Presbítero Francisco Pausich

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Nuevamente nos encontramos con otro sacerdote y sinodal, y en esta ocasión quien sería el primer sacerdote esloveno en nuestra Diócesis del Litoral.

Francisco Pausich

Francisco Pausich, fue miembro de una familia de inmigrantes del pueblo de Osek, en el Valle de Vipava, cerca de Gorizia, Provincia de Iliria en Austria.

Su infancia

Nacido el 6 de marzo de 1876 en la familia de Pablo Pausich y Teresa Hrovatin, vivió sus primeros años en su lugar de origen, siendo confirmado el 13 de octubre de 1885 por el Arzobispo de Gorizia Mons. Aloysio Zorn y fue su padrino Josepho Hrovatin, según consta en el certificado que guarda su legajo.

Cuando tenía ocho años, su familia viene a la Argentina y a Paraná. Sabemos que la primera llegada de eslovenos fue a Entre Ríos de 1879 en adelante, a la zona de la Colonia 3 de febrero, mas tarde San Benito.

Tratando de ubicarlos en el tiempo y espacio de su llegada, sabiendo que en 1885 fue confirmado en su Diócesis de Gorizia, inicie una búsqueda de los sacramentos de las parroquias de San Benito, Borja y la Catedral, si bien no encontré una fecha exacta de su llegada, si constan los bautismos de algunos de sus hermanos.

El primer registro es el del bautismo de Juana nacida el 10 de abril de 1889, bautizada el 11 de abril de ese año, más tarde el de Paulina, nacida el 29 de diciembre de 1890, bautizada al día siguiente y Juan, nacido el 23 de agosto de 1893, bautizado el 24, todos hijos de Pablo Pausich y Teresa Krovatin, austriacos, labradores y  todos en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, Catedral de Paraná.

Sus estudios eclesiásticos

Siguiendo entonces con la vida de Francisco, comienza sus estudios, cursa cuatro años de bachillerato en el Colegio San José de Paraná.  Filosofía y 2 años de Teología en el Seminario de Paraná, instalado en Santa Fe y los dos últimos años en el Seminario de la Inmaculada Concepción de Santa Fe.

Con fecha  20 de agosto de 1896, desde Santa Fe, encontramos en su legajo el pedido de las Ordenes Menores, donde consta que está cursando el segundo año de Filosofía y avivándosele cada día más los deseos de servir a Dios en el estado eclesiástico, creyéndose con los requisitos necesarios para recibir las órdenes… solicita las mencionadas órdenes.

Del 24 de marzo de 1899, tenemos la aprobación del Subdiaconado, donde  el obispo Mons. Rosendo de La Lastra le encomienda al Párroco de la Catedral para que el día siguiente las confiera y le adscriba a la Iglesia Parroquial de Concordia, con el titulo de Teniente Cura. El 6 de marzo de 1900, le informan que recibirá el Diaconado el día siguiente y se le dispensa de los días que faltan para cumplir el año de intercio. El 22 de diciembre de 1900 es ordenado Presbítero por Mons. de La Lastra y canta su primera misa en la Capilla San Antonio.

De esta época de estudiante, encontramos en su legajo la transcripción y traducción  enviada por un familiar muchos años después de una carta que le enviara a su hermana. Dice el informe previo que estaba escrita en esloveno arcaico, un idioma de entre casa con palabras alemanas e italianas eslovenizadas por el uso cotidiano y además en dialecto de Osek. Este familiar es quien dice que llegaron al país cuando él tenía ocho años.

En ella saluda a su hermana por el día de su santa patrona Isabel:

no dispongo de mucho tiempo. Ayer tuvimos examen y el día 30 tenemos otro y el día 6 el último.

Puedes darte cuenta que no dispongo de mucho tiempo, ya que estos son los últimos exámenes, además en los últimos siete días escribí unas seis o siete cartas…no habrá misa según dijo el Obispo y la verdad no sé cómo están las cosas ahora. Algunos escribieron al Obispo que todavía no estamos preparados. Dios sabe lo que hace y así todo estará bien. Las monjas de la escuela de al lado de la Catedral me escribieron, preguntando si es verdad que daré la primera misa el día 8. Yo me lo había imaginado así, pero ahora no será posible… es casi seguro que no seré sacerdote hasta el día 22 de diciembre y veré si podré celebrar la santa misa de Navidad el 25 de diciembre, pero no estoy seguro, antes tengo que averiguar donde poder celebrarla. Ya les escribiré dentro de poco. Yo antes del 20 de diciembre difícil que pueda venir a Paraná…

Saluda a todos los de la casa y deciles que en esta semana no podré escribirles, ya que no tengo tiempo. Saluda a la tía y a todos los tuyos. Que Dios este siempre contigo…tu hermano Francisco.

Santa Fe,  17 de noviembre de 1900.

Ocupo el puesto de Teniente de Cura de Goya, de Gualeguay, hasta que fue a ocupar la Capellanía Vicaria de Villa Libertad y luego la parroquia de Rosario del Tala. Y en este momento, siendo el Párroco de Rosario del Tala, es uno de los Párrocos consultores del sínodo, porque así lo pedía la Sagrada Congregación Consistorial en su decreto del 10 de agosto de 1910.

El canónigo catedralicio

En 1915 fue nombrado Canónigo Honorario de la Catedral y Secretario del Cabildo Eclesiástico, puesto que desempeño hasta su muerte, lo mismo que el de Profesor del Seminario.

De vocación bien probada, distinguióse en el Seminario por su piedad, su raro talento y constante aplicación, llegando a ser uno de los alumnos sobresalientes, hasta el punto de ayudar ya entonces en sus tareas a los profesores,

dice Ignacio Jacob en un trabajo sobre su vida.

En su legajo vemos una carta que envía a Mons. Bazán el 6 de febrero de 1916 y desde ese lugar en el Colegio La Inmaculada donde está de retiro; escribe:

después de meditar con Dios, comunicole a S.S.I que he resuelto aceptar el traslado que su S.S.I. me propone, pues creo que esa sea la voluntad de dios. El jamás me ha faltado, a pesar de mi indignidad y convencido estoy que también ahora me dará las gracias necesarias para desempeñar convenientemente el nuevo puesto.

En marzo de este año, cesa como cura y vicario de Rosario del Tala.

Una característica propia de su vida fue la intensa actividad, infatigable para el bien, nunca le falto tiempo para sembrarlo. Otra característica suya fue la sencillez y franqueza habitual en su trato.

En medio de sus continuas preocupaciones aparecía siempre como hombre de costumbres sobrias y austeras, de modo que todos veían en él al sacerdote que comprendía y practicaba la máxima de que el corazón del sacerdote debe ser semejante al corazón de Cristo.

El confesionario y la cátedra

Después de 1915, la última etapa de su vida, sus actividades giraron en torno al confesionario y a la cátedra. Solo Dios sabe el gran bien que hizo, aconsejando, acompañando, enderezando las conciencias de los fieles. Esta actividad se puede decir que adelanto su muerte, porque le impidió los cuidados que su larga enfermedad requerían.

Además del confesionario, su actividad se encaminaba más que nada a la buena formación del Seminario, no escatimaba tiempo para ello. Siempre se le veía aprovechar todos los momentos que le permitían sus tareas, para leer y estar al tanto de las últimas novedades científicas. Prueba de ello es su selecta biblioteca, compuesta de las mejores obras en ciencias tanto eclesiásticas como profanas.

La última carta de su puño y letra corresponde al 28 de marzo de 1927, solo unos meses antes de su partida. Está dirigida a Mons. Claudio Poyet:

aquí estoy más preso que un condenado, sujeto a un terrible régimen de hora a hora. El viernes me vio Salomón y después de un prolijo examen, me dio un régimen por tres días, que hoy termina, con el objeto de regularizar el vientre, que ya mas de dos meses no funcionaba… como temo que no pueda estar en esa, le rogaría le dijese a D. Quintín, que me haga la semana. Yo ya le indique la probabilidad de que el no más lo hiciera, porque desconfiaba de mi salud… 

Falleció el 4 de mayo de 1927 a las 19,15 hs. En noviembre de ese año, Ignacio Jacob escribe el trabajo académico del que hemos sacado mucha de esta información.

Estábamos en los primeros días de mayo, nuestro seminario vivía horas de intensa y jubilosa emoción, motivada por la visita del Nuncio; mas en medio del general regocijo descubríase  en los semblantes de todos las huellas de una angustia indefinible, bien sabíamos que no lejos de aquí hallábase en los supremos momentos de agonía una persona de todos querida y apreciada, angustia que se trocó en una verdadera expresión de dolor y general consternación cuando horas más tarde, las campanas anunciaban que el padre Pausich había pasado a mejor vida.

Hasta aquí, otro sacerdote nuestro, de los que poco se conoce y que tanto bien ha hecho.

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