Jesús, un misterio cercano

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En busca del culpable: ¿Quién mató a Jesús?

En el video, se plantea la pregunta de quién mató a Jesús y se menciona que se abordará desde la perspectiva teológica de Tomás de Aquino.

Se destaca que Jesús murió voluntariamente y que la violencia ejercida sobre su cuerpo solo prevaleció mientras él lo permitió. Jesús murió por obediencia al Padre y que su muerte fue conveniente para la justificación y la salvación de la humanidad. Se explican los diferentes modos en que el Padre entregó a Jesús y cómo Jesús aceptó esa entrega por amor y obediencia.

En el ámbito de la fe católica, existe una pregunta trascendental que nos invita a adentrarnos en el misterio de la muerte de nuestro Señor Jesucristo: ¿Quién mató a Jesús? Esta interrogante puede suscitar diversas respuestas y atribuir culpas a diferentes actores. Sin embargo, en este artículo, nos adentraremos en las enseñanzas de Tomás de Aquino para comprender más profundamente este gran misterio y reflexionar sobre la responsabilidad en la muerte redentora de Jesús.

El contexto divino-humano de la crucifixión:

Antes de abordar la cuestión central, recordemos quién es aquel que fue crucificado: Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo de la Santísima Trinidad. Este hecho trascendental, en el que un hombre que es Dios se entrega en la cruz por nuestra salvación, nos lleva a plantearnos qué sucedió en el corazón de Jesús y en el corazón de Dios para que este sacrificio tuviera lugar.

Jesús declaró que nadie le quitaba la vida, sino que la entregaba por sí mismo. Aquí radica un acto voluntario de entrega de su vida. Aunque Jesús padeció violencia en su cuerpo, esa violencia solo prevaleció sobre él durante el tiempo que él quiso. Su muerte y resurrección fueron actos voluntarios y poderosos. Jesús murió porque quiso morir y resucitó porque quiso hacerlo. Ninguna fuerza tuvo poder sobre él sin su permiso.

La muerte redentora por obediencia:

La pregunta "¿por qué murió Jesús?" nos lleva a comprender que su muerte fue resultado de su obediencia. Según Tomás de Aquino esta obediencia se manifiesta en tres aspectos fundamentales:

+ Justificación de los hombres: La desobediencia de Adán introdujo el pecado en la humanidad, y Jesús, a través de su obediencia, trae la justificación. Así como un hombre introdujo el pecado, Jesús, como hombre, trae la salvación a través de su obediencia.

+ Reconciliación de Dios con los hombres: La obediencia de Jesús ante la cruz se antepone a todos los sacrificios. El sacrificio de la pasión y muerte de Cristo brota de la obediencia y es un sacrificio agradable a Dios. El amor y la obediencia de Jesús reconcilian a la humanidad con Dios.

+ Victoria sobre la muerte: La obediencia de Cristo le otorga la victoria sobre la muerte y sobre el autor de la muerte. Así como un soldado necesita obedecer a su jefe para lograr la victoria, Jesús, como hombre, alcanza la victoria al obedecer a Dios.

La entrega de Jesús y la voluntad del Padre:

Tomás de Aquino destaca que Dios Padre entregó a Cristo a la pasión de tres maneras:

+ Disposición eterna: Desde la eternidad, Dios dispuso la pasión de Cristo para la liberación del género humano. Esta disposición revela la voluntad divina de cargar sobre Jesús las iniquidades de todos nosotros.

+ Inspiración de la voluntad: Dios Padre inspiró a Jesús la voluntad de padecer por nosotros, infundiéndole la caridad. Jesús, movido por este amor, se entrega a sí mismo.

+ Exposición a los perseguidores: El Padre no protegió a Jesús de la pasión, sino que lo expuso a sus perseguidores. En la cruz, Jesús exclama: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", evidenciando que el Padre permitió que los perseguidores actuaran contra él.

La seriedad del pecado y la bondad redentora:

En la muerte de Jesús, se manifiesta tanto la severidad como la bondad de Dios. Por un lado, Dios no perdonó el pecado sin castigo, y su Hijo fue entregado para asumir ese castigo. Esta seriedad frente al pecado nos invita a tomar conciencia de su gravedad.

Por otro lado, la bondad de Dios se revela al darnos a Jesús como el instrumento de propiciación por nuestra redención. Jesús pagó la deuda que nosotros no podíamos satisfacer por nuestros propios medios.

La entrega por amor y la responsabilidad de los actores humanos:

En contraste con la entrega de Jesús, que se fundamenta en el amor y la voluntad de acción, los actores humanos que participaron en la crucifixión tienen motivaciones negativas. Los judíos lo entregaron por avaricia, por envidia, y Pilato lo hizo por temor mundano a perder el favor del César. Estos motivos son vituperables, mientras que la entrega de Jesús por amor es digna de alabanza.

¿Quién lo mató?

Reflexionar sobre la muerte redentora de Jesús nos lleva a reconocer que el pecado, la obediencia amorosa y la voluntad de acción son elementos centrales en este misterio. Jesús, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, se entregó voluntariamente por amor al Padre y por amor a la humanidad, asumiendo así la responsabilidad de su muerte redentora. La entrega del Hijo por parte del Padre revela la seriedad del pecado y la bondad redentora de Dios.

Meditar en este tema nos invita a valorar el sacrificio de Jesús y a tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos en nuestra propia vida frente a su entrega por amor. ¿Quién mató a Jesús? En última instancia, podemos afirmar que fue el pecado (mí, tuyo, nuestro… el de todos) y que Jesús, por amor, se entregó a sí mismo en obediencia al Padre para nuestra salvación.

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