Ajá… ¿y? Esta sería mi respuesta unos días atrás. No porque la dureza de mi corazón no hiciera que me condoliera con los muertos por este cataclismo natural. Simplemente, porque nunca había escuchado hablar de esta señora. Y lo que me sucedió a mí, seguramente le pasa a el 95% de los lectores de este blog.

Zilda Arns es hermana de tres religiosas de la Congregación de las Hermanas Escolares de Nuestra Señora y  dos hermanos franciscanos. Uno de estos es el famoso Cardenal Paulo Evaristo Arns, arzobispo emérito de São Paulo. Pero no es por esto que su nombre resuena. Movida por una preocupación de su hermano obispo, se puso en marcha para hacer algo concreto por los niños desnutridos del Brasil. La Pastoral de la Infancia de la Conferencia Episcopal Brasilera cuenta encon 261.000 volontarios (en su mayoría mujeres), que atienden a más de 1,8 millones de niños (desde el nacimiento hasta los seis años), y 95.000 madres gestantes, en más de 42.000 comunidades y en 4.066 municipios.

Zilda Arns estaba en Haití, caminando por la calle, cuando el terremoto  le hizo cruzar el umbral de la Casa del Padre. Había ido a realizar una misión a favor de la Pastoral de la Infancia.

Horas antes había dado una conferencia a religiosos sobre las actividades que llevaba adelante.  La Agencia Zenit la ha publicado. Vale la pena que la lean en este link. Sirve como testimonio de santidad laical y, sobre todo, como exámen de conciencia sobre lo que hacemos en concreto en nuestra realidad circundante.

Les dejo  solamente una cita para que la pregusten:

La construcción de la Paz empieza en el corazón de las personas y tiene su fundamento en el Amor, que tiene sus raíces en la gestación y en la primera infancia, y se transforma en Fraternidad y corresponsabilidad social.
La Paz es una conquista colectiva. Tiene lugar cuando impulsamos a las personas, cuando promovemos los valores culturales y éticos, las actitudes y prácticas de búsqueda del bien común, que aprendemos de nuestro Maestro Jesús: «Yo he venido para que todos tengan vida y la tengan en abundancia.» (Jn 10, 10) Se espera que los agentes sociales sigan, además las referencias éticas y morales de nuestra Iglesia, sean como Ella, maestra en orientar a las familias y comunidades, especialmente en el área de salud, educación y derechos humanos.

Basada en mi experiencia como médica pediatra y especialista en Salud Pública y en los muchos años de dirección de los servicios públicos de salud materno-infantil, comprendí que, además de mejorar la calidad de los servicios públicos y facilitarles a las madres e niños el acceso a ellos, lo que más falta les hacía a las madres pobres era el conocimiento y la solidaridad fraterna, para que pudieran poner en práctica algunas medidas básicas sencillas y capaces de salvar a sus hijos de la desnutrición y la muerte, como por ejemplo la educación alimentar y nutricional para las embarazadas y sus niños, la lactancia materna, las vacunas, el suero casero, el control nutricional, además de conocimientos sobre señales y síntomas de algunas enfermedades respiratorias y cómo prevenirlas.
Me vino a la mente entonces la metodología que utilizó Jesús para saciar el hambre de 5.000 hombres, sin contar a las mujeres y los niños. Era de noche y tenían hambre. Los discípulos le dijeron a Jesús que lo mejor era que se fueran a sus casas, pero Jesús les ordenó: «Denles de comer ustedes mismos». El apóstol Felipe le dice a Jesús que no tenían dinero para comprar comida para tanta gente. Andrés, hermano de Simón, señaló a un niño que tenía dos peces y cinco panes. Y Jesús mandó que se sentaran en grupos de cincuenta a cien personas (en pequeñas comunidades). Entonces pensé: ¿Por qué mueren millones de niños mueren por motivos que se pueden fácilmente prevenir? O ¿cuál es la causa de que se vuelvan violentos y criminales en la adolescencia? Recordé el inicio de mi carrera, cuando me desafié a mí misma a querer disminuir la mortalidad infantil y la desnutrición. Venían a mi memoria miles de madres que cambiaban la leche materna por un biberón diluido en agua sucia.

Les vuelvo a insistir, sobre todo a los jóvenes desilucionados o desorientados. El link para que lo lean los está esperando. Hoy la santidad es tan posible como siempre. No hay que hacer grandes cosas, solamente lo que el Espíritu nos marca en la realidad concreta.

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Sacerdote. Párroco. Viejo bloguero que sigue utilizando las redes para evangelizar. En las buenas y en las malas... ¡hincha de River!