Un Cura de compras en el supermercado

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Ocurre dos o tres veces a la semana. Sencillo: si no cocino todos los días no como… si no compro los insumos no cocino. Eso sí… rapidito sin detenerme a charlar con los conocido porque sino tardo una enormidad en salir.

En zona de la verdulería me encotré con un ex-seminarista, acompañado de su esposa y su hijita. Nos saludamos y seguí de largo. Cuando dejaba ya la caja (después de habar pagado… por supuesto) vi en otra fila a un hermano sacerdote que dejó el ministerio hace unos dos años. Lo saludé de lejos y seguí camino.

Un doble encuentro en la cochera

Estaba abriendo mi furgoneta cuando alguien me pregunta: ¿Usted es el Padre…? Fabián le respondo porque, porque me di cuenta de que no sabía mi nombre. Si… hace siete años nos bautizó a la nena… y se acerca a darme la mano él y un beso la chiquita. La señora y su otra hijita miraban desde lejos. Entonces me dijo que había sido en la Capilla Santa Rita; que ayer habían encontrado la foto, que se acordaban de que era un día de mucho calor y que terminé mojado por la transpiración. Nos saludamos y ambos quedamos sorprendidos por cómo actúa la Providencia.

Entonces se acerca el hermano sacerdote que dejó el ministerio. Lo saludo y charlamos un ratito sobre nuestras vidas. Su auto estaba estacionado junto al mío. Me alejé agradeciendo al Señor este breve encuentro.

Un sacerdote y un diacono que recién comienzan

Para completar, le cuento que el sábado estuvimos de ordenaciones en la Arquidiócesis de Paraná. Tropini de Sacerdote y Faes de Diácono. Me encantó la homilía del Arzobispo, sobre todo las palabras que le dirigió a cada uno de los ordenandos de manera personal. Cuando llego del súper, pongo todo para cocinar y abro la compu. Me encontré con el boletín de la Oficina de Prensa donde la dan a conocer. Así que ahora les comparto el trocito en que le habla al que es hoy neo-sacerdote. Yo sentí que me estaba hablando a mí.

“Querido Emmanuel: Ser sacerdote es algo tan sublime que compromete toda tu vida. No se puede ser sacerdote par-time. Serás sacerdotes para siempre. El que te ha llamado no se arrepentirá nunca de haberlo hecho y te asistirá con su gracia, no tengas miedo. “Los dones y la llamada de Dios son irrevocables” (Rm 11,29). Por parte de Dios, lo que se da no se quita, pero tendrás que hacerte digno cada día del don recibido.

Este don lleva consigo un estilo de vida que se aparta de la mundanidad.

Estas en el mundo pero no sos del mundo. Cultiva el trato con Dios por la oración constante, acude con confianza a nuestra Madre Santísima. Sé trabajador de la viña del Señor a tiempo completo, con dedicación exclusiva.

Que tu corazón sea para el Señor, no se lo des a cualquiera. Ama a todos y no te quedes con nadie. Sé austero y aspira, continuamente, a ser pobres como Cristo pobre. Teniendo lo necesario para vivir, evitarás muchas tentaciones de frivolidad, de estilo de vida, de gastos superfluos. Que tu austeridad y tu humildad te haga sencillo y accesible a todos. Sé obediente y sumiso por amor. En una palabra, sé parecido a Jesucristo, configúrate con Él. Eso es un sacerdote: “otro Cristo”. Eso quieren descubrir en vos los hombres y mujeres con los que trates. Te quieren y necesitan como hombre de Dios, sacerdote santo. Dios te promete una vida fecunda, si intentas vivirla así. “Busca el reino de Dios…Por el contrario, la vida de un cura es aburrida, triste, infecunda, cuando no se cultiva la oración, cuando no hay conversión continua, cuando no se atiza el fuego del amor y de la caridad pastoral.

Sé testigo del gozo del Evangelio, en un mundo que necesita la alegre noticia del Evangelio, una esperanza que sólo Jesucristo puede darles y de esa esperanza sé testigo con tu vida y tu palabra. No seas nunca funcionario de lo sagrado, no te acostumbres al misterio, sino siempre, testigo del Invisible y ministro de su misericordia.

Les decía el papa Francisco a los nuevos ordenados: que el modelo del Buen Pastor “ilumine toda vuestra vida. Y cuando el peso de la cruz se haga más duro, sabed que esa es la hora más preciosa, para vosotros y para las personas a vosotros encomendadas: renovando con fe y amor vuestro «Sí, quiero, con la gracia de Dios», cooperaréis con Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor, a apacentar sus ovejas —tal vez sólo la que se había perdido, ¡pero por la cual es grande la fiesta en el cielo!”

Pueden leer el texto completo desde este link. La foto es también del servicio de prensa del Arzobispado. Está alojada en su sitio de Facebook.

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