Parece que el infierno no existe

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Bueno, no lo digo yo. Lo dice el “teólogo” José Arregui. Ya les comenté que suelo leer el sitio Atrio, con el solo motivo de tener en claro lo que significa de verdad el contenido de un pensamiento puramente cristiano. Me basta con pensar exactamente al revés de lo que dicen los escritos del sitio.

Hoy leía de el autor citado algo sobre “Todos los santos y santas“. Y me encontré esto:

El infierno eterno –horrible invención humana– no puede existir para nadie, porque el Eterno sólo es bendición. Si hubiera infierno para alguien, Dios sería eternamente desdichado, al igual que una madre sería infinitamente desdichada viendo cómo sufre tortura cualquiera de sus hijas o hijos, aunque fuera un criminal. Y si de ella dependiera, ella siempre excusaría: “Mi hijo no tiene la culpa. No supo lo que hacía. ¡Liberad a mi hijo en nombre de Dios!”. Y si con su sola mirada pudiera, ella siempre acabaría liberándole a su hijo y haciéndole bueno, haciéndole libre y bueno, porque ambas cosas son inseparables y no se han de separar. Si Dios es –sí, Dios ES en la belleza y la compasión–, no puede existir ningún infierno fuera del infierno al que nos condenamos unos a otros en este mundo.

Bueno… lo que dice no es novedad. Hay un cierto grupo de autores “católicos” que piensan por el estilo. En realidad… hablando con propiedad, lo que dice sí es una “novedad”. Porque es algo totalmente “nuevo” (léase como sinónimo de distinto) afirmar la no-existencia del infierno. Es una “novedad” con respecto al contenido de nuestra fe. O, en otras palabras, algo que la contradice en algún punto esencial.

Ya hice alguna pequeña entrada sobre este tema del infierno. Pero lo mejor frente a estas “novedades” es consultar con ese compendio de nuestra fe que el Catecismo de la Iglesia Católica.

“Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: “Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él” (1 Jn 3,15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mat_25:31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno”.

Jesús habla con frecuencia de la “gehenna” y del “fuego que nunca se apaga” (cfr. Mt 5,22.29; Mt 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse , y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cfr.  Mt 10,28). Jesús anuncia en términos graves que “enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad…, y los arrojarán al horno ardiendo” ( Mt 13,41-42), y que pronunciará la condenación:” ¡Aléjense de Mí malditos al fuego eterno!” ( Mt 25,41).

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno” (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; SPF 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: “Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran” ( Mat_7:13-14) :

Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde `habrá llanto y rechinar de dientes’ (LG 48).

Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que “quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión” (2 Pe 3, 9):

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos (MR Canon Romano 88)

La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores” ( Hch 24,15), precederá al Juicio final. Esta será “la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” ( Jn 5,28-29). Entonces, Cristo vendrá “en su gloria acompañado de todos sus ángeles,… Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda… E irán estos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.” ( Mt 25,31. 32. 46).

Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios (cf. Jn 12,49). El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena:

Todo el mal que hacen los malos se registra – y ellos no lo saben. El día en que “Dios no se callará” ( Sal 50,3) … Se volverá hacia los malos: “Yo había colocado sobre la tierra, dirá El, a mis pobrecitos para ustedes. Yo, su cabeza, gobernaba en el cielo a la derecha de mi Padre -pero en la tierra mis miembros tenían hambre. Si hubieran dado a mis miembros algo, eso habría subido hasta la cabeza. Cuando coloqué a mis pequeñuelos en la tierra, los constituí comisionados suyos para llevar sus buenas obras a mi tesoro: como no han depositado nada en sus manos, no poseen nada en Mí” (San Agustín, serm. 18, 4, 4). ” (CIC 1033-1039)

Y, por si no queda claro el concepto, entonces sigue más adelante:

“Siguiendo las enseñanzas de Cristo, la Iglesia advierte a los fieles de la “triste y lamentable realidad de la muerte eterna” (DCG 69), llamada también “infierno”.

La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien solamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las cuales ha sido creado y a las cuales aspira.” (CIC 1056-7)

Creo que más de uno se va a sorprender cuando tenga que partir hacia la eternidad…

1 Comentario

  1. Los pastorcitos de Fátima vieron los tormentos del infierno,que con seguridad habrá sido escenas acontecidas en la Tierra (guerras, abortos, etc.) Con el sólo hecho de pensar que no existe un Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, estamos creando nuestro propio infierno. No creo en un Dios que castiga, sí en un Dios que nos hace ver en nuestro interior que podemos ser buenos instrumentos de su palabra. Pero, ¡cómo cuesta hoy en día!

  2. El mayor logro del demonio ha sido hacerle creer a la gente que ni él, ni el infierno existen.
    Dios tenga misericordia de nosotros.

  3. Juan, pusiste lo que yo pensaba poner, bien hecho! Gracias

    Pde., me perdí en “Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El si no omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mat_25:31-46).”

    ¿Puede ser que el “no” ahí esté demás? sin el “no” le encuentro sentido.

  4. Gracias Padre,este artículo me ha respondido varias preguntas.Me han surgido otras, tal vez en algún momento lo podamos hablar personalmente.Bendiciones

  5. Pues te diré Juan,ese demonio no ha de ser tan astuto porque el 90% del planeta cree en dios.

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