El gran desafío de toda época, para todo ser humano, es el de tener el corazón dispuesto para recibir la Palabra de Dios. Esta apertura supone un oído atento a lo que el Señor tiene para decirnos, a lo que nos está diciéndo en este momento… a su paso concreto y real por nuestras vidas.

La Palabra del Señor sale al encuentro de nosotros de muchas maneras: es un canto que resuena con muchas voces. Pero nosotros podemos dejarnos llevar por nuestros prejuicios… y permanecemos indiferentes a su resonancia interior.

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Frente a un acontecimiento espiritual podemos o maravillarnos o indignarnos… y lo que sigue es consecuencia de esta actitud interior primera. Sobre esto es que reflexiono en el video de hoy:

Decía, en sus años mozos, el teólogo Ratzinger: «Dios no te pide cosas, solamente el oído«. Y es una frase que sigue teniendo plena vigencia… ¿no?

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