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Comunidad La Palabra de Dios como un canto a varias voces

La Palabra de Dios como un canto a varias voces

Cuando uno piensa en la Palabra de Dios tiende a asociarla con la Biblia. Y es una buena asociación. Pero las Sagradas Escrituras no agotan toda la Palabra del Señor (Verbum Domini).

Me gustó muchísimo cuando, en el instrumento de trabajo previo al Sínodo que usaron los obispos, se presentó a la Palabra de Dios como un canto a varias voces. Era el punto 9. Se los transcribo porque creo que es muy útil. Todo lo que sigue a continuación es de dicho documento. Yo solo me atreví a ponerle subtitulos para facilitar la lectura.

La Palabra de Dios es como un canto a varias voces, en cuanto Dios la pronuncia en muchas formas y en diversos modos (cf. Hb 1, 1), dentro de una larga historia y con diversidad de anunciadores, pero donde aparece una jerarquía de significados y de funciones.

El Verbo eterno divino

a. La Palabra de Dios tiene su patria en la Trinidad, de la cual proviene, por la cual es sostenida y a la cual retorna, testimonio permanente del amor del Padre, de la obra de salvación del Hijo Jesucristo, de la acción fecunda del Espíritu Santo.

A la luz de la Revelación, la Palabra es el Verbo eterno de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo del Padre, fundamento de la comunicación intratrinitaria y ad extra: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada» (Jn 1, 1-3; cf. Col 1, 16).

La creación entona su Palabra

b. Por lo tanto, el mundo creado narra la gloria de Dios (cf. Sal 19, 1). Al inicio del tiempo, con su Palabra Dios crea el cosmos (cf. Gn 1, 1), poniendo en la creación un sello de su sabiduría, por lo cual todo hace resonar su voz (cf. Si 46, 17; Sal 68, 34).

Es la persona humana en particular, en cuanto creada a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26), que permanece para siempre como signo inviolable e intérprete inteligente de su Palabra.

De la Palabra de Dios, en efecto, la persona recibe la capacidad de entrar en diálogo con Él y con la creación. De este modo, Dios ha hecho de toda la creación, y de la persona in primis, «un testimonio perenne de sí mismo» (DV 3). Dado que «todo fue creado por él y para él [...] y todo tiene en él su consistencia» (Col 1, 16-17), "semillas de la Palabra" (AG 11.15), "destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres" (NA 2) [...] se encuentran en las personas y en las tradiciones religiosas de la humanidad».

La Palabra Encarnada

c. «La Palabra se hizo carne» (Jn 1, 14): Palabra de Dios, última y definitiva es Jesucristo, su persona, su misión, su historia, íntimamente unidas, según el plan del Padre, que culmina en la Pascua y que se cumple cuando Jesús entrega el Reino al Padre (cf. 1 Cor 15, 24). Él es el Evangelio de Dios para cada persona humana (cf. Mc 1, 1).

La Palabra profética

d. En vista de la Palabra de Dios que es el Hijo encarnado, el Padre habló en tiempos antiguos por medio de los profetas (cf. Hb 1, 1) y a través del Espíritu los Apóstoles continúan el anuncio de Jesús y de su Evangelio. Así la Palabra de Dios se expresa con palabras humanas en el anuncio de los profetas y de los Apóstoles.

La Palabra escrita

e. La Sagrada Escritura, fijando por divina inspiración los contenidos revelados, atestigua, de manera auténtica, que ella es verdaderamente Palabra de Dios (cf. DV 24), del todo orientada a Jesús, porque «ellas [las Escrituras] son las que dan testimonio de mí» (Jn 5, 39). Por el carisma de la inspiración los libros de la Sagrada Escritura tienen una fuerza de llamada directa y concreta, que no tienen otros textos o intervenciones humanas.

la Palabra anunciada y celebrada y vivida

f. Pero la Palabra de Dios no queda encerrada en la escritura. Si bien la Revelación se ha concluido con la muerte del último apóstol (cf. DV 4), la Palabra revelada continúa siendo anunciada y escuchada en la historia de la Iglesia, que se compromete a proclamarla al mundo entero para responder a su necesidad de salvación.

Así, la Palabra continúa su curso en la predicación viva, que abraza las diversas formas de evangelización, entre las cuales sobresalen el anuncio y la catequesis, la celebración litúrgica y el servicio de la caridad. La predicación, en este sentido, con la fuerza del Espíritu Santo, es Palabra del Dios vivo comunicada a personas vivas.

La Palabra pensada y formulada

g. Entran en el ámbito de la Palabra de Dios, como el fruto de las raíces, las verdades de fe de la Iglesia en campo dogmático y moral.

Desde este cuadro se puede comprender que cuando se anuncia en la fe la revelación de Dios se cumple un evento revelador, que se puede llamar verdaderamente Palabra de Dios en la Iglesia.

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