Mi casa será una casa de oración

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… Pero ustedes la han convertido en un galpón disfrazado. Estas podrían ser las palabras de Jesús si se para frente a muchos de los Templos que son sedes parroquiales en la ciudad de Paraná. Sobre todo en aquellos que fueron construidos durante los últimos cuarenta años del siglo pasado.

Para quienes no conocen las características de la ciudad, les cuento que es la capital de una provincia argentina (Entre Ríos) que creció muchísimo entre los años 50 a 90 del siglo XX. Pasó de ser un pueblo de 30.000 habitantes a una pequeña ciudad de 300.000. La mayoría de ellos católicos. Así que los barrios periféricos se fueron transformando en sedes parroquiales en poco tiempo. Los sacerdotes de ese momento tuvieron que construir los Templos de esas neo-comunidades. No reinaba un espíritu iconoclasta (que si se vio reflejado en el cuasi-desmantelamiento de la Catedral, lo cual cuentan algunos testigos de la época) entre los pastores. Simplemente había un espíritu práctico que hizo que hicieran grandes salones y luego trataran (ellos o sus sucesores) de disfrazarlos de templos. Sin ofender a nadie (porque hay muchísima buena intención y muchísima generosidad en este tema) baste (para quienes conocen la ciudad) pensar en: Santa Teresita; Fátima; Virgen de la Medalla Milagrosa; La Esperanza; Luján… y la lista sigue. Claro que también participaron del evento algunos arquitectos, con ideas sobre edificios pero no mucho sobre templos. Como pasó con Santa Rafaela, un hermoso invernadero casi sin ventilación. O ese “coso” imposible de describir que es San Cayetano.

Por eso me alegra enterarme que desde el Vaticano se trabaja para crear en el ámbito de la Congregación del Culto Divino la “Comisión para el arte y la música sacra para la liturgia”. Parece que será un equipo encargado de colaborar con las comisiones diocesanas que valoran los nuevos proyectos de creación de templos. El Vatican Insider informa al respecto:

El cardenal Antonio Cañizares Llovera, Prefecto del culto Divino, de acuerdo con Benedicto XVI, considera este trabajo como “muy urgente”. La realidad es evidente: en los últimos años, las iglesias han sido sustituidas por construcciones que parecen más salones multiuso que iglesias. Y muy a menudo, los arquitectos, incluso los más famosos, no parten de lo que es la liturgia católica para llevar a cabo sus proyectos y terminan haciendo construcciones de vanguardia que se parecen a todo menos a una iglesia. Cubos de cemento, cajas de vidrio, formas azarosas, espacios confusos en los que, una vez dentro, se percibe todo menos el sentido de lo sacro y del misterio , en donde el tabernáculo está medio escondido y, a veces, hay que buscarlo como si fuera un tesoro, o en donde las imágenes sacras casi no tienen lugar. La nueva comisión, cuyo reglamento será redactado en estos días, dará indicaciones precisas a las diócesis, ocupándose solo del arte para la liturgia, no del arte sacro en general, así como de la música y del canto para la liturgia. Contará con los poderes jurídicos de la Congregación del culto.

Para no caer en cuestiones sentimentales o ideológicas creo que sería interesante entender y comprender que es el templo católico.

Partimos de una comprensión sobre el significado en la Biblia. Para eso los invito a leer lo referente al vocablo Templo en el Vocabulario de Teología Bíblica de León-Dufour (gracias a Hernán lo tenemos a disposición haciendo click aquí). El Artículo tiene cinco partes: el templo de Jerusalén; del templo de piedra al templo espiritual; Jesucristo, nuevo templo; la Iglesia, templo espiritual y el templo celestial. Les comparto este trozo que nos ayuda a ubicarnos en el tema:

Pero con esto habrán los cristianos adquirido conciencia de que ellos mismos constituyen el nuevo templo, el templo espiritual, como prolongación del cuerpo de Cristo. Tal es la enseñanza explícita de san Pablo: la Iglesia es el templo de Dios, edificado sobre Cristo, fundamento y piedra angular 1Cor 3,10-17 2Cor 6,16ss Ef 2,20ss: templo insigne, en el que judíos y paganos tienen acceso, sin distinción, ante el Padre en un mismo Espíritu Ef 2,14-19.

Los miembros de esta Iglesia, considerados individualmente, son igualmente templos de Dios, templos del Espíritu Santo (1Cor 6,19; Rom 8,11) y miembros del cuerpo de Cristo (1Cor 6,15; 12,27). Las dos cosas están ligadas: puesto que el cuerpo resucitado de Jesús, en quien habita corporalmente la divinidad (Col 2,9), es el templo de Dios por excelencia, los cristianos miembros de este cuerpo son con él el templo espiritual; en la fe y en la caridad deben cooperar a su crecimiento (Ef 4,1-16). Así Cristo es la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida por Dios. Los fieles, también piedras vivas, constituyen con él un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, con el fin de ofrecer sacrificios espirituales (1Pe 2,4s; Rom 12,1). Tal es templo definitivo, que no está hecho por mano de hombre: es la Iglesia, cuerpo de Cristo, punto de encuentro de Dios y los hombres, signo de la presencia divina en la tierra. De este templo el antiguo santuario sólo era figura, sugestiva, pero imperfecta, provisional y ahora ya superada.

Vemos aquí que es templo hace referencia a la presencia de Dios. A eso se le designa con una palabra: misterio. Así los edificios dedicados al culto que la Iglesia ha construido a lo largo de los siglos están llamados a expresar dicho misterio. Así nos lo recordaba Juan Pablo II:

En el contexto de este elevado sentido del misterio, se entiende cómo la fe de la Iglesia en el Misterio eucarístico se haya expresado en la historia no sólo mediante la exigencia de una actitud interior de devoción, sino también a través de una serie de expresiones externas, orientadas a evocar y subrayar la magnitud del acontecimiento que se celebra. De aquí nace el proceso que ha llevado progresivamente a establecer una especial reglamentación de la liturgia eucarística, en el respeto de las diversas tradiciones eclesiales legítimamente constituidas. También sobre esta base se ha ido creando un rico patrimonio de arte. La arquitectura, la escultura, la pintura, la música, dejándose guiar por el misterio cristiano, han encontrado en la Eucaristía, directa o indirectamente, un motivo de gran inspiración.

Así ha ocurrido, por ejemplo, con la arquitectura, que, de las primeras sedes eucarísticas en las “domus” de las familias cristianas, ha dado paso, en cuanto el contexto histórico lo ha permitido, a las solemnes basílicas de los primeros siglos, a las imponentes catedrales de la Edad Media, hasta las iglesias, pequeñas o grandes, que han constelado poco a poco las tierras donde ha llegado el cristianismo. Las formas de los altares y tabernáculos se han desarrollado dentro de los espacios de las sedes litúrgicas siguiendo en cada caso, no sólo motivos de inspiración estética, sino también las exigencias de una apropiada comprensión del Misterio. Igualmente se puede decir de la música sacra, y basta pensar para ello en las inspiradas melodías gregorianas y en los numerosos, y a menudo insignes, autores que se han afirmado con los textos litúrgicos de la Santa Misa. Y, ¿acaso no se observa una enorme cantidad de producciones artísticas, desde el fruto de una buena artesanía hasta verdaderas obras de arte, en el sector de los objetos y ornamentos utilizados para la celebración eucarística?

Se puede decir así que la Eucaristía, a la vez que ha plasmado la Iglesia y la espiritualidad, ha tenido una fuerte incidencia en la “cultura”, especialmente en el ámbito estético.

En este esfuerzo de adoración del Misterio, desde el punto de vista ritual y estético, los cristianos de Occidente y de Oriente, en cierto sentido, se han hecho mutuamente la “competencia”. ¿Cómo no dar gracias al Señor, en particular, por la contribución que al arte cristiano han dado las grandes obras arquitectónicas y pictóricas de la tradición greco-bizantina y de todo el ámbito geográfico y cultural eslavo? En Oriente, el arte sagrado ha conservado un sentido especialmente intenso del misterio, impulsando a los artistas a concebir su afán de producir belleza, no sólo como manifestación de su propio genio, sino también como auténtico servicio a la fe. Yendo mucho más allá de la mera habilidad técnica, han sabido abrirse con docilidad al soplo del Espíritu de Dios.

El esplendor de la arquitectura y de los mosaicos en el Oriente y Occidente cristianos son un patrimonio universal de los creyentes, y llevan en sí mismos una esperanza y una prenda, diría, de la deseada plenitud de comunión en la fe y en la celebración. Eso supone y exige, como en la célebre pintura de la Trinidad de Rublëv, una Iglesia profundamente “eucarística” en la cual, la acción de compartir el misterio de Cristo en el pan partido está como inmersa en la inefable unidad de las tres Personas divinas, haciendo de la Iglesia misma un “icono” de la Trinidad.

En esta perspectiva de un arte orientado a expresar en todos sus elementos el sentido de la Eucaristía según la enseñanza de la Iglesia, es preciso prestar suma atención a las normas que regulan la construcción y decoración de los edificios sagrados. La Iglesia ha dejado siempre a los artistas un amplio margen creativo, como demuestra la historia y yo mismo he subrayado en la Carta a los artistas. Pero el arte sagrado ha de distinguirse por su capacidad de expresar adecuadamente el Misterio, tomado en la plenitud de la fe de la Iglesia y según las indicaciones pastorales oportunamente expresadas por la autoridad competente. Ésta es una consideración que vale tanto para las artes figurativas como para la música sacra.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia, da una serie de indicaciones en lo referente al arte sagrado relacionado con el culto. Les hago un resumen, pero pueden leer el texto completo haciendo click aquí.

Comienza con una declaración de principios: “Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro. Estas, por su naturaleza, están relacionadas con la infinita belleza de Dios, que intentan expresar de alguna manera por medio de obras humanas. Y tanto más pueden dedicarse a Dios y contribuir a su alabanza y a su gloria cuanto más lejos están de todo propósito que no sea colaborar lo más posible con sus obras para orientar santamente los hombres hacia Dios (122).”

Claro que no todo tiene la misma dimensión Por eso la Iglesia siempre hizo el discernimiento “entre las obras de los artistas aquellas que estaban de acuerdo con la fe, la piedad y las leyes religiosas tradicionales y que eran consideradas aptas para el uso sagrado. (122)” Esto porque “la Iglesia procuró con especial interés que los objetos sagrados sirvieran al esplendor del culto con dignidad y belleza, aceptando los cambios de materia, forma y ornato que el progreso de la técnica introdujo con el correr del tiempo. (122)”

La Iglesia nunca consideró como propio ningún estilo artístico, sino que acomodándose al carácter y condiciones de los pueblos y a las necesidades de los diversos ritos, aceptó las formas de cada tiempo, creando en el curso de los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente. También el arte de nuestro tiempo, y el de todos los pueblos y regiones, ha de ejercerse libremente en la Iglesia, con tal que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido honor y reverencia; para que pueda juntar su voz a aquel admirable concierto que los grandes hombres entonaron a la fe católica en los siglos pasados. (123)”

Para hacer este discernimiento se les pide que “al promover y favorecer un arte auténticamente sacro, busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad. (124)”. Por eso pide que “procuren cuidadosamente los Obispos que sean excluidas de los templos y demás lugares sagrados aquellas obras artísticas que repugnen a la fe, a las costumbres y a la piedad cristiana y ofendan el sentido auténticamente religioso, ya sea por la depravación de las formas, ya sea por la insuficiencia, la mediocridad o la falsedad del arte. (124)” Hace un llamado de atención sobre el significado de la obra de arte religiosa: “los artistas que llevados por su ingenio desean glorificar a Dios en la santa Iglesia, recuerden siempre que su trabajo es una cierta imitación sagrada de Dios creador y que sus obras están destinadas al culto católico, a la edificación de los fieles y a su instrucción religiosa. (127)”

Se concluye este apartado con una precisión que hace referencia al tema que nos preocupa: “al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración de las acciones litúrgicas y para conseguir la participación activa de los fieles. (124)”

Notemos que en la construcción del templo se necesita no perder de vista dos condiciones fundamentales. La primera que este en consonancia con lo que se va a realizar en dicho ambiente: la celebración de los misterios de Dios. Pero, unida a esta, la celebración la realiza el pueblo de Dios que se reúne, por eso debe ser también construido de manera que la participación activa de los fieles quede asegurada.

Más adelante, pidiendo que se revisen “los cánones y prescripciones eclesiásticas que se refieren a la disposición de las cosas externas del culto sagrado”, enumera lo que se debe tener muy en cuenta en lo referente a la arquitectura: “sobre todo en lo referente a la apta y digna edificación de los templos, a la forma y construcción de los altares, a la nobleza, colocación y seguridad del sagrario, así como también a la funcionalidad y dignidad del baptisterio, al orden conveniente de las imágenes sagradas, de la decoración y del ornato. Corríjase o suprímase lo que parezca ser menos conforme con la Liturgia reformada y consérvese o introdúzcase lo que la favorezca. (128)”

En base a todo esto, nos preguntamos como debe ser un templo. Me atrevo a puntear tres aspectos, sin intención de ser exhaustivo. En los comentarios ustedes pueden completar todo lo que falta

Espacio sagrado. Hemos reservado un pedazo de tierra para que no tenga un uso propiamente humano y lo hemos consagrado para darle culto allí al Dios Vivo. Dios no necesita de templos para habitar. Pero nosotros si necesitamos espacios donde elevarnos a su presencia. El templo así tiene que ser algo distinto de las casas que lo rodean. Debe ser un grito que nos hable de Dios; una invitación a la alabanza.

Bello: si de verdad creo que Dios es Dios entonces lo mejor debe ser para El. No es una invitación a lo fastuoso sino a lo digno. Y, en este tema, no hay que entrar en la falsa dicotomía de elegir entre obras a los pobres y templo bello. Un dicho popular dice que los templos se construyen con las promesas de los ricos y las monedas de los pobres. Cuando la urgencia es atender al necesitado hay que hacerlo: ¿quién dijo que un templo se debe construir en cinco años?

Cómodo: un templo es el lugar dónde el pueblo de Dios se reúne para alabar a su Señor. La arquitectura sagrada también debe buscar que se esté lo más cómodo allí: ¿es obligación padecer el calor o el frío solamente porque al arquitecto se le ocurrió poner una mampara de vidrio o pequeñas ventanillas? La correcta iluminación natural y artificial; un sonido adecuado que permita a todos participar de manera consciente y sin esfuerzo para escuchar; el correcto aislamiento de los sonidos exteriores… todo esto no es negociable.

De todo hablaremos hoy en nuestro programa de radio Tupambaé (de 22 a 24 hs por FM Corazón; 104.1 de Paraná).

1 Comentario

  1. Interesante nota Padre. Tenemos (junto a Evangelina Blanco) entre manos la elaboracion de un anteproyecto de capilla para la comunidad de Buen Pastor. Es bueno reflexionar estos aspectos y tratar de “desmundanizar” un poco al menos la arquitectura de estos espacios. Saludos

  2. PADRE, MIENTRAS ME PONGO A COCINAR, VOY INTENTAR SINTONIZAR LA RADIO! ABRAZO GRANDE

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