El espíritu que anima el sinodeo

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Está en marcha el Sínodo de Obispos. Y las palabras que dijo Francisco creo que son muy convenientes para que las meditamos quienes queremos sinodiar en nuestras parroquias o Iglesias Locales. Así que se las comparto a continuación. Las citas están tomadas del Servicio Informativo Vaticano y los títulos y negrillas son míos… a manera de comentario.

Privilegiar el dialogo y el consenso

Anímense. No somos una Iglesia en vía de extinción ni mucho menos. La familia tampoco, aunque está amenazada y combatida. Tampoco venimos a llorar ni a lamentarnos por las dificultades. Ya el Salmo 26 nos dice: “Sé valiente, ten ánimo. Espera en el Señor” .Tengan un mismo sentir: Todos buscamos la unanimidad que viene del diálogo, no de las ideas defendidas a ultranza. San Pablo nos recuerda: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo” Vivan en paz : Y como nos dice Evangelii Gaudium: El diálogo es la contribución a la paz, porque la Iglesia proclama “el evangelio de la paz” . Al anunciar a Jesucristo, que es la paz en persona la Madre Iglesia nos anima a ser instrumento de pacificación y testimonio creíble de una vida reconciliada. Es hora de saber cómo diseñar en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo”.

Construir desde la paz del Señor

”Por eso queremos comenzar el Sínodo en paz. No es la paz del mundo, hecha de componendas y compromisos que tantas veces no se cumplen. Es la paz de Cristo, la paz con nosotros mismos. Y la conclusión es evidente: “El Dios de la caridad y la paz estará con ustedes” Por eso podemos decirle: “Quédate con nosotros Señor” No precisamente porque el día está terminando, sino porque está comenzando. Un nuevo día para las familias del mundo, creyentes o no creyentes, familias cansadas de las incertidumbres y dudas sembradas por diversas ideologías, como las de la deconstrucción, contradicciones culturales y sociales, fragilidad y soledad entre otras. Quédate con nosotros Señor para que este Sínodo produzca un camino de alegría y esperanza para todas las familias”.

Una expresión eclesial que lee la realidad

”(…) El Sínodo no es un convenio o un parlatorio, un parlamento o un senado donde uno se pone de acuerdo’. (…) El Sínodo es una expresión eclesial, es decir, es la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios, es la Iglesia que se interroga sobre su fidelidad al depósito de la fe, que para ella no representa un museo que contemplar y tampoco solamente que salvaguardar, sino una fuente viva de la que la Iglesia bebe para iluminar el depósito de la vida”.

Un acontecimiento del Espíritu Santo

El Sínodo es además ”un espacio protegido donde la Iglesia experimenta la acción del Espíritu Santo. En el Sínodo el Espíritu habla por la lengua de todas las personas que se dejan guiar por el Dios que sorprende siempre, por el Dios que revela a los pequeños lo que esconde a los sabios y a los inteligentes, el Dios que ha creado la ley y el sábado para el hombre y no viceversa, el Dios que deja las noventa y nueve ovejas para buscar a la única oveja perdida, el Dios que es siempre más grande que nuestra lógica y nuestros cálculos. No obstante, recordemos, que el Sínodo será un espacio de la acción del Espíritu Santo solo si nosotros, los participantes, nos revestimos de coraje apostólico, humildad evangélica y oración confiada”.

”El coraje apostólico que no se asusta ni por las seducciones del mundo, que tienden a apagar en el corazón de los seres humanos las luces de la verdad sustituyéndolas con luces pequeñas y ocasionales, y tampoco por el endurecimiento de algunos corazones que -a pesar de las buenas intenciones- alejan a las personas de Dios”.

”La humildad evangélica que sabe vaciarse de las convicciones y prejuicios propios para escuchar a los hermanos obispos y llenarse de Dios. La humildad que lleva a no señalar con el dedo a los demás para juzgarlos, sino a tenderles la mano para levantarlos sin sentirse nunca superiores a ellos”.

”La oración confiada que es la acción del corazón cuando se abre a Dios, cuando hacemos que se callen todos nuestros humores para escuchar la voz suave de Dios que habla en el silencio. Sin escuchar a Dios todas nuestras palabras serán solamente ‘palabras’ que ni sacian ni sirven. Sin dejarnos guiar por el Espíritu Santo todas nuestras decisiones serán solo ‘decoraciones’ que en vez de exaltar el Evangelio lo tapan y lo esconden”.

Abrirse al Espíritu con la humildad

”Queridos hermanos, como ya he dicho, el Sínodo no es un parlamento donde para llegar a un consenso o a un acuerdo común se recurre a la negociación, al pacto o a los compromisos; el único método del Sínodo es abrirse al Espíritu Santo con coraje apostólico, con humildad evangélica con oración confiada para que El nos guíe, nos ilumine y ponga ante nuestros ojos no nuestros pareceres personales, sino la fe en Dios, la fidelidad al magisterio, el bien de la Iglesia y la salud de las almas”.

No clausurarse en obsesiones y procedimientos

Al día siguiente de las palabras de Francisco el Cardenal George Alencherry, arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly de los Siro-Malabares (India), en la homilía de apertura del día, predicó sobre el hecho de ser profeta hoy. Allí citó este texto de Evangelii Gaudium (49).

Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ‘¡Dénles ustedes de comer!'” .

Creo que la gran invitación del Papa es animarse a la apertura al Espíritu Santo. Eso significa hablar, en tiempo y forma, proponiendo los caminos que creemos que Él nos mociona. Con la caridad de saber que también actúa en el otro hermano que toma la palabra. Y a vos, ¿qué te sugieren estas enseñanzas?

1 Comentario

  1. gracias,hermano…soy sacerdote ,51 años de ministerio,ya jubilado…animo…tus aportes breves y sustanciosos

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