Sobre el Hombre Común y otras yerbas

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Hace unos días tuve una larga charla con dos estudiantes de mi antigua carrera: Comunicación Social. Cada vez que hablo con alguien que transita por ese claustro me parece entrar en un largo túnel del tiempo… escucho lo mismo que hace 25 años escuchaba desde el pupitre. La única diferencia, es que parece que algunos “genios” (Hombres Excepcionales) no han percibido que cayó el Muro de Berlín… también las Torres Gemelas. En fin.

La charla comenzó con los consabidos mitos antieclesiales, continuó con Kant y otros popes de ese calibre para terminar… no se en qué. Pero si me acuerdo que hablamos de la noción de pueblo en controversia con las élites ilustradas. Temas que a los alumnos católicos se les hace un verdadero cuesta arriba porque es ambiente es bastante “pesado” en lo relacionado con las cuestiones de la fe.

Hoy recibí un correo de una amiga de Salta que me pedía que le recordara unos libros que le había mencionado durante la Convivencia con Pedro. Eso me llevó a buscar algunas referencias sobre ellos en internet. Es así que me volví a encontrar con ese autor que hizo de mis delicias siesteras en el Seminario: Chesterton. En una de las páginas (de la Sociedad Chestertoniana Argentina) encontré una serie de sus libros online. Estuve leyendo “El hombre común”: me hizo acordar la charla con los estudiantes de las cuales les conté al comienzo. Les comparto una cita:

(…) La tesis es ésta: que la emancipación moderna en realidad ha sido una nueva persecución del Hombre Común. Si ha emancipado a alguien, de manera especial y por estrechos caminos, ha sido al Hombre Excepcional. Ha brindado una especie de libertad excéntrica a ciertos hobbies de los hombres de fortuna o, en ocasiones, a algunas de las locuras más humanas de la gente culta. Lo único que ha prohibido es el sentido común, como lo hubiera entendido la gente común.

(…) En resumen: actualmente se acostumbra decir que la mayoría de los modernos disparates se deben al Hombre Común. Y me gustaría señalar cuántos disparates asombrosos se deben, en realidad, al Hombre Excepcional. Es muy fácil argumentar que la “chusma” comete errores; pero es un hecho que nunca tuvo oportunidad siquiera de cometer errores hasta que sus superiores usaron su superioridad para empeorar en gran medida esos errores. Es fácil cansarse de la democracia y clamar por una aristocracia intelectual. Pero el inconveniente reside en que esa misma aristocracia intelectual parece ser absolutamente no intelectual. Cualquiera podría adivinar de antemano que los ignorantes cometerían disparates. Lo que nadie pudo adivinar, lo que nadie siquiera pudo soñar en una pesadilla, lo que ninguna imaginación morbosa pudo atreverse jamás a imaginar, fueron los errores de la gente culta. Es verdad, en cierto modo, que la chusma siempre ha sido dirigida por hombres más cultos. Es más verdad, desde cualquier punto de vista, que siempre ha sido muy mal dirigida por los hombres cultos. Es muy, fácil decir que el hombre culto debe ser la guía, el filósofo y el amigo de la chusma. Desgraciadamente, casi siempre ha sido una guía descarriada, un amigo falso y un filósofo muy superficial. Y las catástrofe, que hemos sufrido, incluyendo las que estamos sufriendo, es un hecho histórico que no se deben a la prosaica gente práctica que se supone que no sabe nada, sino, casi invariablemente, a los teóricos, que creen que lo saben todo. El mundo puede aprender de sus errores; pero en su mayoría son los errores de la gente culta.

(…) No es necesario que continuemos, en los dos últimos siglos, la historia del frenesí y la locura que la veleidad de la clase culta impuso en la relativa estabilidad de los ignorantes. Los veleidosos intelectuales se corrieron al otro extremo, y se convirtieron en socialistas, despreciando la pequeña propiedad como habían despreciado la tradición popular. Es cierto que esos intelectuales gozaron de un intervalo de lucidez en el cual proclamaron algunas verdades primarias junto a muchas falsedades afectadas. Algunos de ellos exaltaron correctamente la libertad y la dignidad humana y la igualdad, como lo expresaba la Declaración de la Independencia. Pero eso mismo se manipuló tan mal que ahora existe una disposición a negar la verdad junto con la falsedad. Hubo una reacción contra la democracia; o, en términos más simples, los pedantes están ahora demasiado aburridos para continuar su rutina normal, referente al Hombre Común; la rutina tan conocida de oprimirlo en la práctica y adorarlo en la teoría. (…)

El texto es mucho más largo. Si alguien está interesado lo puede bajar desde este link.

Luego me vino a la memoria este texto de San Pablo:

El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan –para nosotros– es fuerza de Dios.

Porque está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes”.

¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad?

En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación.

Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos.

Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.

Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.

Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale.

Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.

Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”. (1 Cor 1, 18-31)

Y, para redondear, volviendo al principio… (mi charla con los estudiantes de Comunicación) un recuerdo personal. Ya había dejado la carrera para entrar al Seminario. En alguno de esos regresos a buscar la certificación de la cursada me encontré con una compañera de estudios. Me saludó atentamente y me dijo su reacción personal a mi entrada a la “carrera de cura”: “Al principio me enojé… pero después me puse a pensar y entendí que afuera hay gente que no piensa como nosotros“. Estaba parada en el umbral de la Alta Casa de Estudios. Supongo que el afuera se refería al que no estudiaba allí… al Hombre Común, diría Chesterton.

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