“Y se fue a un país lejano”

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(Es continuación de una serie de entradas que comienzan aquí.)

Este partir hacia un país lejano es sacar a Dios de lo cotidiano.

El ateo niega la existencia de Dios y, consecuente, vive, habla y construye todo al margen de lo divino. El agnóstico no sabe si Dios existe o no, no se preocupa por este tema y obra en consecuencia. Pero aquí no se habla de ese tema.

Por el contrario, este hijo derrochador le da la espalda a Dios, a un ser divino cuya presencia y cercanía ha experimentado en su vida. Tal vez porque tiene una experiencia demasiado infantil de lo Sacro. Tal vez porque no se preocupó demasiado por conocer “lo que Dios dice”, su Revelación, sus enseñanzas, su camino de vida y, por eso, su fe le hace agua frente a los cuestionamientos de las ciencias o de los no creyentes. Tal vez porque le es más cómodo para su confort y progreso económico o social… tantas maneras y razones, que en definitiva son excusas, que nos llevan a dejar la casa del Padre, a irnos a “un país lejano”.

No seamos jueces de los demás: más bien miremos nuestro corazón, nuestras tibiezas, y veamos en nuestra cotidianidad cual es el espacio en el que se ubica mi relación con el Señor.

Cuando a este “irnos a otro país” lo hacemos cultura, a eso se le llama secularismo (o laicismo). Es construir una sociedad que, en sus relaciones, en sus leyes, en su gobierno, deje totalmente de lado a Dios. Hacer las cosas y las normas como si Dios no existiera. Las leyes del mercado o las sancionadas por las legislaturas son la norma superior que se ponen por encima de la ley natural o la voz de la conciencia (que me dice que tengo que hacer el bien y evitar el mal, en definitiva, que hay bien y mal). ¡Cuantas veces “toleramos” leyes injustas que van contra la dignidad de la persona solamente para no “discriminar” a algún sector de la sociedad! Es cuando nos fuimos a un país lejano que  todo está permitido y la única ley viable es la del oportunismo del “cambalache”.

Lo peor es que a esta “chanchada” de ignorar o abandonar la Casa del Padre le atribuimos el “éxito” comercial o social. Más peor es cuando, durante o luego de estas chanchadas nos rezamos tres Padrenuestros… para calmar nuestra conciencia diciéndonos que todavía pertenecemos a Él (solamente es que la oscurantista Iglesia todavía no ha progresado lo suficiente para entender que el mundo ha cambiado…)

La continuamos el próximo jueves.

1 Comentario

  1. Lo peor, padre, en mi opinión… más allá de ateos, agnósticos o herejes… Es VER EL PODER DE DIOS en la nariz de uno mismo e ignorarlo totalmente… Eso pasa hoy y hace mucho tiempo ya, no hay manera de describir semejante cosa, no se inventó la palabra adecuada para decirlo todavía. Pero, creo que después de todo, sí hay una palabra para todos: PECADO. Así de simple! Que Dios lo bendiga.

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