Esta foto que les comparto a continuación es muy interesante. Es una antigua máquina de escribir. Si la memoria no me falla, la saqué visitando una antigua misión salesiana en Tierra del Fuego, en Río Grande. Habla de la pasión por comunicar el Evangelio usando de los medios tecnológicos que se tienen a mano.

Hoy, en estos tiempos signados por la pandemia, tenemos otros medios y posibilidades. Y las cuarentenas de aislamientos nos hicieron redescubrir la importancia del celular para comunicarnos… la posibilidad de utilizar las redes sociales para anunciar a Jesucristo. ¡Bienvenida nueva era digital y todas las posibilidades de anuncio que nos regalas!

Más de uno se largó con ganas y descubrió, con desazón, que ¡le clavaron el visto!!! Y no una sino varias veces. ¿Es que el mundo de hoy odia el Evangelio? No. Somos nosotros que no terminamos de entender que hay una nueva tecnología y eso trae nuevos lenguajes y nuevos modos… y tenemos que aprenderlos.

Por eso quiero compartirte estos 10 tips que los Obispos de Norteamérica dieron a conocer… ¡en 2012!!! Creo que son muy actuales y nos van a ayudar a encauzar nuestras ansias evangelizadoras digitales. No es traducción literal… tiene algunos agregados míos que le agregan datos para comprenderlos.

Aquí hay algunas reglas para la evangelización en las redes sociales:

1. Traducir la enseñanza de la iglesia.

Si compartís documentos o enumeras una serie de ellos en línea, ten en cuenta que no estás difundiendo el Evangelio. Simplemente estás creando un archivo electrónico para que el otro consulte. Citar un documento eclesial podría ayudar a alguien que está preparando una disertación, pero no nos ayudará a nosotros a seguir el mandato de Jesús de ir y enseñar a todas las naciones. Los maestros tienen que traducir la enseñanza de la iglesia en un discurso popular. El evangelizador es traductor.

2. Evitar el discurso de la iglesia.

Algunas frases crean barreras a las comunicaciones. “Intrínsecamente malvado”, por ejemplo, puede obtener un 10 en un trabajo de teología, pero puede merecer un 1 en el discurso humano. ¿Quién entiende el mensaje: «el aborto es intrínsecamente malo»? Algunos conceptos crean barreras en la comunicación tan pronto son escuchados. Los prejuicios impiden el diálogo con sólo oír palabras como “Papa”, “Iglesia Católica”, “pecado”, “sacerdote”, entro otros muchos. Busquemos interesar y atraer. Ya habrá tiempo para profundizar y desvelar de donde proviene lo que decimos. Esto requiere entrenamiento, no es nada fácil.

3. Usar imágenes, como lo hizo Jesús.

El amor de Dios es un regalo de promoción… no podes ganártelo, solo tienes que aceptarlo. Cuando se dice esto ¿Qué se transmite? ¿Cómo toca el entendimiento?

Podemos decir: “El amor de Dios es infinito y vos tenés un valor innato” o “Sos más importante que los gorriones que solo tienen que existir para que Dios los alimente”. Queda claro que imagen del gorrión te da algo a lo que aferrarte, incluso si no te gustan los gusanos.

4. Comprender que las redes sociales son sociales.

Es como ir a una fiesta. No podemos sentarnos en un rincón y no conversar.. Si deseas hacer una declaración a la que nadie pueda responder… compre en una calle un cartel publicitario. Las redes sociales son conversaciones electrónicas. Para participar allí, debes estar dispuesto a escuchar a los demás y conversar con ellos.

5. Revestirse con la armadura de la luz para usarlas.

Su anonimato deja entrar la descortesía en la sala de estar. Al usar una armadura emocional, puedes manejar el desacuerdo, no tomarlo como algo personal y aprender de él. Las redes sociales no son para los de piel delgada: hay que curtirse con la armadura de los hijos de Dios (Rom 13,11-14).

El anonimato, la mala educación, el resentimiento o el miedo, hace que nos echen en cara muchas cosas de las que no somos culpables. Pensemos en quienes lo hacen como personas que sufren y que descargan con nosotros sus frustraciones. Tengamos misericordia de ellos.

6. Utilizar el botón de eliminar para algunos comentarios.

Hay comentarios que cruzan la línea de la decencia. Por suerte esto no es a menudo. A veces, por tu propio bien, es mucho mejor decir «Hasta luego». No es necesario soportar insultos, pero tampoco nos escandalicemos y reaccionemos violentamente. No nos alejemos demasiado: que haya personas maleducadas no quiere decir que no haya otras que necesitan de nosotros en el mismo sitio.

7. Difundir las partes divertidas del catolicismo.

Hay muchas anécdotas e historias llenas de buen humor y que enseñan más de lo que creemos. Habla de santos, como (por ejemplo) Santa Teresa de Ávila quien, indignada por las pruebas de la vida, le aconsejó a Dios: “Si así es como tratas a tus amigos, no es de extrañar ¡Que tengas tan pocos!»

Se puede hablar sobre los buenos sermones que hayas escuchado, tus canciones católicas favoritas. El catolicismo es cálido, lleno de historias, devociones significativas y otras formas sencillas de transmitir la fe. No es embriagador. Buscar el “lenguaje en los cielos” (abstracto e insípido) puede convertirlo en un infierno para los oyentes.

8. Recordar que las reglas están cambiando.

Me sentí extraño la primera vez que envié un mensaje de condolencia a través de Internet. Entonces me di cuenta de que mi amiga me había anunciado la muerte de su padre en un mensaje de correo electrónico. Hoy en día se comunican los acontecimientos personales por la red. Esto no es algo malo, ya que Internet hace que simples gestos humanos más fácil y rápidos.

9. Recordar que los mensajes quedan grabados en la web.

La advertencia de no escribir nada que no quisieras ver en la portada del principal diario de tu país es más pertinente ahora. Una foto tuya levantando una cerveza parece una buena idea hasta que encuentras que alguien te está investigando en línea para un puesto de responsabilidad.

10. Lo bueno y breve, dos veces bueno.

Más es menos. Frases de pocas palabras, como «Jesús lloró” o «María se quedó en silencio” dicen mucho. Por lo general menos es más.

Creo que son por demás interesantes para ponerlos en práctica. ¿No?

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!