Los “fanáticos religiosos”

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González García señaló que “hay una escalada peligrosa de grupos de fanáticos religiosos que entorpecen los procesos y utilizan a la Justicia para que no se cumpla la ley. Y yo me pregunto, ¿por qué no tienen el mismo fanatismo para perseguir a los violadores, muchos de los cuales están metidos en su propia religión?”. Esta es la expresión de nuestro Ministro de Salud de la República, “siempre preocupado” por la actitud de la Iglesia frente a la vida. Y nos aclara algunas cosas, nos deja pensando otras y, también, nos indigna su cortedad de mirada.

Lo primero, es algo que el Ministro deja en claro: él no es católico. Lo afirma al excluirse categóricamente como alguien ajeno a esta religión. Esto es bueno recordarlo en el futuro, cuando se presente como católico preocupado por algún aspecto concreto de la realidad, seguramente en contra de alguna de las posturas de la Iglesia. ¿Cuándo ocurrirá esto? Paciencia, ya lo escucharán o leerán y deberán acordarse, entonces, de estas palabras.

Lo segundo, es inferir “¿inocentemente?” que quién está en contra del aborto es alguien que apoya a los violadores, o los encubre. Lo que hace es introducir en su argumentación una falacia con el propósito de desviar el verdadero problema: la violación es un crimen, pero el aborto también lo es (por más que la ley o los hombres con poder político o económico digan lo contrario). Con respecto al violador, esperamos que la justicia actúe. Para eso hay una policía que lo tiene que encontrar y un fiscal que lo debe acusar. Pero en el caso del aborto es distinto. Porque hay planes de “salud sexual y reproductiva” no se preocupan de la persona a la cual se quiere matar. La policía no buscará al responsable del asesinato porque la ley lo ampara y se considera que su acción es no punible. Y el fiscal, a lo sumo, se preocupará por los derechos de la mujer que no quiere ser madre (o de la madre que no quiere ser abuela, como en nuestro caso). Ocuparse por los derechos del concebido implica un deseo de justicia para todos: para quién quiere cometer un “crimen legal” y también para quién ha “violado” a una persona y a la ley. Que se luche para impedir un aborto no implica aceptar que el violador siga libre. Todo lo contrario. Es preocuparse de que haya justicia para quien todavía no tiene voz porque está en el seno de su madre.

Lo tercero también me preocupa mucho. El “Ministro” hace referencia a “grupos de fanáticos religiosos”. Más allá de que usa uno de aquellos “adjetivos mágicos” a los cuales describí hace un tiempo, es bueno que reflexionemos sobre el tema.

¿Qué es un fanático? El Diccionario de la Real Academia Española dice que es un adjetivo que hace referencia a alguien “que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas”. Luego completa diciendo que es la condición de estar “preocupado o entusiasmado ciegamente por algo”. Tomemos nota de dos adjetivos: desmedido y ciego. Fanático es aquel que en su proceder va más allá de toda medida racional. ¿es fanático alguien que quiere usar la ley para que la sociedad esté ordenada? Porque eso es lo que se hizo en este caso por parte de quienes son condenados por la palabra del Ministro. El problema es que la Constitución de la República dice algo radicalmente distinto a lo que piensan que dice quienes detentan el poder. Y porque no quieren verlo (quién será el ciego) entonces recurren a adjetivos descalificadores para desviar la atención. El fanático no ve que hay leyes y por eso actúa al margen de ellas.

1 Comentario

  1. Los grupos llamados provida son gente que se entrega a la noble causa de acompañar a la mujer madre embarazada, y de hacer lo posible para que dé a luz al niño que lleva en el útero, y que por ninguna razón, o más bien sinrazón, lo mate. ¿Eso es fanatismo? Eso es humanismo, justicia, verdad, derecho, sentido común, solidaridad, paz familiar y social. Es cierto que suelen ser fervorosos, entregados, entusiastas en su tarea. Oponerse a la matanza de niños intrauterinos, a la promiscuidad sexual, a la destrucción del matrimonio y la familia, eso es muy bueno, y ellos lo hacen en paz. Basta que veamos cómo reaccionan las que se dicen "autoconvocadas", y la respuesta de los provida, serena, paciente. Pero si alguno de ellos tuviera el más mínimo gesto de desborde, no alcanzarían las páginas de los malinformantes para escandalizarse, rasguidos de vestiduras, con un cinismo de dos medidas, de dos justicias, de dos varas. Y eso en buen criollo se llama manipulación y mentira. Nosotros somos de todos los derechos humanos y, por serlo, no eliminamos el primero y más importante.

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