El papel de los laicos en la Iglesia que es Una

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Partamos de la descripción que hace el Catecismo:

“«Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica» (LG 8). Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí (cf. DS 2888), indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades.” (811)

(Para estudiar con más detalle las cuatro notas consulten el Catecismo de la Iglesia Católica, de los N° 811 al 870.)

A esos cuatro atributos (o notas) de la Iglesia la Constitución Dogmática Lumen Gentium los desarrolla en varias partes. En los números 32 y 33 se detiene especialmente a considerar el papel de los laicos en esta Iglesia considerada como “Una”. Este es un dato muy interesante para que avancemos en la comprensión de la Iglesia como una totalidad y no como la suma de dos compartimentos estancos y separados como serían el de los laicos y el del clero (tres si le sumamos el de los religiosos).

Ya vimos como esta consideración de la totalidad estaba presente en el capítulo 1 dedicado al Misterio de la Iglesia y en el 2 que habla de la Iglesia como Pueblo de Dios. Los puntos que desarrollaremos a continuación  simplemente siguen esa lógica de argumentación.

Lo primero que se constata es lo que sería una aparente contradicción de la Unidad de la Iglesia: su pluralidad. En la Iglesia somos Uno pero sin perder la propia identidad con la cual fuimos llamados a participar. Esto es así desde los mismos orígenes:

“Por designio divino, la santa Iglesia está organizada y se gobierna sobre la base de una admirable variedad. «Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros» (Rm 12,4-5).”(32)

Pero esta aparente pluralidad tiene como fundamento aquello que nos hace iguales, homogéneos:

“Por tanto, el Pueblo de Dios, por El elegido, es uno: «un Señor, una fe, un bautismo» (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad. No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque «no hay judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús» (Ga 3,28 gr.; cf. Col 3,11).

Si bien en la Iglesia no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han alcanzado idéntica fe por la justicia de Dios (cf. 2 P 1,1).”(32)

Unidad en la diversidad. Pero es de esa diversidad que se construye la unidad al aceptar el camino distinto que el otro tiene. Aceptación que debe ser reconociendo la obra de Dios en el otro, reconociendo, también, que su camino es una riqueza para mí y para todos.

En este marco se presenta la acción de los pastores y de los laicos. Lo que dice debe ser muy meditado por aquellos que se basan en el concilio para hacer oposiciones ficticias:

“Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo. Pues la distinción que el Señor estableció entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los demás fieles están vinculados entre sí por recíproca necesidad.”(32)

A los pastores nos invita a ponernos “al servicio los unos de los otros y al de los restantes fieles”. A los laicos se les recuerda que somos, ante todo, hermanos suyos:

“Los laicos, del mismo modo que por la benevolencia divina tienen como hermano a Cristo, quien, siendo Señor de todo, no vino a ser servido, sino a servir (cf. Mt 20,28), también tienen por hermanos a los que, constituidos en el sagrado ministerio, enseñando, santificando y gobernando con la autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios, de tal suerte que sea cumplido por todos el nuevo mandamiento de la caridad. A cuyo propósito dice bellamente San Agustín: «Si me asusta lo que soy para ustedes, también me consuela lo que soy con ustedes. Para ustedes soy obispo, con ustedes soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, éste una gracia; aquél indica un peligro, éste la salvación»” (32).

Luego de esta introducción, diríamos así, se describe cual es el papel de los laicos en el seno de la Iglesia que es Una. A esto está dedicado todo el número 33. Primero se deja establecido que su apostolado no viene derivado de una colaboración con la jerarquía sino de su misma dignidad de bautizado/confirmado:

“Los laicos congregados en el Pueblo de Dios e integrados en el único Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, están llamados, como  miembros vivos, a contribuir con todas sus fuerzas, las recibidas por el beneficio del Creador y las otorgadas por la gracia del Redentor, al crecimiento de la Iglesia y a su continua santificación.

Ahora bien, el apostolado de los laicos es participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, apostolado al que todos están destinados por el Señor mismo en virtud del bautismo y de la confirmación. Y los sacramentos, especialmente la sagrada Eucaristía, comunican y alimentan aquel amor hacia Dios y hacia los hombres que es el alma de todo apostolado”. (33)

Pero este apostolado de los laicos tiene una característica que le viene de la índole secular de su vivencia de la fe:

“Los laicos están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos. Así, todo laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y simultáneamente en vivo instrumento de la misión de la misma Iglesia en la medida del don de Cristo (Ef 4,7).

(…)Así, pues, incumbe a todos los laicos la preclara empresa de colaborar para que el divino designio de salvación alcance más y más a todos los hombres de todos los tiempos y en todas las partes de la tierra. De consiguiente, ábraseles por doquier el camino para que, conforme a sus posibilidades y según las necesidades de los tiempos, también ellos participen celosamente en la obra salvífica de la Iglesia.” (33)

Ya desarrollaremos más adelante lo que implica de manera concreta esto de ser testigo e instrumento de esta misión eclesial N° 34 al 36).

El concilio recuerda que, además de ser fermento de Cristo en medio del mundo, el laico también tiene la misión de colaborar en el crecimiento hacia adentro de la Iglesia:

“Además de este apostolado, que incumbe absolutamente a todos los cristianos, los laicos también pueden ser llamados de diversos modos a una colaboración más inmediata con el apostolado de la Jerarquía, al igual que aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización, trabajando mucho en el Señor (cf. Flp 4,3; Rm 16,3ss). Por lo demás, poseen aptitud de ser asumidos por la Jerarquía para ciertos cargos eclesiásticos, que habrán de desempeñar con una finalidad espiritual.”(33)

En el punto 37 se desarrolla lo que podríamos definir como los derechos y deberes de los laicos en la Iglesia:

“Los laicos, al igual que todos los fieles cristianos, tienen el derecho de recibir con abundancia de los sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la palabra de Dios y los sacramentos. Y manifiéstenles sus necesidades y sus deseos con aquella libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, más aún, a veces el deber, de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia. Esto hágase, si las circunstancias lo requieren, a través de instituciones establecidas para ello por la Iglesia, y siempre en veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por razón de su sagrado ministerio, personifican a Cristo.

Los laicos, como los demás fieles, siguiendo el ejemplo de Cristo, que con su obediencia hasta la muerte abrió a todos los hombres el dichoso camino de la libertad de los hijos de Dios, acepten con prontitud de obediencia cristiana aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, establecen en la Iglesia en su calidad de maestros y gobernantes. Ni dejen de encomendar a Dios en la oración a sus Prelados, que vigilan cuidadosamente como quienes deben rendir cuenta por nuestras almas, a fin de que hagan esto con gozo y no con gemidos (cf. Hb 13,17).

Por su parte, los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo, encomiéndenles con confianza cargos en servicio de la Iglesia y denles libertad y oportunidad para actuar; más aún, anímenles incluso a emprender obras por propia iniciativa. Consideren atentamente ante Cristo, con paterno amor, las iniciativas, los ruegos y los deseos provenientes de los laicos. En cuanto a la justa libertad que a todos corresponde en la sociedad civil, los Pastores la acatarán respetuosamente.

Son de esperar muchísimos bienes para la Iglesia de este trato familiar entre los laicos y los Pastores; así se robustece en los seglares el sentido de la propia responsabilidad, se fomenta su entusiasmo y se asocian más fácilmente las fuerzas de los laicos al trabajo de los Pastores. Estos, a su vez, ayudados por la experiencia de los seglares, están en condiciones de juzgar con más precisión y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, robustecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo.” (37)

Como podemos ver, el laico no es un elemento secundario en la vida de la Iglesia. Tiene su papel propio: ni superior ni inferior al de la jerarquía. Papel que debe ser vivido en plenitud:

“Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús y una señal del Dios vivo. Todos juntos y cada uno de por sí deben alimentar al mundo con frutos espirituales (cf. Ga 5, 22) y difundir en él el espíritu de que están animados aquellos pobres, mansos y pacíficos, a quienes el Señor en el Evangelio proclamó bienaventurados (cf. Mt 5, 3-9). En una palabra, «lo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo».” (38)

Sobre todo esto hablaremos hoy en nuestro programa de radio Concilium (FM Corazón, 104.1 de Paraná). Bienvenidos todos los aportes y sugerencias.

1 Comentario

  1. ¡Qué maravilloso leer un sacerdote formando conciencia de nuestro ser laico! De nuestra responsabilidad. Qué bueno leer que se acerca estas palabras, que si bien hace 50 años que están presentes incluso en forma escrita, no muchos sacerdotes lo comunican en sus comunidades. He tenido oportunidad de profundizar particularmente esta constitución del CV II y es curioso cómo todas los conceptos que en su momento marqué como claves, fueron los resaltados en “negrita” por Ud! Pero al margen de esto: hay algo que siempre me inquietó y que me ha inquietado aún más luego de la asamblea federal de ACA, más precisamente luego de participar del encuentro de adultos jóvenes: luego de participar en los grupos he detectado que en poquísimas comunidades de nuestro país, los párrocos forman a sus laicos en su rol, en el resto nada o casi nada. Y esto trae aparejado como consiguiente, a mi entender, la escasa participación en el orden temporal. Tanto en lo político, como en lo cultural, educacional, en lo económico, en lo social, etc. Porque evidentemente los laicos nos movemos en todos esos ámbitos, pero ¿somos conscientes de nuestro rol allí mismo?… Que justamente nuestro rol de seguidores de Cristo, nuestro sacerdocio adquirido en el Bautismo, no claudica al salir de los templos, sino que allí es justamente donde más encuentra sentido? (sin olvidar también la colaboración importante que podemos y debemos hacer dentro de la Iglesia). Por todo esto es que me parece fabuloso, que a través de estos medios u otros, como la radio o mismo en los templos, es que se nos forme como laicos y se nos inste a pensar y participar como laicos! ¿Sabemos realmente nuestro rol? ¿Tomamos conciencia? Esto obviamente, sin subestimar ni crear oposición con el resto de los roles dentro de la Iglesia. Porque si en algo fue sabio Dios, fue en hacernos diferentes! En la diversidad es juntamente donde se tiene que dar la unidad. Hermoso desafío pero realmente posible! Realmente!!!! Gracias Fabián por traer estos temas que confío que colaborarán enormemente en la construcción de un mundo bien de Dios! Alabado Sea Jesucristo!

  2. Muy bello!! Lástima que muchos sacerdotes dicen, que según el Derecho Canónico, los laicos no son nada y ellos son los que manda.
    Bendiciones padre Fabian por su noble labor…

  3. Muy bueno Padre Fabián que se den a conocer éstas cosas que hacen a un acercamiento más profundo con la iglesia y lógicamente con los sacerdotes, en la vida diaria podemos observar que para muchas personas la iglesia es algo inaccesible, por distintas razones en sus vidas, pero fundamentalmente por una barrera (virtual) que está enquistada en la conciencia de la gente.Cuando pienso que Jesús era un hombre tan simple, que comìa pescado a la orilla del río con la gente, compartía el pan y sólo se preocupaba por amar, veo que el hombre se complica mucho la vida y no consigue agradar a Dios. Ojalá que ésta apertura a los laicos nos dé la luz necesaria para evangelizar todos los días en nuestras tareas cotidianas, si bien los grupos en la iglesia son importantes , la necesidad de Dios se ve fuera de ella, los que podemos ver dia a día el dolor de madres con sus niños enfermos en el hospital tenemos una visión totalmente diferente de la misión de un laico con la gente. Jesús está fuera esperándonos en ése niño enfermo, en ésa madre desconsolada que te pide reces junto a ella, y hay una particularidad en toda ésta gente: ante el dolor buscan a Jesús
    Y en todos los campos hay oportunidad de evangelizar y somos los laicos los encargados de hacerlo y por éso Padre me alegra mucho todo ésto, ya que en la calle, en el trabajo, etc. está la necesidad de Dios y aveces es sólo una vuelta de rosca lo que necesita una persona para conocerlo. gracias Padre Fabián

  4. Padre: muy bueno su artículo que nos recuerda el papel de los laicos en la Iglesia. Comparto las opiniones anteriores en lo referido que es muy poco lo que la Jerarquía ha hecho por atraer a los laicos, muchas veces son sólo referencias verbales que no se convierten en hechos.
    Hace años que no escucho en las misas, la mención (y la invitación) para que los laicos se integren a la vida eclesial. No ofrecen la participación en la Acción Católica ni en los Movimientos laicales que participan de la Iglesia y que constituyen hoy una herramienta eficaz para conocer el “kerigma” o primer anuncio del Evangelio y que permiten por sus métodos propios una perseverancia activa y consciente.
    Con dolor, tampoco puedo dejar de mencionar a sacerdotes que desconocen a los Movimientos y que desaconsejan la participación en los mismos.
    Gracias Padre.

  5. Una vez alguien me dijo: los lugares no se piden, se ganan. Este alguien era un amigo y hablaba de la vida de Iglesia. En ese momento yo era un joven laico (entré al Seminario recién a los 23 años). Creo que es hora de que los laicos se animen a ser parte sin pedir permiso: esperar a ser convocados es, precisamente, estar pidiéndo permiso para participar de algo que me es extraño.

  6. aplausos padre por sus palabras tan acertadas .me alejo un poco de los comentarios de las personas que se expresaron anteriormente pero en mi país Colombia hace concurso un síndrome que es necesario dar manejo si bien todos somos iglesia es común encontrar laicos que dentro de las parroquias creen que son propietarios de ella y se sienten con el derecho de criticar sin reflexionar en el daño que hacen o por lo menos preocuparse por pensar en la importancia de respetar el derecho de participación de sus hermanos en la fe. Es necesario ponerle coto a estas personas que se adueñan de las parroquias e inclusive de su propio párroco, es una problemática que es necesario darle manejo de fondo. Los Laicos enriquecen la iglesia pero de esta misma forma es necesario capacitarse formarse para andar al ritmo de ella y no simplemente enfrentarse sin tener principios fundados en principios eclesiales que buscan crecer como verdadera comunidad cristiana.

  7. Felicito su gran y extenso Artículo. sobre la Vocación, compromiso y misión del Pueblo Lay cal. Respeto sus grandes conocimientos de Teólogo, y espero me sepa disculpar, el comentario. Con respecto a la explicación, que hace sobre el Concilio Vaticano II, yo como Sacerdote, no tuviera, la intención de hacer ningún comentario, han pasado 54 años del inicio de este tan nombrado Concilio. para mi solo ha quedado escrito solo en Libros, la mayoría de los Sacerdotes, no lo pone en practica, en mi Diosecis no existe el Consejo Diocesano de Laicos, en mi Parróquia no existe el Consejo de Pastoral Parroquial, peor ahun el Consejo económico Parroquial. como se puede trabajar en una buena Pastoral de conjunto, por eso nos piden que aceptemos, com prontitud la obediencia cristiana, aquello que los Pastores Sagrados, en cuanto a representantes de Cristo, establecen en la Iglesia en su calidad de Maestros y Gobernantes. (igual que los maestro de la Ley del Antiguo Testamento), que solo quieren hacer cumplir la Ley. Nos han sembrado una falsa humildad, en la mayor parte de Parroquias, existen Laicos ignorantes, que desconosen los textos de su propia religión, muchos Laicos no saben que es el Canón de la Iglesia,por esto son prezas faciles, de todas las sectas; Ahora con el mundo de internet, todos hacen reflecciones. pero el trabajo que deverasmente tienen que hacerlo, lo hacen a medias. en sus Parroquias. lo que se ve claramente es que existe un egoismo total en todo el Clero. que Dios me perdone si esto es una calunnia.

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