Una media verdad es media mentira

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Y a veces vivimos en la media mentira porque no sabemos toda la verdad. La indicación de Jesús, entonces, nos marca el camino: “conocerán la verdad y la verdad los hará libre” (Jn 8,32). ¿A qué todo esto? Pues, a mi experiencia de la semana pasada.

El miércoles tuve la Misa con los chicos de 4° y 6° grado de una de las escuelas parroquiales. Era el día de todos los difuntos, así que aprovechamos para hacer una catequesis sobre el tema. Antes de comenzar la Misa, junto a las velas del altar, prendimos otros dos cirios: uno pidiéndo por el alma de todos los difuntos y el otro por el alma de alguien en particular (cada uno lo pensó en silencio). Luego, durante la homilía, la clásica charla con los gurises:

– ¿Que pasa cuando nos morimos?

– Se separa el cuerpo del alma (si, luego de varios intentos ellos lo dijeron).

– ¿Qué pasa con el cuerpo?

– Lo enterramos para que espere la resurrección de la carne al final de los tiempos (bueno, así dicha fue elaboración mía, pero ellos a su manera dijeron algo de eso).

-¿Qué pasa con el alma?

– Se va al cielo.

– ¿Todas?

– Sí.

– ¿Están todos de acuerdo con eso?

-¡Sí!!!

Alertado sobre eso, pregunté lo mismo en la homilía del sábado donde participaban los chicos de la catequesis de la capilla, los alumnos de la misma escuela y los miembros del grupo Scout. Misma respuesta: “Se van al cielo”.

El domingo, en la Misa con los chicos de la catequesis de la sede parroquial y de la otra Escuela volví a entablar el mismo diálogo: misma respuesta.

Quedé preocupado. En realidad, sé que esta es la respuesta primera que se le da a los niños cuando muere alguien conocido: “No llorés que está bien, está en el cielo con Dios, la Virgen y los ángeles” (palabra más o palabras menos). Como consuelo infantil sirve si no fuera media verdad, es decir, media mentira.

Hace un tiempo escribía, citando el Catecismo, un artículo: “parece que el infierno no existe“. Lo hemos eliminado de la catequesis familiar y, mucho más grave, de la catequesis de iniciación cristiana. Y esto trae muchas consecuencias.

*  La muerte y la resurrección de Cristo no tienen sentido: ¿salvados de que…???

*  Da lo mismo portarse bien que mal, ser honesto o corrupto, con tal que nadie nos acuse de lo que hacemos frente a la justicia. Y si nos acusan tenemos que conseguir un buen abogado y listo. Total, todos vamos al cielo después de morir: la justicia divina no existe.

*  La foto que ilustra el artículo es cera de Río Grande, en la Isla de Tierra del fuego. Me contaron que arriba de la barranca hicieron una fiesta con los onas dueños del territorio: los emborracharon y los arrojaron para que murieran contra las piedras. No se si es verdad o leyenda urbana de los habitantes del lugar. Pero no hay que escandalizarse: si no hay infierno no hay obligación de respetar los derechos humanos.

*  También hemos dejado de rezar por los difuntos, para que puedan entrar al Cielo los que están en el Purgatorio.

¿Se pueden decir otras más? Pero, sobre todo, debemos volver a predicar más sobre el tema. Y, sobre todo, con el espíritu con el que Pablo VI nos animaba a evangelizar: como servidores de la verdad (EN 78):

El Evangelio que nos ha sido encomendado es también palabra de verdad. Una verdad que hace libres y que es la única que procura la paz del corazón; esto es lo que la gente va buscando cuando le anunciamos la Buena Nueva. La verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre y de su misterioso destino, la verdad acerca del mundo. Verdad difícil que buscamos en la Palabra de Dios y de la cual nosotros no somos, lo repetimos una vez más, ni los dueños, ni los árbitros, sino los depositarios, los herederos, los servidores.

De todo evangelizador se espera que posea el culto a la verdad, puesto que la verdad que él profundiza y comunica no es otra que la verdad revelada y, por tanto, más que ninguna otra, forma parte de la verdad primera que es el mismo Dios. El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás. No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar. No rechaza nunca la verdad. No obscurece la verdad revelada por pereza de buscarla, por comodidad, por miedo. No deja de estudiarla. La sirve generosamente sin avasallarla.

Pastores del pueblo de Dios: nuestro servicio pastoral nos pide que guardemos, defendamos y comuniquemos la verdad sin reparar en sacrificio. Muchos eminentes y santos Pastores nos han legado el ejemplo de este amor, en muchos casos heroicos, a la verdad. El Dios de verdad espera de nosotros que seamos los defensores vigilantes y los predicadores devotos de la misma.

Doctores, ya seáis teólogos o exégetas, o historiadores: la obra de la evangelización tiene necesidad de vuestra infatigable labor de investigación y también de vuestra atención y delicadeza en la transmisión de la verdad, a la que vuestros estudios os acercan, pero que siempre desborda el corazón del hombre porque es la verdad misma de Dios.

Padres y maestros: vuestra tarea, que los múltiples conflictos actuales hacen difícil, es la de ayudar a vuestros hijos y alumnos a descubrir la verdad, comprendida la verdad religiosa y espiritual.

Estamos en tiempos de Nueva Evangelización. Estamos en tiempos de presentar todo el mensaje de Jesús. Medias verdades son medias mentiras que no nos hacen seres humanos libres.

Ahhh… luego de el dialogo aproveché para hablar del infierno, el cielo y el purgatorio. Y la parábola de las vírgenes necias me ayudó: no basta con la luz bautismal si no está acompañada del aceite de las buenas obras. Pero este es tema de otro artículo.

1 Comentario

  1. Hola Padre Fabián. El martes pasado me pasó en la clase de catequesis que una de mis alumnas me dijo: “Seño no lo menciones al demonio” cuándo yo les decía que el cielo era la promesa de Jesús a las personas que eran como sus discípulos, que eran amigos de él y lo seguían y hacían lo que Él les pedía. Les conté que el demonio era el ángel más hermoso que sintió envidia y quiso ser más poderoso que el mismo Dios y fue desterrado del paraíso y desde entonces anda rabioso intentando quitarle los amigos a Dios para llevárselos al infierno. Me miraron feo y algunos se asustaron. Son chicos de 7 años, utilicé ese lenguaje para que entiendan de forma clara y simple. No esperen ver una bicho feo, con cola y cuernos les dije, es tan lindo que los va a querer confundir y no hay que dejarse tentar. Les va a hacer creer que lo que hacen está bien porque todos los hacen pero en realidad son cosas malas para que ustedes se alejen de su amigo Jesús. Una que otra madre me cuestionó que les hice sentir miedo. Pero entonces pensé para qué mandan a sus hijos a catequesis si todo da igual? si es lo mismo ser malo que bueno? si no inculcan a sus hijos esa distinción desde el seno de la familia? Si existe el bien, existe el mal y nuestros gurises tienen que diferenciarlo.

  2. es para mi este articulo de interes, me remonta a mi niñes, y recuerdo a mi mamá hablandome siempre con la verdad de este tema. A veces me siento culpable por no tomar la muerte como algo malo, si recuerdo sentir tristeza de no volver a ver a ese difunto, pero en lugar de ponerme mal y deprimida naturalmente, digo por naturaleza mi corazon se inclina por orar por esa persona para que alcance la plenitud eterna con Dios. ¿Estare equivoca? Mi mamá siempre quiso prepararme para cuando llegara su día, y me decía que siempre le pedía un día mas de vida para estar a mi lado hasta valerme por mi misma, creo que ella me enseño a ver la muerte de otra manera. A mi hijo espero enseñarle de la misma manera. El tiene tres años y ayer fuimos despedir a un conocido, y empezo a preguntarme sobre el tema, intente explicarle pero razone que tenia que esperar, pero también entendí el misterio de la vida y de la muerte. Siempre pienso que la muerte es un nuevo renacer.

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