Presbítero Juan José Álvarez

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Presbítero Juan José Álvarez se llama una de las calles de Paraná. Adentrémonos en su interesante vida.

“Hijo de una de las más distinguidas familias de la ciudad, de esas familias que por su religiosidad, por sus virtudes y por sus  antiguos honrosos antecedentes son las conservadoras de las buenas costumbres”

dice un artículo de Romualdo Retamar de 1888, hablando de nuestro Juan José.

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Nacimiento y niñez del Presbítero Juan José Álvarez

El 15 de mayo de 1821 nacía en Paraná, bautizado el 17 como Juan José Nepomuceno, hijo de José Álvarez, portugués y Agustina Guas. Tenía su casa paterna en la esquina llamada de los portugueses, hoy calle Monte Caseros y Alem.

Desde muy temprano dio muestras de su dedicación al sacerdocio y a las letras, haciendo los estudios de latinidad y retorica en nuestra ciudad con el Prof. Gerónimo Cabrera.

 

Estudios en Buenos Aires

Su dedicación y conducta hicieron que el Padre Francisco Dionisio Álvarez se interesara vivamente para que sus padres lo mandaran a Buenos Aires y allí ingreso al colegio de la compañía de Jesús. Fue así que termino sus estudios preparatorios, después en San Francisco los de Teología y en la Universidad de Buenos Aires los de Jurisprudencia, graduándose en ambos derechos.

Habiendo sido recomendado al ilustre canónigo Dr. Felipe Elortondo y Palacios, en cuya casa el joven vivió doce años y siendo este un lugar que era centro de reunión adonde afluían toda clase de personas, se vio justamente estimulado a seguir su ejemplo.

“Mientras hacia sus estudios, ensanchaba el circulo de sus relaciones entre personas de diferentes edades y categorías que visitaban la casa, algunas atraídas por el natural ascendiente de la inteligencia y virtud y otras para aprovechar las buenas relaciones que mantenía con el restaurador Juan Manuel de Rosas. Compartía su tiempo entre los estudios de la carrera eclesiástica, la amena literatura, los amigos y los actos de beneficencia a que lo arrastraba su carácter,” citado también por el mismo artículo de Retamar.

 

Urquiza padrino de vinajeras de su ordenación

De fecha 1845- 1846 se encuentra en su legajo una declaración jurada del patrimonio de su padre José Álvarez de la cual se adjunta copia y donde especifica el uso que tendrá y las condiciones que implican esta entrega al obispado de Paraná, para que su hijo pueda recibir las ordenes sacerdotales.

El 6 de abril de 1847, el Obispo Dr. Mariano Medrano y Cabrera le confirió la ordenación sacerdotal en ambos derechos, siendo padrino de altar el Cgo. Palacios y de vinajeras el Gral. Urquiza, representado por su hijo Diógenes y celebró su primera misa el 1 de mayo de ese año.

 

Preocupado por la educación

Ya en 1847, viviendo todavía en Buenos Aires fue autorizado por el gobierno de Entre Ríos para contratar un maestro que se pusiera al frente de la educación de la juventud paranaense.

Haciendo uso de esta autorización hizo venir a la ciudad a las notables maestras de Buenos Aires, las señoras Ravelo y más tarde a la maestras Montaner. Gracias a su influencia en 1850 el Dr. Marcos Sastre, virtuoso y eminente educacionista, vino como Inspector de Escuelas.

 

La formación del clero argentino

El 28 de agosto de 1852, el entonces Canónigo Honorario Juan José Álvarez, se preocupó de estudiar y confeccionar un proyecto para fomentar la instrucción del clero argentino.

Pensando que ningún medio era más adecuado para este objeto que el establecimiento de los antiguos Seminarios Conciliares, descuidados y empobrecidos por las exacciones del poder civil, dedicó a este trabajo sus desvelos y mereció la aprobación del General Urquiza.

En 1854 se recibió de abogado. La revolución del 11 de septiembre y los sucesos que le siguieron, impidieron que se convirtiera en ley. Pero en 1857 consiguió que el congreso de la Confederación dictara la Ley de Seminarios y este triunfo le mereció del Nuncio Mons. Marini, el titulo eclesiástico de Honor: Proto-notario Apostólico.

 

La revolucionaria educación de la mujer

El espíritu progresista de este sacerdote no podía permanecer indiferente ante el abandono en que yacía la educación de las niñas de la primera sociedad paranaense, razón por la cual estableció en 1854 y hasta 1857 una academia gratuita de niñas. Este era el medio para estimularlas al estudio y levantarlas dignamente a la altura de su misión y hasta que pudieran dotarse de maestras competentes.

Como era muy difícil conseguir maestras cuando se producía una vacante, tuvo la idea de contratar en Montevideo, personal docente de las Hermanas de la Caridad. Se trasladó entonces a San José, y le pidió y obtuvo de Urquiza una suscripción de 300 pesos fuertes, consiguiendo que la Cámara Provincial le asignara una respetable cantidad. Después fue a Buenos Aires, solicitó la protección de Mitre, Presidente de la Republica, quien le suscribió 5.000 pesos papel moneda. Del gobierno Nacional 8.000 pesos, de los Ministros Rawson y Costa, 25 libras esterlinas. Los Obispos de Buenos Aires y Montevideo no se quedaron atrás en la protección pecuniaria.

Con lo obtenido trajeron de Europa ocho Hermanas de la Caridad para instalar el Colegio como se verificó el 4 de octubre de 1864.

 

En los orígenes del Obispado del Litoral

Junto al padre José Leonardo Acevedo y al Pbro. Miguel Vidal, trabajó  en un proyecto para incitar al Gral. Urquiza para que promoviera la creación del Obispado del Litoral.

Desde hacía mucho tiempo se veía la necesidad de erigir una nueva diócesis en esta zona, ya en 1847 se hablaba del tema en la Universidad de Buenos Aires.

Cuando regresa a Paraná en 1850 y tiene la oportunidad de encontrarse con el General Urquiza, le insinúa la conveniencia de erigir una nueva diócesis, a fin de que los feligreses fueran visitados y atendidos con los auxilios de la religión, ya que desde la muerte de Mons. Lue, los habitantes no habían recibido  la bendición episcopal de su legítimo pastor.

Urquiza comprendiendo el alcance de este proyecto, aseguró que pronto derribaría a Rosa y contribuiría a dar una Constitución al país y podría llevar a buen término este pedido. Hecho el pronunciamiento contra Rosas,  a Urquiza le importaba reanudar las relaciones oficiales con el Papa.

En 1851, nuestro Dr. Álvarez es enviado a Montevideo, como secretario del ministro Diógenes Urquiza y como Capellán, para trasmitir privadamente y por intermedio del Cónsul Romano los deseos de Urquiza.

Pasaron ocho años más, el General Urquiza está en Paraná, sede del Gobierno de la Confederación y ha propuesto al Pbro. Dr. José Leonardo Acevedo para ocupar el Cargo de Vicario Apostólico. Mons. Marino, en virtud de las facultades delegadas por el Papa, resuelve desmembrar las Provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, de la Diócesis de Buenos Aires. Nace así el Obispado del Litoral el 13 de junio de 1859.

Legado Presbítero Juan José Alvarez
Foto del documento del Archivo Arquidiocesano de Paraná

 

Promotor del ferrocarril entrerriano

Fue uno de los más activos  promotores del ferrocarril que debía establecerse entre Paraná y Nogoyá. En medio de las circunstancias en que se encontraban los vecinos por los sucesos de Pavón, convocó una reunión de vecinos respetables para dar forma a este pensamiento.

Después se aproximó a Urquiza, de quien tuvo la mejor acogida, comprometiéndose a tomar tres mil acciones. También hablo con el Presidente Mitre, que acepto el proyecto, mandando al Ingeniero Mortimer que hiciera los estudios técnicos, levantara los planos y aunque la obra no se hizo enseguida, tuvo el mérito de dar los primeros pasos.

 

La preocupación por los seminarios

Los disturbios  que trajeron al país la caída del gobierno nacional del Paraná, hicieron estériles los nuevos resultados de la ley de seminarios. El Dr. Álvarez una vez nombrado Diputado Nacional, presentó en 1874 un proyecto para restablecer la vigencia de la ley de seminarios de 1857. Triunfó con gran mayoría, acordándose veinticinco mil pesos para el sostenimiento de los Seminarios de las Diócesis de Salta, San Juan de Cuyo y Paraná.

 

Abogado gratis de los pobres

Era el abogado gratis de Urquiza, como de todos los que lo necesitaran. Pero en especial eran los pobres y los presos sus preferidos. Cuenta este artículo que se produjo un hecho de violencia entre los inmigrantes traídos por el  Prestamista Buchental en el bergantín Bala- Clava.

Estimulados por los enemigos políticos de la Confederación, pretendieron sublevarse asesinando a varios vigilantes y entre los que murieron también algunos de ellos.  El Dr. Álvarez fue nombrado abogado defensor por el cabecilla Sargento Deodato y seis más de sus compañeros.

No obstante  los esfuerzos que desplego el defensor, fue condenado a muerte y los otros a una larga prisión. Recurrió entonces a Urquiza y supo despertar en él, sentimientos de clemencia hasta conseguir que se le conmutara la pena por el destierro. Por esto el Ministro Plenipotenciario de Italia se acercó al Dr. Álvarez agradeciendo que haya salvado la vida de los legionarios italianos.

 

Candidato a Obispo Auxiliar de Paraná

Entre los artículos sobre su obra encontramos en la obra de Cayetano Bruno, Historia de la Iglesia, la candidatura a Obispo Auxiliar de Paraná. El Padre Álvarez era Arcediano cuando solicitó al Gral. Urquiza su promoción a Obispo, se lo insinuaba a Pio IX desde el Palacio San José el 12 de agosto de 1864.

“La generosa y noble acogida que merecieron siempre mis suplicas, han sabido inspirar en mi corazón profundamente religiosos una cumplida y filial confianza” por lo que solicitaba rendidamente se promoviese a Obispo Auxiliar de esta Diócesis al virtuosos y distinguido sacerdote argentino, protonotario apostólico, arcediano de esta iglesia Catedral, doctor Juan José Álvarez. Según este artículo Esquiu, Rizo y Correa se resistieron a este ascenso. No llegó nunca a ceñir mitra, pero vio premiados sus indiscutibles méritos con el título de prelado domestico que le otorgo Pio IX el 24 de abril de 1867 y manifestó su entereza a pesar de su fracasada candidatura, manteniéndose en la lucha por el bien de la religión y de la iglesia, hasta conseguir en su calidad de Diputado nacional, la dotación de los nuevos seminarios ya mencionados anteriormente.

También intervino cuando la curia iba a ser desalojada de la casa que se le había prestado para su funcionamiento en 1888  y recibió del Presidente Juárez Celman la confirmación de que dejaría sin efecto el proyecto de llevar allí el Correo y Telégrafo, a condición de que la casa sirva a los propósitos con que fue destinada. (Ocupó el edificio hasta 1892 en que se mudó a la casa actual).

Escribió algunos trabajos históricos y fue siempre un ciudadano patriota y un sacerdote ejemplar.

 

La muerte y el legado del Presbítero Juan José Álvarez

Falleció en Buenos Aires el 10 de julio de 1892 y se le sepultó en el panteón de la iglesia Catedral.

Escribió de él, Romualdo Retamar en un folleto que habla de su vida:

”Al Dr. Álvarez, desde que vino a la vida pública, siendo todavía muy joven, le ha tocado actuar en los grandes acontecimientos del país, rozándose con los hombres más espectables de la Asamblea Constituyente, en el Congreso Nacional, en los puestos públicos, civiles y eclesiásticos, manifestando en todo tiempo y en todos sus actos una vasta inteligencia y un noble corazón.  Estas brillantes condiciones lo han puesto en aptitud de ser un valeroso e infatigable campeón de la Patria, de la iglesia y de la sociedad.”

Este sacerdote del que hace rato quería escribir y no lograba hacerme el tiempo, ha sido importante en muchos aspectos para la vida de nuestra Diócesis. Trajo a las hermanas del Huerto, trabajo para la instalación del ferrocarril, para que se concretara nuestro Obispado del Litoral, y mucho más. Espero haber sabido trasmitir en parte su obra.

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