¿Preocupado por las elecciones y ser fiel a tu conciencia cristiana? Por eso es que te ofrecemos estos 10 (DIEZ) criterios que te ayudaran a votar con libertad y criterio católico.

Si te cercas a este artículo buscando la respuesta a esta pregunta: “¿a quién debería votar un católico?” o “¿por quién debemos votar los católicos?” te aconsejo que no lo leas. Aquí no se recomienda ni un partido político ni un candidato concreto. Por el simple hecho que el sufragio es una cuestión de conciencia.

10 principios catolicos voto

Por el contrario, si te preguntas “¿cómo debe votar un católico?”… este texto es para vos. Porque lo que me propongo es presentarte una simple guía para discernir el voto católico. Lo que sigue son una serie de principios (DIEZ) que te servirán para formar tu propio criterio electoral. Esto es para que puedas pensar y votar como católico, es decir, desde tu conciencia iluminada por tu fe.

Para que no se piense que este video está armado pensando en una contienda electoral concreta es que tomo como base un documento de los obispos argentinos denominado “Principios de orientación cívica para los cristianos”. Lo escribieron en el año 1982: luego de la guerra de Malvinas la dictadura estaba yendo a su fin y las urnas se estaban desempolvando. Lo puedes leer completo desde este link.

Como verás, los 10 principios (criterios… o como le quieras llamar) no han pasado de moda y siguen muy vigentes. Tan vigente como es la Doctrina Social de la Iglesia inspirada en el mensaje de Jesús. Te los dejo para que los puedas leer. Pero antes te comparto el video en el cual los explico.

El video sobre los 10 principios católicos para votar

Los diez mandamientos de un católico para votar

El católico, en conciencia, debe cuidarse de votar a aquellos partidos políticos o coaliciones que:

1.-  Promuevan el hombre y la custodia de sus derechos fundamentales.

«Nuestra fe, que nos lleva a concebirlo como creado ‘a imagen y semejanza de Dios’, contiene una exigente defensa de la dignidad y de los derechos de la persona humana, la preservación de su libertad y la celosa custodia del valor de la vida.

La vida humana desde su iniciación hasta su fin natural, ha de ser defendida y preservada. Por lo tanto, para todo hombre de recta conciencia, el aborto voluntario es un crimen de particular malicia, decidido por quienes en el plan de Dios, han de custodiar y defender la vida inocente ya iniciada. Luchar contra su práctica, que lamentablemente se va extendiendo, es una forma fundamental de afirmar el derecho de la vida.

El asesinato, la tortura física y moral, las acciones terroristas, los secuestros, las desapariciones físicas, la carrera armamentista, constituyen formas que injurian la vida  la persona humana, en la que Dios mismo es escarnecido e injuriado.

En síntesis, salvado el principio de la legítima defensa, se ha de llevar al plano político concreto el precepto bíblico: No matar ni herir la vida del hermano.»

2.-  Sostengan la democracia.

«La democracia, como modelo adaptado a la idiosincrasia de nuestro pueblo, exige de los cristianos en su compromiso político, una actitud coherente en la defensa y promoción de sus contenidos y principios básicos.»

3.-  Promuevan el bien común.

«La promoción del bien común, entendido como el bien de la persona, de las familias y de los diversos grupos que constituyen la sociedad civil, es la principal finalidad de la acción política, y a su valoración, desarrollo y extensión debe comprometerse el cristiano. La justicia social es el nuevo nombre del bien común.

Dicho de otra manera, sin la satisfacción de las necesidades básicas, que permitan a todas las familias gozar de una adecuada calidad de vida, en el marco de una justa distribución de los bienes, no hay bien común.

El es también incompatible con persistencia de estructuras injustas y de los indicadores típicos del subdesarrollo, la marginación y el colonialismo interno, esto es, la postergación del interior, en el marco de una inadecuada distribución de los recursos entre las distintas regiones del país.»

4.-  Hagan una opción por los pobres, los débiles, los enfermos, los discapacitados.

«La opción por los pobres, los débiles, los enfermos, los discapacitados, debe ser un móvil determinante del compromiso político del cristiano.

Sin una política que privilegie la promoción humana, la lucha contra la extrema pobreza y la desocupación, y la asistencia preferencial a los ancianos, a la minoridad abandonada, a las familias necesitadas, a los enfermos crónicos, a los grupos aborígenes y criollos carentes de educación fundamental, a los discapacitados, a los inmigrantes, especialmente de países vecinos, no hay bien común.”

5.-  Valoren el Estado de Derecho y protejan la libertad.

«Se ha de valorar el Estado de Derecho, como marco natural para el ordenamiento de la vida social. La Ley justa dictada por el Congreso y la autoridad legítima que detentan los órganos establecidos por la Constitución, obligan en conciencia a los ciudadanos.

En nuestro documento de mayo de 1981, advertíamos que su ausencia define la ‘crisis de autoridad’, que marca uno de los factores negativos de nuestra historia en los últimos cincuenta años.

Ello exige igualmente que los laicos valoren, conozcan y difundan la Constitución Nacional, trabajen por el afianzamiento del actual proceso de institucionalización y condenen el ‘espíritu golpista’, cuyas consecuencias agravarían el actual contexto argentino.»

6.-  Valoren el trabajo humano y su primacía por sobre el capital, la técnica y las estrategias económicas.

«En la defensa de la dignidad humana, el bien común y la justicia social, los cristianos en su opción política deben promover la valoración del trabajo humano y su primacía por sobre el capital, la técnica y aún las estrategias económicas, que deben estar colocados al servicio del hombre, como sujeto de la actividad laboral.

En el centro de la cuestión social está la dignidad del trabajador, exigencia de una justa retribución y condiciones personalizantes del trabajo. Como lo señala la Doctrina Social de la Iglesia en diversos documentos, el hombre no puede ser reducido a un mero factor de producción o de consumo, como lo pretende el materialismo práctico de algunas formas del capitalismo liberal o el materialismo teórico-práctico que define al estatismo colectivista del marxismo-leninismo.

Conviene una vez más señalar que la visión materialista del hombre, que se expresa especialmente en el marxismo y en el capitalismo liberal, es inconciliable en la concepción cristiana del hombre, vulnerando la dignidad y derechos fundamentales de éste.

En el campo económico-social, donde la crisis ha asumido proporciones dramáticas, con sus profundas consecuencias de quiebra productiva y frustración humana, los laicos que opten políticamente, deben proyectar su capacidad creadora y técnica en la búsqueda de una transformación que asegure un desarrollo económico sostenido, así como también la participación del pueblo en los beneficios del desarrollo.

En este punto no caben las dogmáticas adhesiones a escuelas o sistemas económicos, que no aseguren trabajo, bienestar y calidad de vida digna a todos los hombres y a todas las regiones del país.

Las políticas que se adopten deben mirar, en primer lugar, a la atención a las necesidades sociales básicas y la promoción de las regiones y grupos sociales marginados. Un sistema económico que no procure justicia, pan, trabajo y libertad al conjunto de los argentinos es nocivo, está en el error y va contra el hombre.»

7.-  Valoren la familia.

«El laico cristiano en su opción temporal, debe luchar por la preservación de los derechos inalienables de la familia, célula vital de la sociedad, cuya existencia precede a la del Estado. Esto implica el rechazo del divorcio vincular y de todo aquello que atente contra la unidad y permanencia del núcleo familiar.

También ha de procurar que los medios de comunicación social no sean utilizados como vehículos de antivalores debilitantes de la integridad de la familia.

Por otra parte, la familia debe ser promovida en el marco de una política social del Estado,  que favorezca con medidas adecuadas el derecho del hombre a fundar una familia, asegurarle condiciones socioeconómicas y ambientales adecuadas para su desarrollo, así como también prestar servicios asistenciales que la consoliden en el cumplimiento de su relevante función social.»

8.-  Promuevan el acceso a la educación como derecho para todos y la libertad de enseñanza.

«En materia de educación, el laico cristiano comprometido políticamente debe trabajar en pro de la igualdad de oportunidades, lo que exige contar con las estructuras adecuadas que garanticen a todos los niños y jóvenes el acceso a la educación elemental y media, combatiendo el analfabetismo, la deserción escolar y todo aquello que obstaculice este derecho fundamental.

De la misma manera es necesario asegurar la plena libertad de enseñanza, que pasa tanto por el derecho de los padres a elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, incluida la educación religiosa, como por los contenidos educativos para que estén centrados en una concepción integral de la formación. Por cuanto en definitiva lo que debe perseguir la educación es humanizar y personalizar al hombre.»

9.-  Descarten toda violencia en la consecución de sus fines.

«La tentación de la violencia y la llamada ‘radicalización política’, so pretexto de un compromiso con la justicia y la liberación, es una de las tensiones que pueden desviar a los ciudadanos de una recta opción política.

Volvemos a reiterar lo que venimos sosteniendo desde ya hace muchos años: la violencia no es evangélica ni humana ni tampoco eficiente para la solución de los graves problemas argentinos. Cuando el país se dejó arrastrar por la espiral de la violencia, lo único que sobrevino fue dolor y muerte.

Por eso hoy, consciente de la persistencia de heridas no cerradas en la comunidad nacional, con su secuela de secuestros, asesinatos torturas, desapariciones, terrorismo y frustración humana, hacemos una clara y dramática advertencia.

El único camino para la acción política de los argentinos es la exclusión total de la violencia y de toda dialéctica negadora de la fraternidad humana. Los cambios sociales necesarios deben ser logrados mediante el diálogo sincero y los legítimos métodos de acción, en el marco de las estructuras naturales de la sociedad, en lo que se hace posible la participación popular.

Estos son los partidos políticos y, en el ámbito de su acción específica, los sindicatos, las asociaciones de profesionales y empresarios, las cooperativas, así como otras instituciones intermedias de variado tipo, que expresan la dinámica social de nuestra comunidad.»

10.-  Descarten la soberbia del poder y la corrupción.

«Otra desviación posible, a la que es proclive la vida pública, es la soberbia del poder y la corrupción. El hombre, en su acción política, debe estar siempre atento para impedir que el movimiento que integra, pueda desviarse de su búsqueda del bien común para caer en la defensa de intereses mezquinos, particularismos egoístas, ambiciones ilegítimas o corrupción económica.

El ciudadano ha de denunciar todas las formas de corrupción y no ha de transigir con forma alguna de venalidad, latrocinio o abuso de poder o autoridad.»

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