Releyendo…

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Revisando las carpetas en las cuales tengo archivadas varias cosas, me encontré con este documento de los Obispos de la Argentina. El título es sugerente: “Afrontar con grandeza nuestra situación actual”. Les transcribo un trozo. Al final pongo la fecha, que no es indiferente…

“De una u otra manera cada uno está medianamente informado de las consecuencias de la crisis: exclusión social y brecha creciente entre ricos y pobres, inseguridad, corrupción, violencia familiar y social, serias falencias en la educación y en la salud pública, aspectos negativos de la globalización y tiranía de los mercados.
A todo esto debemos añadir los desvalores que nos proponen desde afuera y conforman un marco cultural que atenta contra la vida y la dignidad humana y, en muchos casos, adquiere justificación legal.
Pero esta crisis no es sólo un problema estadístico. Ante todo es un problema humano. Tiene nombres, apellidos, espíritus y rostros. Y lamentablemente a los excluidos ya los contamos por centenares de miles. Acostumbrarnos a vivir en un mundo con excluidos y sin equidad social, es una grave falta moral que deteriora la dignidad del hombre y compromete la armonía y la paz social.
La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Todos debemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?
Hace veinte años, decíamos en nuestro documento “Iglesia y Comunidad nacional” que las causas de todos estos males eran de orden moral. Hoy nuestra visión es idéntica. La corrupción instalada en casi todos los ámbitos de nuestra vida, tiene protagonistas resistentes al cambio y que impiden la purificación necesaria de las instituciones. El pueblo tiene la sensación que la corrupción y la impunidad permanecen con gente aferrada a sus cargos y se lamenta por la impotencia para cambiar esta realidad. La nobleza y la necesidad de la política, como expresión eminente de caridad social, reclama de los políticos y de toda dirigencia, compromiso y virtudes superiores que permitan recobrar la confianza y alcanzar el bien de la comunidad entera.
¿Cómo lograr que en la democracia primen los valores? ¿Cómo hacer para que los partidos políticos, conscientes de su importancia, se pongan al servicio del pueblo en lugar de atender su propia clientela? ¿Cómo hacer para que los empresarios recobren la confianza y asuman su responsabilidad de invertir en el país y generar fuentes de trabajo? ¿Cómo crear las condiciones para que retornen al país los capitales argentinos llevados al exterior? ¿Cómo hacer para que los sindicatos, tan necesarios en la defensa de los derechos de los trabajadores, en lugar de estar preocupados por espacios de poder, hagan primar el bien de sus asociados? ¿Cómo lograr que los formadores de opinión que crean el ánimo cotidiano del pueblo busquen, más allá del rédito ocasional, ser testigos de la verdad y del bien?
Por otra parte, la debilidad del Estado, su dificultad para ser actor principal en la resolución de los problemas sociales y la desconfianza en la mediación de los políticos, ha generado como contrapartida una amplia red social, sensible a los problemas de los distintos sectores y preocupada por dar respuesta solidaria a los más pobres. Esta red representa, con mayor transparencia, lo sectorial y local: el barrio, la región, el pueblo, la parroquia, el municipio.
Muchos opinan que para renovar las democracias es necesario atender a este fenómeno, articulándolo con la sociedad política. Pueden surgir de allí dirigentes aptos, más sensibles al bien común y capacitados para la renovación de nuestras instituciones. En este sentido el noble ejercicio de la democracia, como su responsabilidad en el gobierno de la cosa pública, debe estar abierto a las diversas situaciones y nuevos caminos que la sociedad presenta.”
11 de noviembre de 2000

Sí, leyó bien, es un año antes de que en la Argentina las cacerolas suenen para pedir “que se vayan todos”. Y me pregunto: ¿cambió la situación? ¿cambiaron los actores?

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