El rostro de Dios

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Dios tiene “muchos rostros” que nos salen al encuentro. Esta es una meditación de algunos de ellos, desde la fuente de la Revelación Divina.

DIOS COMO “PADRE”

Hoy estamos en un mundo que propone una “fraternidad sin padre”, por eso es importante rescatar la noción de Dios como Padre.

Esta noción tiene su raíz en la Revelación de Dios a los hombres. La pa­ternidad de Dios se refiere sobre todo al Pueblo de Israel. La certeza de esta paternidad no viene de un cuento o una especulación filosófica sino de la expe­riencia de un gesto salvador único en su genero, realizado por Dios en la histo­ria: la salida de Egipto. (Dt 32, 1-14)

Para la Biblia, Dios como Padre, no es nunca ni el antepasado ni el que engendra; nociones estas que estaban en el mundo religioso que rodeaba al Pueblo de Israel.

Dios como Padre tiene las siguientes características:

  • Protección: es el que está, el que acompaña, el que conduce. El que llama a Dios Padre a su vez se siente obligado a la obediencia. La actitud de la sumisión en la confianza es exigida por Dios (Is 1,2-3; 30,1.9). Este es el verdadero sentido del temor de Dios (Lc 12,4-7).
  • Ternura: a su vez Dios es el que acude a ayudar al necesita­do. En Os 11,1-9 encontramos estos rasgos, a los cuales podríamos carac­terizar como maternales. Por ser un Padre que ama a sus hijos es que también perdona al descarriado que vuelve (Lc 15, 11-32).
  • Adopción: con la plenitud de la Revelación que nos trajo el Señor Jesús, conocemos la existencia de la Trinidad. En ella sabemos la existencia de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sabemos también que Dios Padre, por la acción salvadora de Dios Hijo, a través de Dios Espíritu Santo, nos adopta como hijos: Gal 4, 4-7. Y esta adopción es tan profunda que nos hace “partícipes de su naturaleza divina” (2 Pe 1,4) y nos exige vivir de acuerdo a nuestra dignidad (1 Pe 1, 22-23).

Para meditar:

* ¿Qué idea tengo de Dios?
* ¿Tengo temor de Dios? ¿Cómo lo manifiesto?
* Mi confesión, ¿es un encuentro con un Dios Padre que me ama y me espera?
* ¿Vivo como hijo de Dios? ¿Mi oración es la de un hijo?

Me puede ayudar a la meditación la lectura de Rom 8, 1-27 para descubrir el rostro de Dios como Padre que se preocupa por mí para que esté junto a El.

DIOS PROVIDENTE

El rostro de Dios es el de un Padre que cuida de sus criaturas y les procura lo que necesitan: este aspecto es el que evoca la palabra providencia.

La providencia de Dios se manifiesta en la historia; no: a la manera de un destino que lleve al fatalismo; un mago que asegure al creyente contra los accidentes; un padre sin exigencias; y si estableciendo al hombre en la esperanza y exigiéndole que sea su colaborador.

Jesús, que nos revela el amor infinito de que es expresión la providencia, nos enseña también con su ejemplo y con su palabra como responder a tal amor:

  • Buscar ante todo el reino de este amor, negándonos a someternos a otro dueño (Mt 6, 33.24);
  • abandono filial: pedir al Padre que se haga su voluntad así en la tierra como en el cielo. Aguardar por añadidura el pan de cada día y todo lo que un hijo necesita para cumplir la voluntad de su padre (Mt 6, 25-34);
  • confianza en la prueba: la providencia no se las ahorró a Jesús, que conoció el abandono de su Padre (Mt 27,46) y que, obediente hasta la muerte, afirmó su confianza filial con su última palabra pronunciada en la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46).

Ahora bien, si Dios Padre tiene cuidado de sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa, no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus dos Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a vivir una vida feliz que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo de este mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal. (CatIC 311)

Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando lo veamos “cara a cara” (1 Cor 13,12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios condujo su creación hasta el cielo.

Frente a la providencia tenemos que tener dos actitudes:

  • Confianza segura: porque el designio de amor de Dios se realizará infaliblemente (Sal 33, 11-22). Esto es suficiente para establecer en el creyente la esperanza inquebrantable (Rom 8, 28.31-39). Y esta convicción inspira la oración.
  • Fidelidad constante: Dios no invita al hombre a la pasividad, sino que lo apremia para que colabore con él con sus iniciativas libres (Sal 37,3).

Para meditar:

Descubran la providencia en su vida personal y comunitaria, a través de hechos concretos en los cuales comprobemos la “mano de Dios”. Compartirlos en grupo. Podemos también retomar Rom 8 (ya citado) y compartir la reflexión.

DIOS ESPOSO

El nombre de esposo es uno de los que se da Dios (Is 54,5) y que expresa su amor a su criatura. La comunión de amor entre Dios y los hombres, contenido fundamental de la Revelación y de la experiencia de fe de Israel, encuentra una significativa expresión en la Alianza esponsal que se establece entre el hombre y la mujer. Por esta razón, la palabra central de la Revelación, “Dios ama a su pueblo”, es pronunciada a través de las palabras vivas y concretas con que el hombre y la mujer se declaran su amor conyugal.

Su vínculo de amor esponsal es imagen de la Alianza que une a Dios con su pueblo (Os 2,21). El pecado que puede atentar contra el pacto conyugal es imagen de la infidelidad del pueblo a su Dios: la idolatría es prostitución, la infidelidad es adulterio, la desobediencia a la ley es abandono del amor esponsal del Señor (Os 2,4-7). Pero el amor del Esposo, gratuito y fiel, insondable y eterno, buscará por muchos caminos a la infiel (Os 2, 8-19) triunfará y transformará a la adúltera en una esposa virginal (Is 62, 4-5), con la que se unirá mediante una alianza eterna (Is 54, 6-10).

Cristo, en la Nueva Alianza, consolida y lleva a cabo la comunión esponsal entre Dios y su pueblo. Cristo mismo nos asegura que el Esposo está con nosotros (Mt 9,15). Está con todos nosotros y está con la Iglesia. La Iglesia se convierte en Esposa de Cristo. Esta esposa se hace presente en cada bautizado y es como una persona que se ofrece a la mirada de su Esposo: “Amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para… presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5, 25-27). El amor, con que el Esposo “amó hasta el extremo” (Jn 13,1) a la Iglesia, hace que ella se renueve siempre y sea santa en sus santos, aunque no deja de ser una Iglesia de pecadores.

Para meditar:

* ¿Cómo está mi relación esponsal con Dios? ¿Soy fiel o infiel?
* ¿Y mi dialogo?
* ¿Y mi comunión?

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1 Comentario

  1. Me atrapó el reflexión,gracias Padre Fabián que el Señor te bendiga

  2. Hermosa reflexión. Considero necesaria en estos momentos donde abunda la violencia y la ignorancia . Bienaventurados sean los que nos ayudan en Esperanza, Fe y Confianza en la Voluntad del Padre Nuestro Señor !!! ADSUM!

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