Sirviendo en la Peregrinación de los Pueblos 2015

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Ya casi estamos recuperados del cansancio. Por eso vamos a compartir algunas líneas sobre la hermosa experiencia vivida el viernes 16 y sábado 17 en la Peregrinación. Me ha tocado vivirla, en los últimos 23 años, de muchas maneras. Este, al igual que el año pasado, lo hice acompañando a mi comunidad parroquial como servidor. Y con mi cámara de fotos en mano. Así que comencemos contando la otra historia, de la cual se habla poco pero es como el “esqueleto” que hace andar a ese maravilloso cuerpo que se le dice “Peregrinación Hasenkamp-Paraná“.

Comencemos compartiendo este pequeño video donde está filmado el preciso momento de la partida.

 

Les voy a contar etapa por etapa. Y a cada una la ilustraré con una foto. Pero saqué cerca de 700. A muchas las subí al Face de la parroquia. Así que si quieren verlas, simplemente hagan click en cada foto y se abrirá el álbum para ver el resto (como es una página, no necesitan estar logueados).

La salida desde Pompeya de Paraná

Hace varios meses que el grupo de servidores de la parroquia había comenzado su trabajo. Este año, con la meta de aumentar la oferta para los peregrinos de la zona: se llevarían dos colectivos con gente. Uno volvería y el otro continuaría como apoyo, junto con el camión de servidores y mi Courrier para llevar los 100 bolsos de los caminantes.

Y trabajaron de lo lindo. Para el martes el cupo ya estaba cubierto… y seguían llamando pidiendo un lugar. Pero no era posible. ¿Deberemos llevar tres colectivos el año que viene?

A las 13.00 comenzaron a llegar los peregrinos. Al rato cae el camión para ir cargando todos los enseres que utilizaríamos. Y comienzan a llamar de a uno a los peregrinos en el interior del Templo… le dan un número y su identificación personal… ellos le ponen el número al bolso y me lo van alcanzando para que lo coloque en el furgón.

Antes de partir, las últimas indicaciones, la presentación del muñecote de la Virgen y de los carteles que les ayudarán a encontrarnos en cada parada… una oración… y al colectivo a desandar los 90 kilómetros hacia el punto de partida.

La emoción de la partida

Lo primero que hacemos los servidores que manejamos es encontrarnos, al llegar, con la mesa que nos dará el pase libre para que el vehículo ingrese en los sectores de estacionamiento. Así que cumplido eso… me fui a saludar a la Virgen y a tomar fotos de los peregrinos que estaban en el predio.

Una cola inmensa para saludar a la Virgen en la Ermita. Otra cola larga para saludar a la otra imagen que esta puesta en el fondo (de esa es la foto).

Ahh… y otra cola inmensa, sobre todo femenina, para ir a los baños antes de partir.

La emoción que se vive es indescriptible. Yo me encontré con mucha gente conocida de varias parroquias. Esperé a que partiera para sacar algunas fotos más y filmar la salida. Y me fui lentamente a mi autito para ir rumbo a la primera parada.

Cuando estaba atravesando Hasenkamp recibí primero un mensaje y luego una llamada (que no atendí porque estaba manejando) de los servidores de la parroquia… preocupados porque no llegaba con el toldo que usamos para que se recuesten los peregrinos y los bolsos… Que conste que iba en tiempo y forma a la tercera etapa de nuestro peregrinar como servidores.

A la vera de la ruta 127

Cuando llegué busqué el sector celeste para encontrar al resto de nuestros servidores parroquiales. Todos los predios de estacionamiento están divididos en tres colores: rojo, amarillo y celeste. Se ingresa a cada uno de ellos según su procedencia. Es una manera muy práctica de organizar a todos los vehículos de apoyo que acompañamos y facilitarles a los peregrinos su ubicación rápida.

Ni bien llegué, veo que estaban terminando de colocar las mesas y armar nuestro baño portátil (todo esto lo verán en las fotos de los álbunes del Face haciendo clic en cada foto de este artículo). Así que estacioné, bajamos el gran toldo del portaequipaje… lo extendimos… bajamos los bolsos y los agrupamos de acuerdo a su numeración… y misión terminada de mi parte.

Así que cámara en mano me fui a tomar imágenes de todo lo que ocurría en el primer atardecer peregrino. El clima era doble: un intenso trabajo de mucha gente que preparaba todo para la llegada de los peregrinos y una alegría en los rostros de cada uno de los servidores.

En algún momento nos llamaron a reunión a todos los choferes para explicarnos cómo sería la salida y el lugar alternativo a la peregrinación por el cual transitaríamos. De mi parte, fue la primera vez que iba a esa reunión. Y comprobé la realidad de la queja de la gente que coordina el estacionamiento: los choferes de los colectivos son los más problemáticos para convencerlos de sumarse a lo que propone la (experiencia de la) organización central. Pero al final salimos todos contentos. Y yo seguí con las fotos.

Llegaron, ya de noche, los peregrinos. Nosotros esperábamos con un cartel y un megáfono. Yo me fui un metro atrás de todos y, mientras sacaba fotos, me puse delante de un zanjón para que los que pasaran por allí no cayeran. Tarea que llevé con relativo éxito porque solamente se desparramó uno por el piso (que creo que no era peregrino sino servidor).

Llegaron todos nuestros peregrinos parroquiales, les sirvieron una bebida caliente… una fruta a elección (naranja o banana)… algo dulce… se descalzaron… se hicieron masajes… algunos tomaron mates… y repusieron fuerzas para el segundo tramo.

Ah… yo seguía sacando fotos: una tarea “sumamente ingrata” porque me cargaban porque no hacía nada más que eso… pero después todos me están pidiendo las fotos. 😀

Teníamos un equipo generador de electricidad… lo prendieron… se paró… y pelearon entre cinco para arreglar la manguera tapada que tenía (no sé cómo… pero consiguieron un repuesto allí… en medio de la nada… dicen que gracias a la generosidad de otro camionero que la facilitó…). Le solucionaron esto y surgió otro problema: la cuerda para tirar el encendido se zafaba porque se había roto una chaveta… a la media hora de pelear entre cuatro lograron darnos luz. Yo saqué unas fotos pero en el más estricto silencio porque el horno no estaba para bollos… al final todos recuperaron la sonrisa y comenzamos las cargadas…

Llegado el momento, todos los peregrinos se levantaron para encolumnarse. En ese momento nosotros volvimos a poner los 100 bolsos en el furgón, doblamos el toldo y fue a parar a su lugar en el portaequipaje de mi autito… levantamos el baño de campaña… y nos encolumnamos para salir a lo que sería nuestra cuarta parada.

Detrás de la estación del tren

Luego de hacer un largo camino alternativo por tierra llegamos a Cerrito. Buscamos nuestro sitio celeste… estacionamos… tendimos el toldo… bajamos los bolsos… preparamos café y matecocido… unos panchos… y a esperar a los peregrinos que llegarían a la media noche.

Y yo me fui a sacar fotos. Pero salieron pocas porque la luz no era la mejor.

El recibimiento de nuestros peregrinos parroquiales fue en tres etapas. Una persona en el ingreso general convocaba con el megáfono y el cartel. Los enrumbaba hacia el muñecote que estaba unos treinta metros más adelante… que los desviaba hacia la izquierda donde, a unos cincuenta metros, los esperaba yo para decirles exactamente dónde estaba nuestro campamento. Como era el único que estaba, me tuve que aprender las localizaciones de las seis parroquias vecinas a la nuestra para orientar a los que no sabían bien su destino final.

A la media hora cae, dura de frío, la portadora del muñecote… a tomar algo caliente porque se había congelado esperando a la gente. A los cinco minutos se integraron los de la entrada, porque estimaban que habían llegado todos.

Cuando me acerco había uno de nuestros peregrinos que estaba todo acalambrado. Así que partí al servicio de salud y le traje una enfermera que le dio masajes. Creo que fue el único problema serio que tuvimos en ese lugar. Eso sí, se subieron varios al colectivo para ir directamente a la próxima parada porque no daban más.

Cuando los peregrinos se fueron, nosotros, como de costumbre, recogimos todo y marchamos. Pero como fuimos de los primeros en llegar nos transformamos en los últimos en partir. Así que casi no pudimos ver el maravilloso espectáculo de la salida de Cerrito con antorchas: cuando los cruzamos ya quedaban muy pocas encendidas en manos de los peregrinos.

La entrada a El Palenque

Nos costó un poco bastante cruzar a los peregrinos en su marcha. El operativo de la policía y la gendarmería fue impecable. Simplemente habíamos quedado entre los últimos, así que llegamos cerca de las tres y media a nuestra última parada nocturna.

El frío se hacía sentir. Mucho. Pero el espíritu estaba pronto. Armamos todo. Los servidores se pusieron a hacer tortas fritas para entregarles a los peregrinos con el desayuno. Yo, para variar, me puse a sacar fotos y fui a saludar a mi papá que estaba trabajando en la cantina para el desayuno gratis que dan los Cursillistas.

Cuando regresé, el sol comenzaba a salir. Se veía a la gente durmiendo muy abrigada… haciendo cola para el baño quienes se habían levantado… otros tomando algo caliente…

A las siete los peregrinos partieron. Y detrás de ellos, esta vez por camino alternativo, nosotros. Pero como nuestro chofer ya está canchero, nos habíamos ido bien al final del campamento. Los peregrinos se hicieron 200 metros de más… pero nosotros fuimos casi los primeros en salir rumbo al mediodía peregrino.

El almuerzo de Sauce Montrull

Los peregrinos tienen una parada antes del Puente de la Picada. Los organizadores la tienen prevista para que descansen unos minutos y para que se amuchen todos y así cruzar más fácil el puente. Por este motivo los vehículos de apoyo nos salteamos y vamos directamente a la siguiente parada.

Nosotros, al ser de los primeros en salir, fuimos relativamente de los primeros en llegar. Así nos ganamos un lugar de fácil acceso para nuestros peregrinos. Entonces hicimos, por última vez el proceso de bajar el toldo y los bolsos.

Cómo nos estábamos quedando sin gas, junto con la carne de las hamburguesas la inefable Dora nos trajo una garrafa a eso de las 10 hs. Mientras tanto… se terminaron de freír las tortas… se preparó el resto de la comida… y yo me fui a sacar fotos.

Cuando llegué, estaban casi todos los servidores tomando mate en ronda. Más de uno se había “planchado”, vencido por el sueño y el cansancio de todo lo realizado hasta el momento. Pero, a pesar de todo esto, el ánimo era muy bueno.

Cuando llegan los primeros peregrinos, comenzaron a cocinar las hamburguesas para tenerlas calentitas al arribo del grueso de la “tropa”. Yo, para no perder la costumbre, me fui a sacar fotos de los rostros de los que llegaban. Por eso van a ver muchos primeros planos.

A eso de las dos de la tarde comenzaron a caminar nuevamente.

La Misa final

Los peregrinos tuvieron otra parada antes de llegar al Santuario. Allí los servidores ya no estaban porque era, al igual que la de la mañana, una parada técnica para permitir que se amuchen y así entrar mejor a la ciudad. Por esto los servidores directamente se van al Santuario.

(Esta última foto, del grupo de servidores en los cuales falta el que está sacando la foto, si hacen click podrán ver un video que prensa del Arzobispdo preparó con unas vistas aéreas espectaculares).

Algunos de los nuestros ya rumbearon a sus casas. De mi parte, me llevaron a la parroquia y continuaron con la Courrier y los bolsos.

Llegué a las dos y media. Me bañé. Me acosté una hora. Me lavanté… como pude. Tomé unos mates y algo dulce porque se me había bajado el azúcar (soy diabético). Y celebré la Misa de las 17 hs…. como pude. Después, una hora y media heroica antes de comenzar la segunda Misa parroquial a las 20 hs. Terminé, comí algo, y a dormir hasta el día siguiente.

El resto de los servidores llegó al Santuario y participó de la Misa a las 19 hs. Cerraron así esta peregrinación tan especial y distinta: la de los servidores parroquiales.

Yo he vivido de muchas maneras esta Peregrinación de los pueblos: he caminado, he animado desde el móvil central, he acompañado confesando… pero siempre metido en el medio de la marcha. Estos dos años han sido distintos. Los servidores parroquiales están casi al margen de lo que pasa durante el trayecto rutero. La mayoría ya hemos realizado la marcha así que sabemos exactamente qué es lo que está pasando en cada momento… y con nuestra imaginación los acompañamos. Pero no disfrutamos casi nada de eso. Cuando llegamos o partimos de cada tramo, trabajamos un rato. Cuando llega el peregrino… se le sirve y se le respeta el cansancio. Y la mayor parte de nuestro tiempo, es charlar mientras esperamos la llegada de los caminantes. Estamos atentos al otro haciendo realidad lo que Jesús dijo sobre sí mismo en el Evangelio del domingo:

“El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” (Mc 10,45)

Es otra manera de peregrinar. Y me gusta tanto como las otras experiencias anteriores. En definitiva, como dijéramos hace tanto tiempo atrás, la Peregrinación es la Iglesia que marcha como Cuerpo de Cristo: por eso vamos todos juntos… algunos caminando… otros sirviendo… todos participando.

3 Comentarios

  1. Soy servidora de mi parroquia hace años y cada año es distinto. Y me llena el alma inmensamente. Cada peregrino es una luz. Y estar acompañandolos nos enciende. Gracias por compartir el relato.

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