de los dos primeros domingos de Cuaresma) nos muestra el camino de los cristianos a la gloria. Supone vencer la tentación o las pruebas en el desierto de la vida; subir al monte a contemplar, a celebrar; escuchar la palabra de Dios; gozar de la presencia salvadora del Señor; bajar de la montaña para continuar caminando, compartir la experiencia vivida a su debido tiempo, en el momento oportuno, mediante el testimonio.

La transfiguración es un relato de aliento, de estimulo para no retroceder sino continuar avanzando en el camino de la vida cristiana paso a paso hacia la meta definitiva. Es una invitación a la confianza. No tengan miedo, dice Jesús…

El domingo pasado leíamos las tentaciones de Jesús en el desierto. El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica se pregunta: ¿Qué nos revelan las tentaciones de Jesús en el desierto? a lo cual responde:

“Las tentaciones de Jesús en el desierto recapitulan la de Adán en el paraíso y las de Israel en el desierto. Satanás tienta a Jesús en su obediencia a la misión que el Padre le ha confiado. Cristo, nuevo Adán, resiste, y su victoria anuncia la de su Pasión, en la que su amor filial dará suprema prueba de obediencia. La Iglesia se une particularmente a este Misterio en el tiempo litúrgico de la Cuaresma”. (N° 106)

Asimismo, dicho Compendio se pregunta: ¿Cuál es el significado de la Transfiguración? La respuesta es:

“En la Transfiguración de Jesús aparece ante todo la Trinidad: «el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa» (Santo Tomás de Aquino). Al evocar, junto a Moisés y Elías, su «partida» (Lc 9, 31), Jesús muestra que su gloria pasa a través de la cruz, y otorga un anticipo de su resurrección y de su gloriosa venida, «que transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3, 21). (N° 110)

Les recomiendo la lectura de los siguientes puntos del Catecismo de la Iglesia Católica: 538 – 540 y 554 – 556.

Como ya hemos dicho, durante los domingos de Cuaresma del Ciclo A, las lecturas del Antiguo Testamento presentan las grandes etapas de la historia de la salvación, para preparar el gran acontecimiento de la Pascua del Señor. Hoy, la primera lectura nos presenta la vocación de Abrahán que da comienzo a la historia de la salvación (Gén. 12, 1-4).

Durante los domingos, los Evangelios siguen también una temática organizada y propia: los dos primeros domingos están vinculados entre sí por cuanto nos presentan en una visión global todo el camino de la vida cristiana, con sus obstáculos o tentaciones, y su coronación o transfiguración.

Claves para la lectura

Una clave de lectura puede ser reflexionar sobre estas dos palabras: “desfiguración” y “transfiguración”. En el episodio de las tentaciones, el tentador intentó apartar a Jesús de su misión y Jesús lo venció. El hombre “pierde” separado de Jesús; el hombre “gana o vence” unido a Jesús. Entonces, unido a Jesús, el creyente está llamado a vivir un camino de transfiguración progresiva, es decir identificarse progresivamente con Él.

Un accidente o una enfermedad pueden desfigurar el rostro de una persona… aunque su corazón pueda continuar transfigurándose por estar unido a Jesús y vivir en Él, es decir en gracia.

¿Cuáles son las actitudes que desfiguran mi vida? ¿cuáles son las situaciones culturales que tientan a desfigurar la vida de los cristianos? ¿me dejo transfigurar por la presencia real y operante del Espíritu Santo en mi vida? ¿resisto las tentaciones con la gracia de Jesús y con su ejemplo? No olvidemos que a cada tentación Jesús la resiste con la Palabra de Dios, “ya de no sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”…

A partir del próximo domingo, daremos elementos para preparar la renovación de las promesas bautismales durante la vigilia pascual: una gran ocasión para una nueva transfiguración, obra de la gracia y de la libertad comprometida.

Para llevar a la vida

Como aplicación del Evangelio se puede concluir que es necesario:

  1. Escuchar a Jesús
  2. Confiar en Jesús
  3. Caminar detrás de Jesús

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