Junto con el fin de la cuaresma se me acercaba una idea, era poco clara, muy imprecisa. Iba y venía, más no podía dejar atrás el deseo de plasmarla pese que a que no encontraba palabras que le hiciesen honor. En ese ir y venir motivacional deviene la frustración, esa que te inunda cuando las cosas no salen como esperaba.

Me esforcé por días en escribir un par de renglones, y nada. Es realmente tortuoso querer decir algo y no poder encontrar la forma. Me hizo pensar en cuantas cosas no he podido decir, cuantos “te quiero” me he guardado, cuantos “perdón” he reprimido. ¿Hay algo peor que tenerlos dentro pudriéndose en vez de ofrecerlos a quienes deseamos dárselos?

Delante del Santísimo levanto por primera vez la mirada, la Semana Santa está a las puertas y era de las primeras veces que mis ojos salían de mí para posarse en alguien más. Y ahí estaban, las palabras que buscaba, esas que quería decirme pero que estaban motivadas en algo más profundo que mi finita humanidad. Y ahora que las palabras parecen haber venido, démosle lugar…

"No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno." (Jn 17, 15).

Crecer uno es crecer en comunidad

¿Cuántas cosas he vivido desde el miércoles de cenizas para acá? ¿En cuantas hemos caminado juntos? Delante del Señor miraba a los costados y veía los rostros de mis hermanos que me rodeaban. Tantas almas gentiles que sabrá Dios que sería de mí sin ellas; en su generosidad el mismo Cristo se me manifestó con un abrazo eterno que me decía “Adelante, continua con lo tuyo”.

¿Sabrán mis hermanos cuántas veces he estado a punto de volver sobre mis pasos? ¿Sabrá ellos cuál es el precio que se paga por tomar una decisión? En ese momento vuelvo a levantar el rostro, todo volvía a girar sobre mí. Debía frenar. Miro nuevamente a mis hermanos y empiezo a recordar sus historias. Sí, ellos conocen los costos de tomar decisiones y lo conocen muy bien.

No es fácil decidir algo, porque en cada acto libre nuestro hay un movimiento del exterior que nos quiere traer nuevamente al lugar dónde estábamos. No es fácil emprender la aventura porque las fuerzas del bando enemigo querrán que nos quedemos sentados en nuestras casas. No es nada fácil avanzar en un camino de madurez psicológica, porque nosotros mismos y nuestro entorno querrán que no alteremos el status quo.

Y si estás por tomar una decisión, o hace poco la tomaste, quiero que sepas que te entiendo. Si surge en vos el deseo de volver para atrás, tené por cierto que es lo más habitual. Pero no aflojes. Las tentaciones serán seductoras y los flagelos serán atroces, pero es no hay seducción ni golpe que se puede equiparar con el saber que uno está yendo por el camino correcto.

Les comparto aquí una escena de la Pasión de Cristo que puede ayudar mucho a ilustrar lo que he expresado y lo que sigue a continuación.

Crecemos junto y a imagen de Él

El nexo de estas palabras con la Semana Santa parece difuso, o para decirlo de un mejor modo, forzado. Así que te propongo una escena: Getsemaní. Y te propongo un ejercicio. Tomá tu Biblia y lee Lucas 22, 39-46. Y te animo a que te detengas en las siguientes frases:

  • “Entró en agonía y oraba con mayor insistencia”.
  • “Fue hacia donde estaban sus discípulos. Pero los halló dormidos, abatidos por la tristeza”.
  • “Levántense y oren para no caer en tentación”.

El Señor, en el prefacio de lo que va a ser su entrega de amor, experimenta en carne propia los mismos movimientos anímicos que nos sacuden. Demás está decir que dado el carácter de su decisión, la tentación es aún más grande, el deseo de dejarlo todo es infinitamente mayor. El Señor entró en agonía, los otros evangelios dirán al respecto que sintió una angustia como de muerte (Cf. Mt 26,38); y sólo encontró una cosa por decir: “Padre que se haga Tu voluntad”.

Jesús en Getsemaní es cada uno de nosotros frente a nuestras crisis al momento de dar los saltos necesarios de nuestras vidas. Él nos muestra cuán humano es sentir miedo, acobardarse, desear salir huyendo. Él nos muestra que, lejos de ser algo deshonroso, es parte de nuestra naturaleza espiritual y psicológica.

Pero, hay que estar atentos que también nos muestra cómo encontrar un camino en medio de esa tribulación. Es así que Jesucristo, el Hijo de Dios y un verdadero conocedor de la psicología humana, nos “prescribe” dos conductas: “Orar con mayor insistencia” “No dejarnos abatir por la tristeza”.

Animate a sanar

En los relatos de Getsemaní la palabra tristeza (o sus sinónimos) son una constante. La tentación tiene lugar en almas turbadas, en los rincones de nuestro corazón que no confían en Dios, ahí anida la tentación. No dar pie a la tristeza es fundamental para no “dormirnos” frente a lo que nos toca hacer.

"Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33)

Por eso, para esta Semana Santa te deseo que puedas participar de algún momento de adoración junto al memorial de Jesús en Getsemaní. Te deseo que puedas dejarte abrazar por Él y puedas contarle cuanto has sufrido desde que has tenido que decidir algo para tu vida. Deseo de corazón que puedas contarle cuánto te está costando seguir este camino. Animate a mostrarle esas heridas y dejarte sanar por Él.

Y no olvides que sin importar las lágrimas de sangre que hayas de sudar, sin importar cuán duro y cruel sea el viernes de la crucifixión… El domingo de resurrección está a un solo paso. ¡Y Él cumple todas sus promesas!

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