Les voy a decir una mala palabra

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Espero que no se escandalicen. Pero antes… entremos en contexto.

En el año 2005 se dio a conocer una encuesta del “Centro Latinoamericano Salud y Mujer”, realizada en las maternidades de cuatro hospitales porteños (parte de este artículo, en su primera redacción) lo subí en ese momento). Entre las 171 chicas de 13 a 19 años que acababan de dar a luz, seis de cada diez respondieron que no habían “planificado” el embarazo. Sin embargo, casi la misma cantidad, dijo que había recibido educación sexual en la escuela antes de quedar embarazada.  Me pregunto… ¿cuál es la situación hoy?

Los datos de la “realidad”

Lo mejor que podemos hacer es consultar encuestas y estudios que traten sobre este tema. Les presento, simplemente, tres datos “objetivos”.

El “Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva”, en una hoja informativa sobre “El embarazo en la adolescencia”, nos dice que:

“En la Argentina, según el último censo nacional, 16.5% de la población total tiene entre 10 y 19 años (6.816.043 mujeres y hombres adolescentes). La tasa de fecundidad en este grupo es una de las más altas de la región latinoamericana y se encuentra por encima de las tasas de fecundidad de otros países del Cono Sur: Argentina (69,6/1.000), Paraguay (63), Uruguay (60) y Chile (51,9). Adicionalmente, desde 2003 a 2011 la fecundidad adolescente ha aumentado en un 20%.”

Por su parte, la “2° Encuesta Mundial de Salud Escolar – Argentina 2012“, nos aporta:

“Con relación al relevamiento EMSE 2007, el inicio sexual a edades más tempranas, sobre todo por parte de las mujeres, es un dato significativo que las posiciona como un segmento de especial relevancia en el diseño de acciones de promoción de la salud y requiere del fomento de servicios que faciliten el acceso a métodos anticonceptivos especialmente en la adolescencia temprana (entre los 10 y 13 años).”

Y como para muchos “educadores sociales” la educación sexual para muchos es sinónimo de aprender a utilizar métodos anticonceptivos, es interesante lo que afirma la “Encuesta Nacional sobre Salud Sexual y Reproductiva 2013”:

“Casi siete de cada diez de las mujeres y los varones entrevistados usaron algún método anticonceptivo en su primera relación sexual. El método más utilizado en esta instancia fue el preservativo o condón, mencionado por nueve de cada diez entrevistados de ambos sexos.”

Parece que la realidad no ha cambiado desde el 2005 hasta ahora. Entonces me pregunto sobre el motivo de que todo siga igual (o peor). Y me vienen dos posibles respuestas: ¿Mala aplicación de las políticas de educación sexual en la Argentina por parte de los organismos que la deben llevar adelante? ¿Errores en los fundamentos de las mismas y, por eso, la aplicación de las mismas están destinadas siempre al fracaso? Me inclino por la segunda hipótesis. Y me paso a explicar.

Otra realidad es posible

Cuando se parte de la idea de que el ser humano es pura instintividad y que, por eso, no es posible gobernar la sexualidad a través de la voluntad, el único camino que queda es “prevenir” la “enfermedad” de un bebé “no deseado” a través de la anticoncepción química o mecánica.

Tal vez estas palabras sean presentar la cuestión de una manera muy simple, pero aquí radica lo profundo del problema. No en que la sexualidad sea buena o mala, sino en que la sexualidad debe vivirse integrada a una vida signada por valores. El placer, el amor y la vida son valores que tienen determinado peso. Cuando el placer es solamente el centro de una sexualidad vivida sin “prejuicios”, el amor se degrada y la vida se devalúa. Esa misma encuesta mostraba que la mayoría de esas mamás adolescentes continuaban la vida solas con sus bebés. En otras palabras, la pareja se dijo: “te uso y te dejo”. Y la vida se degrada hasta el punto de la promoción del aborto como un medio de “plenificar” a las mujeres y a la “libre elección” sobre su cuerpo. A este espectáculo estamos asistiendo cada vez con mayor intensidad en la Argentina.

Ahora sí… la mala palabra

Frente a todo esto quisiera rescatar una “mala palabra” en nuestra cultura. Me animo a pronunciarla porque estamos muy acostumbrados al lenguaje obsceno que nos llega a través de los medios. Por eso espero que nadie se ofenda cuando la pronuncie. Esta “mala palabra” es… virginidad. Sí, ya sé, es una palabra muy fuerte y al pronunciarla puedo tener sanciones de parte de los organismos que regulan los medios de comunicación. Pero mi conciencia me impulsa a decirla… ¡Y ya la dije!

Virginidad. Suena a retrógrado, conservador, polvoriento pasado con resabios medievales. Pero es la palabra que estamos olvidando en esta búsqueda por la “calidad de la vida sexual”.

La virginidad nos habla de una entereza. Estar “enteros” no solamente en lo físico, sino como una actitud positiva en la conducta cotidiana. En otras palabras, la virginidad es una actitud ética frente a la vida y a la sexualidad como parte de la propia vida.

La virginidad habla de un tesoro que no debe ser sacrificado en el altar de la fogosidad sino que debe ser ofrendado a un amor profundo que plenifica toda la vida. La virginidad se entrega a Dios por parte de quien quiere servirlo con un corazón indiviso durante toda la vida. Pero también la virginidad se plenifica ofrendándola a quién compartirá la vida, en el amor, para siempre. Lo primero es la Virginidad Consagrada. Lo segundo es el Matrimonio.

Cuando la virginidad no es “ofrenda” sino que “se pierde”, vienen los dolores de cabeza y las encuestas del “Centro Latinoamericano Salud y Mujer” que confirman los fracasos de la educación sexual sin valores…

La virginidad es posible porque además de instintos, tenemos inteligencia y voluntad. Y por esto podemos gobernar nuestras vidas. Solo puede custodiar su virginidad quién es capaz de ser dueño de sí. Por esto supone la templanza frente a las tantas incitaciones que tenemos para “perderla”. Es un camino muchas veces arduo y, por eso, provoca la risa y la burla de quién no tiene la suficiente fuerza de voluntad para afrontarlo. Pero es un camino que vale la pena transitar porque hace descubrir el verdadero tesoro de la sexualidad, del amor y de la vida. Es un camino que llena de sentido la vida.

Yo se que he dicho muchas “malas palabras”. Pero no me disculpo. Sinceramente, creo que si estas “malas palabras” se repitieran más a menudo y se le sacudiera el polvo que el olvido ha puesto sobre ellas, si se hiciera así, muchos problemas de personas, de parejas y de familias se solucionarían.

9 Comentarios

  1. Hola Padre bueno me gustan mucho sus comentarios sobre diversos temas, le queria preguntar si podria enviar sus escritos a traves de mi e mail a algunos amigos. Desde ya muchas gracias. Un abrazo.

  2. Pablo, ¡con todo gusto!!!
    Si te fijas bien, ver¿ás que hay una frase que dice “Enviar por email”. Si hace clic allí, podrás enviar el post a quien quieras.
    Gracias por compartirlo.

  3. EXCELENTE!!! REALMENTE LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO ME LO HACÍA INTUIR, PERO GRACIAS A USTED PADRE, PUEDO EXPRESAR MUCHO MÁS FUNDAMENTADA ESTA IDEA. LA PROPUESTA DE DIOS, SIEMPRE SERÁ LA MEJOR OPCIÓN DE VIDA. QUE DIOS LO BENDIGA

  4. si…..si…..si….si….si….si….si….y así….sucesivamente…..!!!!

  5. esto lo debian leer, muchas veces , los adolesente porque la fogocidad y el todo vale, lo tienen en primacia,

  6. esta muy importante el articulo, gracias ,vale la pena compartirlo con otros

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