Ética individualista o responsabilidad y participación

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Es la disyuntiva que propone la Gaudium et Spes para construir la vida social en armonía. Una advertencia que podría calificar de profética para nuestro tiempo tan marcado por la preocupación de los propios intereses o los del sector al que pertenezco. Dejémonos enseñar, entonces, por los Padres Obispos Conciliares.

La tentación del individualismo.

Y tiene esta tentación una causa muy concreta:

“La profunda y rápida transformación de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupación frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una ética meramente individualista.” (GS 30)

El remedio nace de lo que es la propuesta propiamente cristiana, que Jesús sintetizara en el “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12, 29-31).

“El deber de justicia y caridad se cumple cada vez más contribuyendo cada uno al bien común según la propia capacidad y la necesidad ajena, promoviendo y ayudando a las instituciones, así públicas como privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida del hombre.” (GS 30)

Totalmente de acuerdo, diremos muchos. Es que en los principios casi siempre concordamos. Pero luego, en las opciones particulares y concretas… ya no es tan así. Ese “fariseísmo” de decir algo con los labios y luego afirmar lo opuesto en las obras de cada día es la gran tentación del creyente de todos los tiempos. Y aquí, a ese fariseísmo, los Obispos lo describen muy acertadamente:

Hay quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales. No sólo esto; en varios países son muchos los que menosprecian las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tienen reparo en soslayar los impuestos justos u otros deberes para con la sociedad. Algunos subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo.” (GS 30)

Por eso hay que hacer un gran esfuerzo de conversión personal y comunitaria que nos permita romper los límites de nuestros propios intereses para salir al encuentro del otro… de los demás.

“La aceptación de las relaciones sociales y su observancia deben ser consideradas por todos como uno de los principales deberes del hombre contemporáneo. Porque cuanto más se unifica el mundo, tanto más los deberes del hombre rebasan los límites de los grupos particulares y se extiende poco a poco al universo entero. Ello es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en sí mismo y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia.” (GS 30)

El cultivo de la participación

El romper con el individualismo es una cuestión de toda la comunidad y de las pautas que propone para crecer desde lo comunitario. Son las pautas culturales que nos permiten integrarnos correctamente.

“Para que cada uno pueda cultivar con mayor cuidado el sentido de su responsabilidad tanto respecto a sí mismo como de los varios grupos sociales de los que es miembro, hay que procurar con suma diligencia una más amplia cultura espiritual, valiéndose para ello de los extraordinarios medios de que el género humano dispone hoy día. Particularmente la educación de los jóvenes, sea el que sea el origen social de éstos, debe orientarse de tal modo, que forme hombres y mujeres que no sólo sean personas cultas, sino también de generoso corazón, de acuerdo con las exigencias perentorias de nuestra época.” (GS 31)

Un presupuesto muy importante es el sentar las bases de un auténtico desarrollo humano que permita crecer como persona desde, como mínimo, la satisfacción de las necesidades básicas.

“Pero no puede llegarse a este sentido de la responsabilidad si no se facilitan al hombre condiciones de vida que le permitan tener conciencia de su propia dignidad y respondan a su vocación, entregándose a Dios ya los demás. La libertad humana con frecuencia se debilita cuando el hombre cae en extrema necesidad, de la misma manera que se envilece cuando el hombre, satisfecho por una vida demasiado fácil, se encierra como en una dorada soledad. Por el contrario, la libertad se vigoriza cuando el hombre acepta las inevitables obligaciones de la vida social, toma sobre sí las multiformes exigencias de la convivencia humana y se obliga al servicio de la comunidad en que vive.” (GS 31)

Así quién vive en la libertad debe también saber encontrarse con la sociedad de la que es parte activa:

“Es necesario por ello estimular en todos la voluntad de participar en los esfuerzos comunes. Merece alabanza la conducta de aquellas naciones en las que la mayor parte de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, la situación real de cada país y el necesario vigor de la autoridad pública. Para que todos los ciudadanos se sientan impulsados a participar en la vida de los diferentes grupos de integran el cuerpo social, es necesario que encuentren en dichos grupos valores que los atraigan y los dispongan a ponerse al servicio de los demás. Se puede pensar con toda razón que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar.” (GS 31)

El gran desafío: participar

La queja de quienes viven algún tipo de compromiso social, político o religioso es la aparente indiferencia de la mayoría de sus pares. Muchas veces, no solamente se sienten solos sino que terminan abandonando, desalentados, lo que hacen por el bien común. La conversión social y cultural a la cual estamos llamados tiene que ver con nuestra capacidad de ser ciudadanos responsables. Todos. Es decir, sentirnos protagonistas de nuestra sociedad. Muchas veces nos contentamos con usufructuar gratuitamente de los beneficios que nuestros congéneres más comprometidos nos consiguen. Y eso no está bien.

Y vos, ¿qué opinás de esta enseñanza del Concilio? ¿Es de cincuenta años atrás y por eso ya está desactualizada? ¿Sigue siendo actual? En tu entorno de cada día hay ¿individualismo o participación? Dejá tu comentario al final de esta página.

1 Comentario

  1. Muchas gracias por este artículo: me ha resultado de gran interés. Le voy a sacar punta… a este documento tan importante del Concilio Vaticano II! Gracias!

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