No se fue. Simplemente está. Nos enseñó a “tender” a la unión con Dios. Pero ese tender, a mi modo de ver, era simplemente para animarnos a nosotros a caminar, a volar cada vez más altos. Y como somos limitados… caminamos cada día, entre caídas y levantadas… tendemos a la unión transformante. Y como el fin es grandísimo… nos daba el caramelito del «tender»…

Pero cuando uno veía sus ojos percibía que él no tendía: ya estaba. Cuando uno veía las ganas que le ponía a las cosas, los viajes que con sus ochenta y pico se mandaba, las predicaciones apasionadas… percibía que era verdaderamente un mistagogo, alguien que compartía el misterio de una Presencia Divina que lo llenaba.

Me impactó varias veces que no hablara de sus logros. Simplemente, se perdía en el «nosotros» de una Comunidad. Un detalle… una vez vino a vino a Paraná a predicar un retiro a los carismáticos. No lo hizo solo ni lo hizo con sus hijos espirituales: lo hizo como comunidad que predica lo que ha vivido. Algunos no terminaron de entenderlo.

Por eso creo importante volver a citar las palabras que Francisco dijo una vez en Roma a los carismáticos. Y hablaba de quién había sido parte de esa comunidad jesuítica que Bergoglio comandó:

“Otra cosa son los fundadores que han recibido del Espíritu Santo el carisma de fundación. Por haberlo recibido tienen la obligación de cuidarlo, de hacerlo madurar en sus comunidades y asociaciones. Los fundadores permanecen así por la vida, es decir, son los que inspiran y dan la inspiración, pero dejan que las cosas vayan adelante. Conocí en Buenos Aires a un buen fundador, que a un cierto punto se volvió espontáneamente el asesor, y dejaba que los líderes fueran los otros.

Yo les he contado varias veces en mi blog lo que han significado para mí las Convivencias con Dios que él fundó. El libro que regalo a pié de página cuenta varias de las historias que viví. Así que no quiero repetirme con eso. Simplemente, quiero compartirles una certeza el Padre Alberto Ibañez ya está abismado en el nosotros trinitario. Desde allí es otro intercesor.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!