La justa autonomía de la realidad terrena

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Muchas veces confundimos laicismo con laicidad y secularismo con secularidad. Y, más veces aún, nos tildan de fanáticos religiosos por plantear cosas que están dentro de la laicidad o secularidad con la cual se debe vivir en este mundo plural. ¿En qué se diferencian? El Concilio Vaticano II viene en nuestra ayuda para iluminarnos.

Distinguir sin separar

El cristiano no debe huir de las realidades terrenas. Nuestra fe es muy clara, guiados por la enseñanzas de Jesús: “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Pero hoy muchos tienen miedo de que su fe se vea reflejada en sus acciones públicas. Es lo que constatan los Padres Conciliares:

“Muchos de nuestros contemporáneos parecen temer que, por una excesivamente estrecha vinculación entre la actividad humana y la religión, sufra trabas la autonomía del hombre, de la sociedad o de la ciencia.” (GS 36)

La mutua confluencia entre la religión y la vida social ha tenido muchos vaivenes a lo largo de la historia. Por eso se hace necesario buscar un criterio que nos permita discernir las acciones concretas.

La laicidad

No vamos a entrar mucho en el desarrollo del término, pero si están interesados pueden consultar este artículo. Por lo pronto, veamos lo que nos enseña el Concilio:

“Si por autonomía de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía. No es sólo que la reclamen imperiosamente los hombres de nuestro tiempo. Es que además responde a la voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte.

Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios.

Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser.

Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe.” (GS 36)

Toda una invitación que se nos hace para que enverdad seamos auténticos ciudadanos del mundo.

El laicismo

Es lo que se suele presentar, en la Argentina por lo menos, como sinónimo de “Estado Laico” por parte de pensadores y políticos no creyentes. El Concilio nos advierte:

“Pero si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras.

La criatura sin el Creador desaparece. Por lo demás, cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación. Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida.” (GS 36)

Las últimas palabras son muy iluminadoras para comprender los tres grandes genocidios del siglo XX: el de los armenios, el de los nazis y el de Stalin.

2 Comentarios

  1. Padre, me pareció esclarecedor su comentario, pero no explicó la segunda parte, seculariísmo y secularidad. Aunque supongo que será el equivalente a laicismo y laicidad. Gracias por su aportación.

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