Hace casi dos mil años San Pablo tuvo un problema con la Comunidad de los Corintios. Porque no hacían las cosas como corresponde a los hijos de Dios , con amor de padre, Pablo les escribe una carta. Allí les recordaba que la Palabra de Dios debe iluminar las actitudes de cada día, ya sea en las pequeñas como las grandes cosas.

Los cristianos de Corintio tomaron muy a mal la carta de Pablo y dijeron muchas cosas feas contra él. Frente a esto, les vuelve a escribir y allí le manifiesta como es el corazón del apóstol.

“Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados (les dice). Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida. Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos.” (2 Cor 4,8-13)

A Pablo siempre lo movió su fe en Jesús resucitado y su deseo de que todos los hombres puedan alcanzar su felicidad en él. No hablaba porque tenía un corazón mezquino. Al contrario, sus cartas brotaban de la grandeza de su vida. El mismo nos cuenta cual es su certeza:

“Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes. Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios. Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.” (2 Cor 4,14-18)

El mundo sigue girando, la historia no se detiene. Y hoy, después de dos mil años, cuando el Papa o los Obispos (sucesores de los apóstoles) escriben cartas enseñando la Palabra de Dios… las mismas reacciones de los Corintios se siguen produciendo.

Algunos escuchan sus enseñanzas, otros son indiferentes y otros reaccionan muy mal. Pero esto no los acobarda, ya que recibieron el encargo de apacentar el pueblo de Dios en el nombre de Jesús. Tratan siempre que sus palabras sean inspiradas en el amor de Dios. Y la dirigen a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad. Su deseo no es cargar las tintas contra el gobierno de turno sino recordarnos a los cristianos como debemos ser buenos ciudadanos. Cuando ellos hablan ocurre lo que dice el Martín Fierro: “no es para mal de nadie sino para bien de todos”.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!